¿Te acuerdas de Wall-E? El robotito simpático que tuvo que pasar por mil peripecias interespaciales por ir detrás de su amada Eva.

Bueno, recordé esta película, no solo porque me encantó la propuesta animada y la historia, sino porque lo que más me impactó fue ver esos momentos donde, como si fuera una predicción de un futuro inminente, la tecnología lograba reemplazar absolutamente todas nuestras capacidades (de humanos) y se convertía en una especie de burbuja de la cual era imposible salir. ¡Así de bravo!

Se ambienta 700 años hacia el futuro y narra la historia de Wall-E, un pequeño robot que se enamora de Eva, una robotita un poco más sofisticada que él, y al hacerlo logra romper los esquemas de su programación, arriesgando todo para estar con ella.

Durante sus peripecias, altera (accidentalmente) el monótono y totalmente tecnológico-dependiente estilo de vida de los humanos.

Los humanos vivimos, según la película, aislados en un crucero espacial, ya que la Tierra estaba tan contaminada que es imposible que sea habitada por ningún ser viviente.

Aquí vale la pena detenerse un momento y preguntarse: ¿Qué tan lejos de una realidad así estamos hoy? En el 2018, la Tierra ya tiene índices de contaminación muy elevados. Basta con mirar por dónde caminamos en la ida al trabajo, a la escuela o a la universidad, como para darnos cuenta que este aspecto podría ser realmente terrible en pocos años. No me imagino lo que podría ser en 700 más.

Pero ¿qué pasaba en este crucero espacial, a modo de arca de Noé futurista?

Lo más increíble salta a los ojos: Todos los humanos somos gordos.

La tecnología se había adueñado tanto de nuestras habilidades y capacidades que vivimos conectados siempre a una pantalla que puede, incluso, llevarnos a hacer ejercicio virtualmente. Las relaciones humanas, los buenos hábitos, incluso el amor, en este crucero y según la película, ya no son exclusivos del ser humano, sino que pueden ser recreados por nuestra pantallita en 4K que nunca deja de estar frente a nuestras narices.

La tecnología, definitivamente, nos ayuda a hacer mejor algunas cosas, pero no pueden reemplazar acciones tan humanas y básicas como caminar, correr, conversar cara a cara, enamorarme de alguien que me mire a los ojos y me pueda sentir. ¿Les suena?

Sinceramente, ojalá que nunca lleguemos a una realidad como la que Wall-E plantea. Creo que no es broma, ni siquiera fuera de lo imaginado, que nuestra dependencia excesiva de la tecnología podría llevarnos a un mundo así, si es que seguimos permitiéndolo. Corresponde usarla con moderación y evitar que no domine cada aspecto de nuestras vidas. ¿Se podrá?

No sé ustedes, pero a mí me genera un poco de pánico. No quiero sonar paranoico, pero reflexionar en esto creo que sí debería ser responsabilidad de todos. Por mientras, no dejes de ver Wall-E, en serio.

Hoy es un buen momento para verla. Solo prende tu televisor o anda a la App de Netflix y búscala. Sencillo, ¿no?

Ahora la tecnología nos deja acceder a una película así de fácil. ¿Qué pasará en algunos años más?

#WOW

Este es un buen ejemplo de cómo la tecnología sí puede ayudar al ser humano… ¡y mucho! 

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