“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5, 8)

Esta bienaventuranza, que es el camino de un cristiano que busca vivir como el Señor Jesús, habla de la limpieza de corazón, y tiene una relación muy estrecha con la pureza sexual que estamos llamados a vivir, si queremos realizarnos en ese aspecto de la vida, como personas humanas que somos. La virtud de la castidad, que suena como algo represivo e incluso anticuado actualmente, busca más bien, orientarnos de modo que vivamos rectamente la sexualidad y logremos la mejor experiencia placentera a través de una dimensión de la vida, que la quiso Dios para nosotros. La experiencia sexual correctamente vivida, lejos del libertinaje y desorden moral, obviamente, exige una cuota de esfuerzo, pero fundamental para algo tan especial como lo es el gozo sexual, para una persona humana.

Un esposo (a) puede vivir su sexualidad de manera plena y gozosa, en tanto que la realice “mirando a su pareja como una persona” y, no un objeto de placer. Como un instrumento para colmar sus “necesidades” impulsivas. Sin la castidad, el cuerpo difícilmente, se subordina al verdadero amor y el deleite carnal puede destruir la relación matrimonial. La castidad, entendiéndola de modo positivo, busca preservar el valor objetivamente necesario de la sensualidad, afectividad y sentimental, que proporcionan el “material” para que sea posible el amor entre la pareja. Si no está la virtud de la castidad, es muy difícil mantener el recto orden, tanto en lo sensual atractivo, como lo afectivo y sentimental, puesto que – por culpa del pecado – el hombre tiene una tendencia fuerte al subjetivismo egoísta. El subjetivismo hace que se pierda de vista la dimensión objetiva del amor, como un bien que yo le “doy” a la otra persona, pues estoy más preocupado, por ejemplo, por el goce o placer sexual, que de mi relación con el sexo opuesto, de buscar una satisfacción que comulguen ambos esposos, llevando lo sexual al plano de un amor entre dos personas. Por detrás de esta idea, está el hecho que lo más importante es el amor espiritual de la pareja, que, obviamente, necesita la dimensión sexual para alcanzar el culmen de gozo amoroso, para el cual el matrimonio se constituye. Como se puede apreciar, la castidad, lejos de ser algo negativo, más bien se muestra como algo positivo, que ordena la vida sexual, y la encamina a que se viva un amor cada vez más integral en la pareja. Lo sexual es tan solo una dimensión, que no puede separarse de la integralidad del amor, en la relación conyugal.

Además, otro elemento, que juega – por nuestro desorden del pecado – muchas veces en contra, son los sentimientos, distintos a la afectividad. Estamos tan trastocados por el pecado, que nos cuesta mucho ordenar los sentimientos, pues están relacionados con muchas dimensiones internas y externas. Además, los sentimientos, jalonean a la persona con mucha fuerza a los sentidos, a lo sensual. Por ello, si caemos en ese subjetivismo egoísta, perdemos de vista la persona que es mi pareja, y obviamente, somos incapaces de amarla, de acuerdo con su valor personal.

Me parece que ya se puede entender la castidad como virtud positiva para el amor. Implica, por supuesto una continencia, pero, sobre todo, se trata de una educación libre y voluntaria de nuestras necesidades sexuales. Que las vivamos con la dignidad que tenemos, de personas humanas, y no como si fuéramos una suerte de animales, que no pueden manejar sus impulsos o movimientos internos, que brotan naturalmente, de la atracción que tenemos al sexo opuesto. No oculta, ni tampoco rechaza “el material” que necesitamos para amar otra persona, que proviene de la atracción sensual, la afectividad, los sentimientos, incluso la dimensión erótica. Sino más bien, ordenan todos esos “movimientos” con el fin de permitir el amor integrado, buscando el bien común del hombre y la mujer. Por ello, incluso, dentro del matrimonio, la castidad es esencial, para que ambos esposos, por medio del acto conyugal, manifiesten el amor común que se tienen, y no, una manifestación deformada de la necesidad que tienen de un simple gozo sexual. En vez del amor personal, se puede quedar todo reducido a un placer meramente carnal. Lo cual, además de denigrar el amor, está también denigrando a la persona misma.

#LOVE

¿Qué es la castidad? Mira este video de Giuliana Caccia.

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