Toda la vida me he considerado un romántico. Soy de esos hombres a los que le gusta regalarle flores a su enamorada, sorprenderla con detalles, chocolates y cartas. Reconozco que pensaba que el amor era fácil y que todo se limitaba a solo ser feliz con ella. Conforme fui creciendo me di cuenta de que no es fácil, que es una lucha, pero que vale la pena luchar y que lo haré todos los días de mi vida, con una sonrisa en el rostro y tratando de conquistarla un poco más todos los días.

Sin embargo, conforme crecía también descubrí que el amor tiene un enemigo silencioso que lo va matando poco a poco, un fenómeno que lo va degradando y desvirtuando al punto que muchos ya no saben qué es el verdadero amor y dejan de ver a las personas como lo que son para pasar a ser simples objetos.

Estoy hablando de la pornografía, que se mueve en el secreto y el ocultamiento. La pornografía recibe más visitas diarias que Amazon, Netflix, Facebook y Twitter juntas. No podemos tapar el sol con un dedo. Lastimosamente, la pornografía está presente en la sociedad, pero al moverse en el secreto, este problema golpea silenciosamente y muchos se exponen a sus peligros sin saber los daños que conlleva.

La pornografía provoca adicción y puede ser hasta más dañina que la que se genera con las drogas. Todo se inicia con un proceso similar, con algo “suave”, pero pronto empieza a generar insatisfacción, por lo que quienes la consumen buscan experiencias más fuertes. Quieren algo más y buscan pornografía más fuerte y hasta violenta, imágenes en las que una de las partes exprese que está sintiendo dolor.

Una exposición continua a estas imágenes desembocará en que las personas dejen de verlo como algo que está mal, para considerar que es normal o que incluso está bien y que así debería ser siempre. Pero el proceso de adicción puede no detenerse con esa degradación de la percepción de los demás. Aquellos que se vuelven adictos continuarán buscando nuevas experiencias que podrían desembocar en acciones reales como violaciones y crímenes. Se pierde el respeto por los demás

En este proceso de adicción van perdiendo también su habilidad para relacionarse con los demás. Las imágenes sugestivas terminan estando tan presentes en su subconsciente que, incluso caminando por la calle, empiezan a imaginarse a los demás en escenas sexuales. Los demás pasan a ser simples objetos o herramientas para el placer.

Perdemos de vista el valor mismo de la persona y eso es algo que no podemos permitir. Todas aquellas mujeres que han pasado por mi vida han dejado huella, me han ayudado a crecer y a ser mejor. Me han ayudado a alcanzar mis sueños y a darme cuenta de qué quiero hacer en mi vida. Hay que respetar a las mujeres, verlas como lo que son, como una perfecta creación de Dios. No podría permitir que no se les respete cuando han sido sumamente valiosas en mi proceso de superación.

El estar expuesto constantemente a la pornografía provoca que las personas pierdan su autoestima y se vuelvan superficiales. Estar viendo esta ficción en la que dejan de lado los sentimientos para centrarse en aspectos meramente físicos ocasiona que empiecen a considerarse feos y poco dignos. Perdemos de vista nuestro propio valor. Pero también vemos a los demás con ojos críticos y superficiales; si esa persona no es de tal forma, entonces no es digno para uno.

Además, ésta es una entrada a la infidelidad. Como consideras normal compartir imágenes y experiencias sexuales con todos los que te sea posible, cuando conozcas a alguien con quien de verdad te gustaría quedarte, verás que ser fiel te es imposible. La fidelidad y el respeto son algo que se debe trabajar siempre. Es prácticamente imposible romper con viejos hábitos de la noche a la mañana.

Muchos optarán por sencillamente renunciar a luchar por lo verdadero al considerarlo como un gran trabajo. Esto a pesar de que todo lo que vale de verdad la pena conlleva su esfuerzo, todo lo que sea fácil se irá fácil y dejará siempre una sensación de insatisfacción y vacío.

Yo sigo pensando que el amor es posible. Continuaré una lucha por encontrarlo y ayudar a los demás a darse cuenta de lo valioso que es el amor. Esa pelea la iniciaré dando a conocer cuáles son los peligros a los que nos enfrentamos. Al descubrir sus peligros, podremos combatir las mentiras que giran alrededor de la pornografía. Lo cierto es que esto no está bien, no es algo normal y definitivamente es peligroso. Al exponerla, espero quitarle un poco su arma letal: el secretismo, para que todos vean lo dañina que es.

Autor: Oscar Castro Villalobos, colaborador de La Opción V

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