Al ver la gran cantidad de visitas que tenía el video del programa La Opción V en TV: “¿Está bien el sexo oral?” , empecé a preguntarme: ¿Por qué? ¿Por qué las personas tienen tanto interés en este tema? ¿Por qué hay tantas inquietudes por saber más de esto? Pasaron tan sólo unos segundos, para yo misma responderme, pues se me vinieron a la mente recuerdos pasados, recuerdos que hoy, con los ojos abiertos, sin una venda que me impida ver la realidad, logro entender por qué han quedado tan grabados en mi memoria, por qué después de 3 años los sigo recordando como si fuese ayer.

Me doy cuenta de la razón por la cual tantas personas se interesan por verlo, porque yo, hace dos años, después de recibir un folleto sobre la castidad, me fui directo a revisar ese mismo tema: el sexo oral. Tuve esa misma necesidad de saber más; de entender por qué, después de haber hecho algo así, me sentía tan distinta; de descubrir qué era lo que había hecho en realidad con mi cuerpo, con mi espíritu; de hallar las respuestas a las preguntas que habían estado rondando en mi cabeza tanto tiempo, como: ¿Eso es verdaderamente amor? ¿Es algo normal? ¿Está bien lo que hice?… Si así fuese, ¿por qué entonces me siento tan mal?

Recuerdo perfectamente el momento en el que empecé a buscar esa parte del folleto sobre la castidad que tenía en mis manos, y lo recuerdo por lo que sentí, pues no era más que la suma de un sentimiento de vergüenza y miedo por si alguien me descubría leyendo eso. Me decía a mí misma: ¿Qué hago yo, a mis dieciséis años, preocupada por algo así? ¿Qué diría la gente si se enterara de las cosas que he hecho antes? Y luego empecé a cuestionarme más: ¿Por qué, si se supone que es tan normal, me siento tan sucia, indigna de ser amada, indigna de estar con alguien que realmente valga la pena, indigna incluso de mi propia familia? ¿Por qué siento que me han usado como si fuera una cosa? ¿Por qué, si me hacía sentir tan mal, lo llegué a soportar, a aceptar e, incluso, a disfrutar? ¿Por qué si, al principio, me parecía totalmente desagradable, luego, yo misma lo empecé a buscar? El temor, las dudas, la incertidumbre se apoderaban de mí.

Así, un montón de preguntas llenaron mi mente y, gracias a Dios, todas fueron respondidas, no sólo en ese folleto, sino también a lo largo del camino por el que opté después de ese día, el camino de la castidad, un camino que no sólo me devolvió la vida, sino que me ayudó y me ayuda a conocer mi valor, mi persona, mi verdadera dignidad como ser humano y, más aún, a encontrar el sentido de mi vida, que sólo he logrado alcanzar con el amor, amando y siendo amada, verdaderamente amada.

Estoy segura de que muchas personas que han hecho lo mismo han pasado días, meses y, tal vez, años, intentado convencerse a sí mismas de que eso es algo normal, que es amor, que forma parte de las relaciones, pero sin poder llegar a una explicación de por qué, si creemos o nos hacen creer que es algo “normal”, nos hace sentir tan repugnantes, tan mal con nosotros mismos, tan vacíos. A pesar de que nos digamos y repitamos que eso es amor, sabemos bien, en el fondo (y no tan en el fondo) que no lo es, porque eso no tiene ni la apariencia del amor ni la falsa percepción ni una pisquita de él.

Lo único que se puede percibir es a dos personas egoístas, una que usa a la otra para sentir placer y la otra que le da placer para no sentirse sola, para “tenerlo” ahí, porque cree que es lo mejor que tiene para darle, porque cree que es la manera de “amarrarlo”, porque creemos que dando placer nos amarán.

Yo me equivoqué, yo fui egoísta, yo tuve miedo de quedarme sola, de que me deje por no darle lo que quería. Tuve miedo de ya no gustarle más, de no parecer lo suficientemente “madura” como para hacer algo así, de que se enoje por no querer tener un momento tan íntimo con él. Tuve miedo de parecer aburrida, de verme como una “chibola”, una chiquilla. Yo no supe decir que no. Preferí ir en contra de lo que yo sentía, de ese profundo sentimiento de vacío, de sentirme sucia, todo con tal de no quedarme sola. Creí que así lo mantendría a mi lado.

Sin embargo, hoy recuerdo todo eso y me siento libre, libre porque he sido perdonada por Dios, porque Él siempre nos da una segunda oportunidad. Porque nuestro pasado no nos define y siempre podemos volver a empezar. Libre porque me he perdonado a mí misma. Libre de resentimientos, culpas, miedos, de llevar preguntas tan vergonzosas en mi cabeza. Libre porque soy dueña de mí misma, porque he conocido al amor y porque, con la gracia de Dios, vivo la castidad. Libre porque así es la pureza, ¡nos hace realmente libres!

Autor: Anónima, 19 años

Fuente: La Opción V

La Opción V

OPCIÓN V

Somos una comunidad que cree que el Verdadero amor existe, y que es posible alcanzarlo mediante el ejercicio decidido de la Virtud de la castidad. Sabemos que no es fácil: es para Valientes, es para aquellos que tienen el Valor de oponerse a la presión social, a la presión de amigos y de familiares incluso.

Para nosotros la Virginidad no es una enfermedad ni una vergüenza, sino algo Verdaderamente precioso, un regalo que se entrega en el matrimonio religioso. Creemos en la segunda Virginidad, posible por el perdón de Dios.

Sabemos que no es fácil, pero que es posible. Nos comprometemos a luchar, y si en la lucha caemos, nos comprometemos a pedir perdón, a ponernos de pie nuevamente y a seguir luchando.

Confiamos en el triunfo definitivo del amor, que dura siempre. Estamos convencidos de que la Victoria es posible si nos educamos en la castidad. Nos comprometemos, finalmente, a ayudarnos entre nosotros para poder ayudar a otros, a acudir a Dios siempre para buscar en Él el perdón siempre que sea necesario, y las fuerzas para poder vivir la castidad día a día.

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