Ya son varias las jóvenes entre 14 y 15 años que nos han compartido su confusión. Nos dicen que ya algunas de sus amigas se han iniciado sexualmente y que les dicen a las demás que “les gustó”. Una de las jóvenes confundidas, que tiene el propósito de guardar su virginidad para su futuro esposo, nos escribe: “Siento que no voy a poder, siento que mis hormonas están revueltas”. No está tan segura en parte también porque le da curiosidad “saber cómo es”, “qué se siente”. Otras a esa edad se preguntan por lo mismo: “¿cómo será la primera vez?” Alguna que ya tiene 16 años nos dice que está asustada, porque con su enamorado —apenas llevan una semana— ha empezado a sentir cosas “que nunca antes había sentido”, porque han empezado a besarse apasionadamente.

¿Qué consejos darle a jóvenes confundidas que empiezan a dudar si vale la pena o si podrán esperar hasta el matrimonio o no? ¡Pues acá van algunos testimonios y consejos que les pueden ser muy útiles a las adolescentes que han decidido esperar hasta el matrimonio!

El primer testimonio es de una joven a quien a los 15 años su enamorado de 18 le pidió tener relaciones sexuales. Ella tuvo el valor de decir “no”, sin embargo estaba considerando la posibilidad de hacerlo:

«Hace poco una amiga me comentaba que ya había tenido relaciones varias veces con su ex y lo sigue haciendo. Se notaba confundida, era como si estuviera orgullosa y a la vez decepcionada. Cuando le pregunté por qué lo hacía, me dijo que era porque ella se sentía bien con ello y que era completamente normal hacerlo. Yo le dije: ¿y si yo lo hago ahora a mis 15 años con mi enamorado, que pasará? Mientras yo pensaba que podría fortalecer la relación que tenía con mi enamorado, ella me dijo:

“Una vez que le entregas TODO a un chico, ya no hay nada más que dar, te quedas con NADA y nada es lo que en adelante podrás ofrecer, porque para un hombre tener relaciones es como la meta”.

La verdad es que no pensé en escuchar algo tan crudo, pero tan real… Ahora me siento realmente feliz de no haber cedido y haber tenido la fortaleza para haber dicho NO, y saber que por eso es tan especial la virginidad».

Este otro testimonio es el de una mamá que llevó a sus dos hijas a la ginecóloga —nada católica por cierto— para un chequeo de rutina. Esta madre quedó sorprendida por el consejo que la Doctora le dio a sus hijas luego de preguntarles si tenían enamorados:

«Las dos dijeron que sí. Después les preguntó que a qué edad se pensaban casar. Ellas contestaron que no sabían, pero que posiblemente al acabar su carrera. Entonces les dijo la Doctora:

“Les recomiendo, por el bien de sus cuerpos, que no inicien su vida sexual antes de eso, porque una vez que empiezas con uno, es difícil decir que “no” al siguiente enamorado, luego al otro, y cuando ya te toca casarte, no sabes en realidad con cuál es con el que te casas, pues ya son varios los que han entrado en lo más íntimo de tu ser”.

Finalmente les dijo: “les aconsejo que no esperen tantos años para casarse”».

Aquí tienes otro testimonio, de una mujer de 27 años. Ella acaba de terminar una relación que duró unos meses, una más en la que también se entregó sexualmente a su pareja:

«Cuando estaba en la secundaria (15 años) algunas de mis compañeras ya habían tenido relaciones; yo, a pesar de tener enamorado, no pensaba en eso, pero fue hasta que “mi mejor amiga” lo hizo, para que despertara en mí algunas dudas. Ella me hablaba de eso todo el tiempo, de la “experiencia”, pero hoy les puedo decir que con algo tan valioso no se experimenta. Si hubiese tenido una amiga con los mismos valores que yo tenía, todo hubiese sido distinto y no hubiese cometido los errores siguientes. Pero el “hubiera” no existe, lamentablemente cedí y ahora ya es muy tarde. De mi experiencia les puedo decir que una vez que empiezas a tener relaciones sexuales, la relación se centra cada vez más en eso, y con el siguiente enamorado, es más rápido llegar a ese punto y ya se hace “normal“».

Este testimonio no hace sino reafirmar lo que ya había dicho aquella doctora. Lamentablemente la curiosidad, el deseo de “experimentar”, la influencia de las amigas más cercanas, llevan a tomar decisiones de las que una se arrepiente cuando ya es muy tarde. También las emociones, el pensar que “esto es amor”, pueden influir en que tomes la decisión equivocada:

«Un día conocí a un chico, que para mí era “el chico perfecto”. Ahora veo hacia atrás y digo: ¿es que tan ciega estaba, que no me daba cuenta que era un chico con problemas?  Bueno, la cosa es que empezamos a salir como amigos y cada día nos veíamos más seguido. Él se empezó a convertir en el centro de mi vida, tanto que sin darme cuenta, me empecé a alejar de mis amigas y más aún de mis padres, que habían puesto toda la confianza del mundo en mí. Empecé a faltar a clases para pasar el tiempo con él. Finalmente tuve relaciones con él, sin ser nada, “solo como amigos”.  Pasó una semana y “el chico perfecto”, a quien le había entregado todo, dejó de hablarme. Recién entonces se me abrieron los ojos, y se acabó mi ilusión. Me sentí usada, me sentí morir, sucia, me sentía tan miserable porque le había fallado a Dios, a mis padres y a mí misma».

¡Piénsalo bien! ¿Quieres arriesgarte y arriesgar tu futuro por dejarte llevar por la curiosidad, por tus hormonas, por la presión de un chico, por la emoción y la ilusión?

¡Piensa a futuro y mantente firme en tu propósito! ¡Vale la pena esperar! Lo único que va a fortalecer verdaderamente una relación es la espera, el mutuo respeto, la pureza y castidad. ¡Solo así puede crecer un amor verdadero!

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