Yago de la Cierva:

“Todos podemos aportar a construir una verdadera Cultura del Encuentro”

El experto en comunicación en temas de Iglesia y fundador de la prestigiosa agencia de noticias del vaticano Rome Reports, estuvo en Chile para participar del IV Seminario de Comunicación de Iglesia organizado por la Universidad Católica y realizar el lanzamiento de su libro “Cómo defender la fe sin levantar la voz”. En esta entrevista nos habla de la situación de la Iglesia, el rol de la comunicación para construir puentes, de los laicos y los jóvenes.

En Chile, recientemente se realizó el IV Seminario de Comunicaciones de Iglesia que tenía como lema “Comunicar para construir una cultura del encuentro”. ¿Cómo un comunicador católico puede aportar a construir una verdadera cultura del encuentro?

Todos podemos aportar a construir una verdadera cultura del encuentro, porque todos creamos esa cultura en nuestros ambientes, cualquiera que sea nuestra profesión: en la familia, en las relaciones sociales, en el puesto de trabajo, en el modo de manejar o de participar en un partido de fútbol… Pero es cierto que los comunicadores tenemos más responsabilidad, porque en cierto modo creamos opinión. Muchos consejos del Papa Francisco pueden ayudarnos: procurar escuchar y entender al otro antes de criticar lo que dice, no hablar mal de las personas (aunque a veces los informadores tengan que hablar mal de las conductas), buscar lo que une más que lo que separa, dar espacio a la esperanza (las cosas no están tan mal, o al menos tienen arreglo… casi siempre), y tantos consejos, que son válidos para todos.

Las Instituciones, durante las últimas décadas, han experimentado una fuerte crisis de credibilidad y confianza. La Iglesia Católica no ha estado exenta, y en Chile, particularmente, se ha visto golpeada por diversos casos de abusos sexuales. ¿Cómo reforzamos la credibilidad para comunicar mejor la labor de la Iglesia?

No conozco bien la situación de la Iglesia en Chile, pero no me extrañaría que haya sufrido una crisis de credibilidad, porque afecta a casi todas las instituciones en casi todo el mundo. La gente ha dejado de creer en las instituciones porque ha sido engañada repetidamente: promesas no cumplidas, comportamientos impropios, abusos de poder, intereses bastardos… Por desgracia, algunas de esas actitudes se han dado en la Iglesia, como han dicho los últimos pontífices. La salida de la crisis –porque sí que hay salida– consiste en ser ejemplares: no tolerar el mal dentro, sino corregirse, pedir perdón y hacer lo posible para que no pueda volver a suceder. Creo que es hipócrita la reacción del que se sorprende del mal cometido, porque la Iglesia nunca ha sido una sociedad de los perfectos; lo que hay que hacer es corregirse con humildad, revisar dónde estuvieron los errores (normalmente, en ámbitos de poder sin límites ni controles), y volver a empezar. Si se hace así, la credibilidad se vuelve a conquistar.

Recientemente en una entrevista usted dijo que “toda recuperación de la credibilidad pasa por una recuperación de la verdadera identidad cristiana”. A su parecer, ¿Los católicos hemos perdido esa identidad cristiana? ¿Qué rol tienen los laicos para comunicar esa verdadera identidad cristiana?

Generalizar es poco inteligente: cada lugar, cada comunidad, cada época tiene sus luces y sus sombras. Hoy día hay comunidades eclesiales sanas y florecientes, otras tibias, y otras mortecinas y renqueantes. Muchas veces, donde ha habido una crisis de comunicación se descubre una crisis de identidad: no se vivía de acuerdo con los valores cristianos. Entonces es preciso renovarse por dentro: reencontrar el principio de vida de cualquier comunidad cristiana, que es Jesús y su Evangelio, ver qué hay en la propia institución que no se vive adecuadamente (el desprendimiento de los bienes terrenos, el compromiso con los más necesitados, la mentalidad de servicio a los demás, el gobierno en beneficio de todos, las demás virtudes), y cortar lo que haya que cortar. En una palabra: convertirse. Esto es lo primero en cualquier crisis que desvela una vida poco ejemplar.

Siempre se asocia el concepto de Iglesia a la jerarquía, a los sacerdotes y religiosas, pero no a los laicos, ¿A qué cree que se debe eso? ¿Falta mayor empoderamiento de los laicos o los espacios de participación para ellos son reducidos?

El Papa Francisco repite con frecuencia que una de las lacras más arraigadas en la Iglesia es el clericalismo, y que esto es especialmente intenso en América Latina. La comunicación de la fe sufre del mismo problema: muchas veces está en manos de los clérigos, que no confían en los laicos y que prefieren entregársela a personas “de su confianza”, aunque no tengan preparación profesional en la materia. En mi opinión, deberíamos dar pasos en dos sentidos: lo que tengan que hacer los fieles clérigos, que reciban la preparación debida; y todo lo que pueda ser confiado a los fieles laicos, hacerlo así. Al mismo tiempo, hay que fomentar en los laicos que asuman su papel, dando a conocer la fe. Ellos llegan donde nadie más llega.

El libro que vino a presentar a Chile se titula “Cómo defender la fe sin levantar la voz” ¿La fe hay que defenderla, comunicarla, mostrarla? ¿Qué?

La fe hay que mostrarla, primero con la propia vida, de manera que sea atractiva. El mejor testimonio de la fe es una familia donde se vive con coherencia y alegría. Después, hay que estar preparados para dar razón de la fe a los que preguntan, porque será inevitable que pregunten, porque el ansia de Dios se despierta ante el testimonio de personas alegres y coherentes. Estar preparados implica sin duda conocer el Evangelio, saber hablar de Jesús como de una persona presente en la propia vida, y de las consecuencias de esa presencia en la vida ordinaria. Pero conocer la doctrina no basta: hay que aprender a transmitirla de manera positiva, cordial, cercana: como un atajo a la felicidad, no como una carrera de obstáculos. Por último, hay que aprender a comunicarla y defenderla en la opinión pública, que tiene sus leyes, sus ritmos, sus estilos. A esto se dedica el libro: consejos para hacer entender la fe a las personas de buena voluntad, conectando con sus preocupaciones diarias y con los temas que se debaten en los medios de comunicación.

Siempre se habla de dialogar, pero ¿Cuánto nos falta de “escuchar” al otro?

Hemos de escuchar mucho, mucho, mucho: si no entendemos al otro, y si el otro no está persuadido de que le hemos escuchado y entendido, no se produce un diálogo fructífero. El diálogo de verdad tiene poco que ver con los programas de debate en televisión, que son más bien asaltos de esgrima dialéctica. El diálogo empieza cuando hay verdadero aprecio personal al otro.

El Papa ha convocado un Sínodo para los jóvenes que se realizará el próximo año ¿Por qué un Sínodo para los jóvenes? ¿Qué sitio tienen los jóvenes dentro de la iglesia?

Lo ha dicho el mismo Papa: porque es su iglesia, tanto como la nuestra, y porque si no llegamos a ellos, no habrá futuro.

Usted fue director de la JMJ de Madrid el año 2011, ¿Cuáles son los legados que dejan estas jornadas a la Iglesia?

Las JMJ dejan siempre un legado fuerte: demuestran que el mensaje llega a los jóvenes, cuando se muestra vivencialmente más que cuando se enseña en teoría, como si fuera una asignatura; y de manera íntegra. Los jóvenes aman los desafíos, no hay que tener miedo a presentarles el camino con Jesús de manera aguada, como si fueran incapaces de ser generosos.

Pero las JMJ son solo un punto de partida para muchos: luego hay que seguir caminando. En mi experiencia en varias JMJ puedo decir que si una comunidad (una parroquia, un movimiento, un orden religioso, cualquier tipo de iniciativa pastoral) acompaña con constancia a los jóvenes, eso dará fruto abundante; pero si no se hace así, la JMJ es una tormenta de verano: entusiasmo primero, luego olvido y al final una desilusión peor aún que la ignorancia primera.

A su parecer, ¿Cuáles son los desafíos de la Iglesia para con los jóvenes? ¿Cuáles son los desafíos de los jóvenes dentro de la sociedad?

Los desafíos son los de siempre, en todos los ámbitos de la vida: entender que cada uno es responsable de su vida y de la de los demás. Los educadores y formadores hemos de poner más insistencia en la responsabilidad personal, confiar en ellos, enseñarles a volver cuando se han equivocado y recomenzar las veces que haga falta. Por eso son tan importantes los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación: el primero, para estar cerca de Jesús, y el segundo, para volver cuando nos hemos desviado. Si los jóvenes hacen propios esos dos sacramentos, la vida cristiana arraigará en ellos.

¿Cómo hacer que los jóvenes sigan a Cristo, cuando cada vez parecen más contradictorios los valores que transmite la Iglesia con los nuevos tiempos?

No estoy tan seguro de que los valores de los nuevos tiempos contradigan los de la Iglesia. Creo más bien que estamos ante una nueva sensibilidad, que pone el énfasis en otros elementos, pero que muchas veces los valores tienen una fuerte fundamentación cristiana: el respeto de los animales y del medio ambiente, la centralidad de la persona frente a instituciones gigantescas y anónimas, la desconfianza hacia instituciones políticas con agendas ocultas, etc. Luego, ciertamente hoy la visión cristiana de la sexualidad es claramente contracultural, y se entiende la libertad de manera contraria a la mentalidad cristiana, que nunca habla de libertad como algo que prescinde de la verdad. El Papa Benedicto decía algo que a mí me parece muy eficaz hoy: que los cristianos vivamos como una minoría creativa. Como minoría, hemos de tener en mucho nuestra identidad, cuidarla y protegerla; y como creativos, mostrar lo nuestro con imaginación, para que se entienda por quienes están en las antípodas de la vida cristiana.

Voces Católicas

Somos un un grupo de laicos que nos dedicamos a hacer vocerías en la prensa y diferentes espacios públicos, para explicar la posición de la Iglesia en diversos temas sociales y de actualidad. Queremos representar la amplitud de la Iglesia Católica, en cuanto a sus realidades y carismas, a través de los testimonios de una Iglesia laica, profundamente vigente y cercana. Nuestra iniciativa nace en Chile en 2012 inspirada en Voces Católicas de Reino Unido.
No somos la voz oficial de la Iglesia, pero contamos con el respaldo de nuestras autoridades eclesiásticas, quienes reconocen en nosotros el servicio que prestamos, al llevar la voz de los católicos de a pie a los medios de comunicación.
Nuestra misión es establecer un diálogo abierto y respetuoso en los medios de comunicación y aportar en la formación de laicos según el Magisterio de la Iglesia.
Comunicamos a través de un mensaje novedoso y positivo para hacer brillar la luz de la fe y la belleza de su enseñanza. Nuestros voceros son capacitados para establecer un diálogo que busca intenciones positivas en la crítica y puedan relacionarse a través de valores comunes.
Voces Católicas actualmente está presente en más de 20 países.

View all posts

Add comment

Deja un comentario