A raíz de todas estas discusiones sobre si los padres tenemos el deber y el derecho de educar a nuestros hijos, me hice una pregunta.

¿Cuándo un niño nace es primero hijo o alumno? De hecho, uno primero es hijo y por eso muchas declaraciones de derechos se basan en esa realidad para hacer sus artículos.

Les cuento que eso que les acabo de decir no me lo he inventado yo, está en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sí, ese documento que todo el mundo cita pero para hacer exactamente lo contrario de lo que dice.

En el artículo 26.3° de dicho documento dice: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”.

Sí, sale en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Así que por más que hoy instituciones, Estados, Gobiernos y organismos internacionales nos traten de convencer de que para educar a nuestros hijos en equidad e identidad debemos delegar nuestro deber educativo de padres, eso solamente es vulnerar nuestros derechos.

Lo más interesante es que el deber que tenemos los padres de educar a nuestros hijos responde a un derecho de ellos a ser educados con integridad y en valores esenciales para convertirlos en buenas personas.

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No hacerlo de esa manera, es vulnerar los derechos de nuestros hijos.

Así que a partir de ahora hay que tener claro que todos los padres, tal como lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tenemos el derecho de educar a nuestros hijos en los valores que nosotros creemos que son esenciales.

Yo quiero educar a mis hijos como católicos, tú como budista, ¡Perfecto! Lo que no puedes hacer es no respetar mi derecho de educarlo como yo quiero.

A ti no te parece bien como educo yo a mis hijos, bueno, a mí tampoco me parece bien como tú educas a los tuyos, pero es nuestro derecho y más aún es un derecho de nuestros hijos de recibir la educación que nosotros los padres les queremos dar.

© 2017 – Giuliana Caccia Arana para el Centro de Estudios Católicos – CEC

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