Pocas personas lo saben, pero la pornografía es una de las principales pandemias de nuestro tiempo. Son millones de hombres y mujeres que sufren , justamente, a causa de la pornografía. No solamente las víctimas que son aquellas personas que son instrumentalizadas por las industrias del comercio de la pornografía, sino también los consumidores, aquellos que buscan eso y desvirtúan en sí mismo el don de Dios que es la sexualidad.

Ahora no quisiera hablarte de los casos de pornografía extremo, aquellas personas que están absolutamente envueltas por el vicio, sino esos casos del vicio casuales, como dicen algunos. Muchas personas me dicen: “Padre, yo jamás consumo pornografía”, pero yo quiero hacerte unas preguntas para que tú las consideres.

Primero, en los grupos de Whatsapp en los cuales tú estás inscrito, ¿te llegan videos, imágenes o sonidos pornográficos? Da lo mismo si es el grupo de tu familia, de tus amigos, de tus amigas, de tus conocidos, de los vecinos, da igual. En ese grupo, ¿te llegan a veces esos videos?

Segundo, los amigos que tú tienes por ejemplo en Facebook, ¿postean ellos a veces imágenes, videos o lo que fuese de orden pornográfico? No es que tú los quieras ver, pero justo estabas recorriendo tu muro, ¿no cierto? O viendo las cosas de las publicaciones de los otros y ¡oh!, te encontraste con una imagen, por lo tanto, no fue culpa tuya.

Tercero, las personas que sigues en Instagram. ¿No te pasa a veces que por seguir a esa modelo o tal personaje del cine, o lo que fuera, te topas con imágenes que, tal vez, no deberías estar viendo?

Si yo me quito el paraguas aunque no quiera mojarme, aunque yo quiera decir: ¡No! Yo estoy seco y justamente tengo algo para protegerme. Me estoy engañando, poco a poco, me voy a ir mojando igual. Pasará un minuto, pasarán dos minutos, pasarán cuatro minutos, pero tarde o temprano terminaré empapado. Eso es lo que hace la supuesta pornografía involuntaria, sin que tú lo quieras te va empapando, ¿de qué? De esa desvirtualización de algo tan humano y tan rico como es tu propia sexualidad.

¡No cedas! Si estás en un grupo que no te es sano, salte de ese grupo. Si sigues o eres amigo de alguien en Facebook que, justamente, publica ese tipo de cosas, deja de ser amigo de esa persona.

En la vida real puedes seguir amigo o amiga, pero si es que por sus publicaciones te vas a contaminar tú, no vale la pena. Recuerda, no existe una justificación para vivir la impureza. Lo mismo con las películas, con las series, etc. ¡Cuidate! Porque lo que estás cuidando no solamente es tu corazón y a esas personas, sino que también estás cuidando la integridad que Dios creó en ti. ¡Que Dios te bendiga!

 

P. Sebastián Correa Ehlers

El P. Sebastián nació en Santiago de Chile en 1982. Desde muy joven se dedicó a la pintura y a la fotografía, habiendo realizado exposiciones de su trabajo en Perú y Chile. Ha publicado dos libros: “El Espíritu del Lugar. Naturaleza y arquitectura en Arequipa”, estudio fotográfico sobre la arquitectura y cultura de algunos lugares del Perú; y “Suyajruna”, que contiene el testimonio fotográfico y periodístico de 10 artistas populares del Perú, sobre sus orígenes, sus tradiciones, su arte y su religiosidad.
Realizó estudios de arquitectura en la Universidad de Chile, y de filosofía y teología en la facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.
En la actualidad es capellán de la Universidad Gabriela Mistral, miembro del Consejo Directivo de la Fundación CRECE CHILE y director general del Centro de Estudios Católicos CEC.

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