Comienzó el pasado 8 de diciembre en la Iglesia el Año de la Misericordia que se extenderá hasta el 22 de noviembre de 2016. Por ello el pasado mes de abril el Papa publicó una bula de convocación a este año santo llamada Misericordiae Vultus. Viene muy bien el tema de la misericordia en estos tiempos, donde el terrorismo no respeta ni siquiera aquellos lugares que ayer parecían los más seguros.

La palabra misericordia, viene del latín miser, que quiere decir miserable o desdichado y cor o cordis, que significa corazón. Misericordia significa, capacidad de sentir la desdicha de los demás.

El pasaje bíblico de la parábola del Hijo Pródigo (Lc. 15, 11–32) puede darnos luces para entender y ser partícipes del perdón de Dios ¿Cómo puede alegrarse un padre al ver que su hijo esté de regreso, luego de que se hubiese ido y malgastado su herencia? Lo mismo se preguntó su hermano mayor, quien siempre había estado allí y en cuyo honor nunca tuvo una fiesta.

En este pasaje se ve cómo el arrepentimiento es una actitud que consiste en ir al fondo de nosotros mismos, de mirar con sensatez nuestras equivocaciones para que así brote desde nuestro interior un anhelo por cambiar. Por ello, la palabra “perdóname” es quizás una de las más valientes y humildes, porque vienen de un corazón hecho añicos. Pero también de un corazón que percibe cómo Dios, representado muchas veces en el otro, se alegra por cada hijo que vuelve al camino del bien.

El Papa cuenta en una entrevista concedida al semanario italiano Credere que cuando él tenía 17 años, después de acudir al sacramento de la confesión, su vida cambió. Él también fue un hijo pródigo. También al regresar se dio cuenta, no solo que había sido perdonado, sino que su Padre le había hecho una fiesta en su honor. Esa fiesta se llama llamado vocacional. Esa vocación maduró y hoy es el primer papa latinoamericano.

[pullquote]Ahora bien, ¿perdonar es justo? ¿no tendría que pagar hasta las últimas consecuencias aquel que ha hecho daño? “La misericordia es amiga de la justicia”, escribió el Papa en la Misericordiae Vultus. Y señaló tres enemigos de la misericordia: El primero es la actitud justiciera: “¡Cuánto mal hacen las palabras cuando están motivadas por sentimientos de celos y envidia!”. El segundo enemigo, es la indiferencia “que humilla en la habitualidad, que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye”. El tercero, es la avaricia a la que se le suma la corrupción, un mal que va anidándose “en gestos cotidianos” para después expandirse a “escándalos públicos”.[/pullquote]

Con el Año de la Misericordia la Iglesia quiere reforzar su vocación de ser un “hospital de campaña”, como la llama el Papa. Que cure las heridas de tanto mal en el mundo dentro y fuera de la Iglesia. Un mal que viene como consecuencia de la suma de muchas crisis personales.

El Año de la Misericordia nos ayuda a entender que “la crueldad no es el camino”, que no se puede caer “en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de subrayar solo las normas morales”. Más bien, quiere centrarse en Dios, quien “nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida”.

© 2015 – Carmen Elena Villa Betancourt para el diario El Colombiano. Publicado el 8 de diciembre de 2015.

Carmen Elena Villa Betancourt

Carmen Elena es integrante de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación.

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