Hace unas semanas hablábamos sobre el inminente ingreso de los robots en la cultura humana. Trabajos liderados por robots, apoyo robótico para labores domésticas, buscadores cada vez más interactivos en Google, donde el desarrollo de la inteligencia artificial pareciera no tener fin ni límite alguno.

En este contexto cada vez más mediado por la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, se torna urgente volver a reflexionar con mayor hondura sobre nuestra naturaleza humana.

El Cardenal Ratzinger en su obra “El mundo creación de Dios” nos invita a acoger las palabras de Píndaro “¡Hombre, llega a ser el que eres!”, del oráculo de Delfos “¡Conócete a ti mismo!” y del consejo del escritor austríaco Hermann Bahr “¡Hombre, hazte esencial!” (1)

Vuelve entonces el interrogante esencial de nuestra existencia humana, que ha atravesado los diferentes siglos y momentos históricos, teniendo cada uno sus propias características y retos: ¿Quién es el ser humano?

Esta pregunta inexorablemente me lleva a las palabras del salmista: “Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y la estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?  Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies” (2)

#WOW

¿Conoces a los cyborgs

 

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