La máquina fue el corazón de la Revolución Industrial; de hecho, cuando pensamos en técnica casi siempre estamos hablando de la máquina (1).

Existen numerosas reflexiones sobre la máquina y su relación con el ser humano; sin embargo, una de las más originales es la que plantea el escritor J.R.R. Tolkien.

Tolkien es ampliamente conocido por su obra literaria, especialmente “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos”. Pero aparte de estas dos obras Tolkien escribió muchísimas otras narraciones, todas situadas en el mismo mundo imaginario, de las que, gran parte están recogidas en el “Silmarillion”.

Pero no quiero centrarme en los escritos de Tolkien como tales, sino en el sentido que el autor da al contexto sub-creativo de su obra. En ella vemos el relato de la lucha entre el bien y el mal, y curiosamente para Tolkien el mal tiene una clara representación en el concepto de “máquina”.

En este sentido Tolkien se declara radicalmente en contra de la máquina, a la que considera una degradación de la vida natural a la que está llamado el ser humano, algo que se inmiscuye en su relación con la naturaleza y la desvirtúa.

Al hablar de la máquina como objeto de la transformación del mundo, la liga de manera intrínseca con el concepto de “magia”, ésta última no en el sentido en que es entendida usualmente, sino como “transformación de la realidad”, y por ello más ligado a lo que sería el concepto griego de “techné”. Tolkien afirma en una de sus cartas:

“De cualquier modo, todo este material [se refiere al conjunto de su obra] trata sobre todo de la Caída, la Mortalidad y la Máquina. De la Caída, inevitablemente, y ese motivo se da de diversos modos. De la Mortalidad, especialmente en cuanto afecta el arte y el deseo creador (o, como yo diría, subcreador), que no parece tener función biológica ni formar parte de las satisfacciones de la vida biológica corriente, con la cual, en nuestro mundo, está por cierto generalmente en contienda. Este deseo, a la vez, se relaciona con un apasionado amor por el mundo primordial real y, por tanto, pleno del sentido de la mortalidad, aunque insatisfecho de él. Tiene varias oportunidades de «Caída». Puede volverse posesivo, adherirse a las cosas que ha hecho «como propias»; el subcreador desea ser el Señor y Dios de su creación privada. Se rebelará contra las leyes del Creador, especialmente en contra de la mortalidad. Ambas cosas (juntas o separadas) conducirán al deseo de Poder, para conseguir que la voluntad sea más prontamente eficaz, y, de ese modo, a la Máquina (o la Magia). Por esto último entiendo toda utilización de planes y proyectos externos (aparatos) en lugar del desarrollo de las capacidades o talentos inherentes internos, o aun la utilización de estos talentos con el corrupto motivo del dominio: intimidar al mundo real o reprimir otras voluntades. La Máquina es nuestra forma más evidente de hacerlo, aunque más estrechamente relacionada con la Magia de lo que suele reconocerse” (2).

Vemos en esto una decisiva opción por considerar de manera negativa al concepto de “máquina”, algo que sitúa a Tolkien en la línea de los “tecnofóbicos”, e incluso de los llamados “neo-luditas”, que aspiran a una vida bucólica alejada de los avances tecnológicos que ven de manera negativa.

 

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(1) En relación con esto se puede ver mi artículo “Cultura y Civilización de la máquina”, en: http://www.cecglob.com/culture-upload/cultura-y-la-civilizacion-de-la-maquina/

(2) Ver Tolkien, J. (1993). Cartas. Barcelona: Minotauro.

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