En una época de grandes progresos tecnológicos existe el riesgo de confiar únicamente en lo tangible y en las fuerzas humanas. Cabe preguntarnos en este contexto: ¿Qué tiene que ver la fe con el trabajo?

La fe no es un ritual ni una práctica esporádica, sino una nueva forma de aproximarse a la realidad con una mirada sobrenatural. Para los cristianos la fe debe iluminar todos los aspectos de la vida, incluyendo el trabajo. No puede haber una disociación entre fe y vida, teniendo compartimentos estancos como si hubiese algunos aspectos donde no necesitamos de Dios o no tiene nada que decirnos.

La fe ilumina la comprensión de cuál es el sentido del trabajo, dándole a nuestro quehacer un horizonte trascendente donde cooperamos en la obra de Dios, quien nos hace partícipes de la misión de cooperar en la obra de la transformación del mundo, incluyendo el ámbito laboral.

[pullquote]La fe enriquece la comprensión de las personas con quienes trabajamos, reconociendo la dignidad inquebrantable de ser hijos de Dios, invitándonos a vivir la reverencia en el trato, sea cual sea el cargo o rango social. La dignidad de la persona, al ser imagen y semejanza de Dios, ordena cualquier distorsión de valorar al trabajador simplemente por lo que produce.[/pullquote]

Una visión de eternidad permite darle el recto peso y prioridad a las tareas que realizamos. Es muy sabia la cita del Evangelio: ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierdo mi alma? (Ver Mt 16, 26). Es decir, ¿de qué sirve el éxito, progreso o bienestar si por conquistar aquello nos traicionamos a nosotros mismos? En medio de las fatigas cotidianas la fe permite abrirnos a la dimensión de la gracia y fuerza divina que nos permite sobrellevar cargas pesadas con esperanza.

La realidad actual exige ahondar en la espiritualidad de la acción que permita que el trabajo brote de la vivencia interior de la fe, del encuentro personal con el Señor Jesús, y que logre así integrar la oración y la acción en una dinámica de coherencia entre la fe y la vida.

© 2014 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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