pope-new-york-unPara el Papa hay un mínimo que todos tenemos la responsabilidad de brindar, sin importar las diferencias: “Vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable”. La propuesta es sencilla, pero no por ello ingenua. ¿No son estos elementos la base de lo que podríamos considerar una condición mínima material de dignidad social?

Techo, trabajo y tierra. Tres conceptos simples que pueden ser comprendidos por los gobernantes de las grandes naciones, los responsables de importantes grupos económicos y también por el hombre sencillo de la calle. Ese fue el lenguaje que utilizó el Papa Francisco en su reciente intervención ante la sede de las Naciones Unidas donde propuso trabajar unidos para alcanzar, como una gran familia, una dignidad mínima para todos los hombres y mujeres del planeta.

Ciertamente los desafíos varían según las realidades geopolíticas, sociales y económicas de cada nación. Pero para el Papa hay un mínimo que todos tenemos la responsabilidad de brindar, sin importar las diferencias: “Vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable”. La propuesta es sencilla, pero no por ello ingenua. ¿No son estos elementos la base de lo que podríamos considerar una condición mínima material de dignidad social?

[pullquote]A los pilares o mínimos materiales, el sencillo Francisco agregó los mínimos espirituales: la libertad religiosa, y más en general libertad de espíritu y el derecho a la educación -derecho que refuerza el derecho primario a educar de las familias, y de las religiones y de agrupaciones sociales a sostener y colaborar con las familias en la formación de sus hijas e hijos-. Estos derechos espirituales tienen para el Papa un fundamento primario, común e irrenunciable que es el derecho a la vida. El derecho a la existencia de la misma naturaleza humana.[/pullquote]

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Ese es el sueño de una humanidad fraterna donde nadie queda excluido, donde todos compartimos esa responsabilidad que llamamos el bien común. En nuestro país es indudable que tanto el Estado como la sociedad civil, las ONG y también la Iglesia han aportado durante años por hacer estos mínimos una realidad palpable. Pero tampoco podemos negar que aún nos falta. ¿Por qué no hacer nuestra la invitación de Francisco y hacer nuestra esta tarea de cumplir con estos mínimos para decir con orgullo que todos los chilenos vivimos dignamente? Sólo así podremos considerarnos desarrollados, modernos, sanos, y por qué no decirlo, justos. El discurso del Papa Francisco a la ONU es el discurso que Chile necesita oír.

© 2015 – P. Sebastián Correa Ehlers para el Centro de Estudios Católicos – CEC
Este artículo fue publicado originalmente en “La Nación” de Chile el 06/10/2015

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