Su vida.

Y, de pronto, conciencia, vuelves
a habitar este cuerpo o despojo,
y lo alcanzo a mirar de reojo…

¡Y su amor me supera con creces!
¡Y su tierno mirar me cautiva!
E inaugúrase en mí la porfía

de una flama en eterno encendida
contra el tiempo y sus antojos
reclamándole su vida.

¡Subida de abismos tales!
Que mi vida no lo vale
ni mi mérito amerita

y que es gracia que no escojo
y agradézcole de hinojos
yo su vida.

© 2017 Centro de Estudios Católicos – CEC. El blog ArcaAbierta está a cargo de Renzo Chávez

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