Todos estamos familiarizados con los robots, tal vez no en la vida cotidiana, pero sí por lo menos en las películas y en algunos contextos muy precisos, como las cadenas de montaje de las grandes fábricas.

Al pensar en un robot, muchos imaginan a C3PO y R2D2 de “La Guerra de las Galaxias”, o a los videos que a veces circulan por las redes de robots de demostración como el famoso ASIMO de la marca Honda. Otro ejemplo, que cada vez es más común, son las aspiradoras robóticas, como la Roomba de iRobot.

El origen de la palabra “robot” se remonta a los años 20 del siglo XX, cuando el autor checo Karel Capek escribió su obra R.U.R. En el idioma checo la palabra “robota” tiene la connotación de trabajo forzado o intenso, y de ahí pasó a todos los idiomas modernos como “robot”, equivalente a hombre mecánico.

Vemos que desde su origen se ha relacionado a los robots con trabajo y son muchos los campos de la industria donde son prevalentes en la actualidad. Pensemos, por ejemplo, en las líneas de ensamblaje de automóviles, donde prácticamente la totalidad del proceso de fabricación está a cargo de robots especializados.

Pero, ¿llegarán los robots a reemplazar al ser humano? ¿Nos dejarán sin trabajo? Se ha hablado y escrito mucho sobre este tema y especialmente cuando se comenzó a introducir en la industria la mano de obra robótica. Se pensaba que el obrero reemplazado por la máquina se queda sin trabajo y, por lo tanto, incapaz de proveer para su subsistencia y la de su familia. Y si bien es verdad que la introducción del robot trajo consigo cierto desajuste a este nivel, nunca llegó a ser el cataclismo de desempleo y pobreza que se vaticinaba.

Y esto es porque, en primer lugar, siempre habrá trabajos que no podrán ser hechos por robots y deben ser necesariamente realizados por seres humanos. El valor añadido del trabajo artesanal, del trabajo a pequeña escala siempre será un beneficio sobre aquello hecho en serie. En los últimos años hemos visto un gran incremento en ese trabajo a pequeña escala, motivado también por tecnologías emergentes como la impresión 3D.

Y en segundo lugar, porque la propia industria robótica crea trabajos que son ocupados por seres humanos (como empleos técnicos y científicos) que mantienen el balance laboral adecuado. Como los robots siempre necesitan supervisión y control, nunca reemplazan totalmente a la persona, y por eso es mejor verlos como ayuda que como enemigos del ser humano.

#WOW

Es una realidad que los robots pueden llegar a tener un papel importante en nuestra sociedad, pero, ¿podrían llegar a ser ciudadanos? Aquí Carlos Díaz Galvis reflexiona sobre el tema.

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