Yo sé que no parezco, pero tengo 42 años. Ya, ya, ya sé que me van a decir que sí parezco. Ya, comenten. Digan lo que quieran, pero ese no es el punto. Lo que yo quiero comentar aquí con ustedes es, como muchas mujeres, evidentemente, me preocupa cada vez que aparece una arruguita en mi cara o esa línea de expresión cada vez está más marcada –miren, acá- y ni les menciono el cuerpo, ese es tema tabú  para todas nosotras.

Sin embargo, lo que yo quiero reflexionar aquí es, ¿por qué nos preocupa tanto envejecer?, ¿por qué, inclusive, muchas mujeres llegamos a hacernos cirugías o tratamientos? Nos ponemos bótox hasta llegar a deformarnos y perder toda la esencia de lo que fuimos, un gesto, una sonrisa, una mirada.

¿Estamos acaso cayendo en lo que la cultura de hoy valora tanto, que es solo lo externo, lo físico o todo lo que nosotros podemos cultivar intelectual o espiritualmente, no vale de nada?

Y para seguir con esta reflexión, cuando nuestros hijos son chiquitos, nos abrazan y nos besan, ¿ustedes creen que ellos piensan: “oye, mi mamá es gordita, mi mamá es flaquita, mi mamá es más joven, mi mamá es la más viejita”? o, ¿nos abrazan porque nos aman, por ser cómo somos?

Y ese es el amor de verdad, puro y transparente. Y si el resto de las personas no nos quieren amar igual, es problema de ellos, no nuestro.

Tenemos que aprender a valorar cada línea de nuestra cara, cada cana que nos sale. Sí, nuestro cuerpo ya no es igual que a los 15 ni a los 20, porque, ¿saben? La única manera de parecer de 20 años, es tener 20 años, no importa cuanto cuchillo nos metamos.

Y al lado nuestro, debemos tener personas, como nuestros esposos, que nos quieran por todo eso que compartimos con ellos, por todo el tiempo que hemos construido una vida familiar, hemos criado hijos juntos, hemos pasado problemas. Y ahí están, en cada línea de nuestra cara, todo ese camino recorrido.

Por eso les digo, aprendamos a querernos. Crecer es bonito y muchas de las que ya somos cuarentonas o cincuentonas, sabemos que esta etapa de la vida es maravillosa y si tenemos mamás que tienen 60, 70 u 80 y las vemos felices, también sabemos valorar cada etapa de la vida de una mujer.

No permitamos que nadie nos diga que estamos viejas o feas o gordas. Si alguien nos dice eso, chau.

Nuestro valor no está en lo físico, en lo externo; nuestro valor está en lo que lleva nuestro corazón y trabajemos en eso. Si vamos a usar botox o cirugía estética, utilicémoslos en nuestra alma, en nuestro espíritu, que es eso lo que va a trascender a todas las generaciones.

Giuliana Caccia Arana

Giuliana está casada y tiene dos hijos. Comunicadora social (Universidad de Lima) y Master en Matrimonio y Familia (Universidad de Navarra, España), es creadora de La Mamá Oca y autora del libro “Educación en serio. Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan” (Ed. Planeta/Sello Diana). También es Directora del área de Familia del CEC.

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