Para liderar una organización hacia el cambio se deben tomar en cuenta los factores motivacionales que influyen positiva o negativamente en las personas.

El principal desafío para el cambio generalmente no se encuentra sólo en el exterior, sino en ciertas resistencias interiores, ideas de fondo, o limitantes para el despliegue personal. Por ejemplo, la visión negativa de uno mismo lleva al trabajador a eludir responsabilidades que no se ve capaz de sobrellevar. Otra distorsión es la visión catastrófica en la que sólo se ven obstáculos y problemas posibles, lo cual disminuye la energía para avanzar hacia la meta.

Por el contario, un trabajador altamente motivado es capaz de enfrentar las adversidades con actitud proactiva y con tenacidad. Algunos indicadores de una alta motivación son: la búsqueda de soluciones creativas a los problemas, actitudes proactivas, tenacidad en medio de las adversidades, entre otros.

Para que la persona se motive, y oriente rectamente sus acciones, se deben dar algunas condiciones: a) la existencia de una necesidad importante por ser cubierta; b) las metas propuestas deben ser alcanzables, proporcionando el debido acompañamiento; c) un horizonte claro y atractivo a mediano plazo.

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Existen ciertos criterios para acompañar al trabajador en este proceso de cambio. Un asunto importante es identificar las situaciones cotidianas que aporten o desfavorezcan la motivación del trabajador. Por ejemplo, la crítica exagerada o el no ser reconocido por los esfuerzos pueden representar una fuente constante de desmotivación que debe ser identificada y corregida.

No basta señalar el camino, sino acompañar a la persona en el proceso y brindar una retroalimentación constante para evaluar los avances. Es importante la priorización adecuada para no desviar la atención en muchos frentes a la vez.

Una cultura organizacional basada en el desarrollo humano integral debe propiciar el cultivo y ejercicio de las virtudes que permitan a las personas tomar opciones maduras y mantenerse motivadas sin depender de circunstancias externas o expectativas de terceros. Al tener claro el sentido profundo de sus acciones y el valor que tienen las mismas, mediante decisiones libremente asumidas e interiorizadas, la persona podrá adherirse con mayor motivación a la meta planteada.

© 2015 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

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