20140606-233719Parece increíble que habiendo entrado en el siglo XXI, con todos los avances y progresos que la ciencia y la técnica han puesto en nuestras vidas, veamos cómodamente en nuestros sillones cómo pueblos se pelean a muerte, derramando sangre inocente y recrudeciendo el odio y la violencia que sólo puede traer como resultado más violencia, más miedo y más muerte.

Como ha quedado de manifiesto en estos días, el problema palestino-israelí no es algo sencillo. La persecución de cristianos en Irak tampoco lo es. Así como el conflicto de Ucrania, Rusia y el universo intermedio independentista cuya bandera aún no termina de ser descubierta, es un tanto incomprensible para nuestros ojos americanos.

Pero la violencia, el odio y la muerte tampoco están lejos de nuestros países “tercermundistas”. En nuestros pueblos siguen abiertas las heridas de dictaduras pasadas, heridas de abusos rojos y abusos azules, recuerdos vivos de muertes de derechas y de muertes de izquierdas.

Hace unos meses nos solidarizábamos con los oprimidos en Venezuela, hace un par de años nos indignábamos cuando veíamos cruzar en balsas a los hermanos cubanos hacia Florida, y probablemente mañana lo haremos con alguno de nuestros pueblos que, siendo vulnerable, hará florecer nuestras propias heridas personales, y gritaremos indignados en redes sociales para que se terminen esos conflictos absurdos.

Pero no es menos cierto que la “moda” de cada uno de esos tristes episodios también pasará. Y ya no tendremos tiempo para estar comentando en Facebook, no tendremos tiempo para hacernos camisetas con estampados de demanda, ni nos podremos dar unas horas para salir a marchar con pancartas. Simplemente nuestra vida seguirá su curso y todo volverá a la normalidad, hasta que un nuevo conflicto avive nuestras heridas pasadas.

Te puede interesar  ¡Esto ya no es un juego!

Pero no valdrá la pena alejarnos un poco de los problemas, y preguntarnos con valentía, ¿hacia dónde va nuestro progreso? Creemos estar avanzando, creemos que todo cambio es para mejor. Creemos que todo progreso es indiscutiblemente algo positivo. Pero la realidad y los conflictos que afloran una y otra vez, nos siguen golpeando la puerta. No podemos hacernos de la vista gorda. ¿Hacia dónde caminamos? ¿Hacia dónde queremos ir?

[pullquote]En los últimos 150 años se han ensayado todo tipo de formas políticas y sociales, se han ensayado variadas formas de economía y de vínculos laborales, se han ensayado todo tipo de alianzas geopolíticas y comerciales. Pero las guerras, la división y el odio siguen surgiendo una y otra vez los protagonistas de nuestra presente. Por lo mismo creo que deberíamos preguntarnos con el cardenal Pie: «Se ha ensayado todo; ¿no habrá llegado la hora de ensayar la Verdad?»[/pullquote]

Si el cristiano verdaderamente cree que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, tiene una gigantesca responsabilidad para con el futuro de la humanidad. Cristiano… ¿no habrá llegado el momento de que te atrevas y te comprometas a ensayar la Verdad?

© 2014 – P. Sebastián Correa Ehlers para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.