Hace unos días, encontré un artículo que hablaba sobre la sobreprotección de los niños y me gustó mucho la historia con la cual empezaba y era sobre una niña, es una historia real, de 4 años, que vive en la Siberia con su abuelo ciego y su abuela enferma; tenían que buscar ayuda para curar a la abuela, entonces, luego de hablar con su abuelo, tuvo que caminar, acá dice: 8 kilómetros en la noche, a 30 grados bajo cero, en un bosque habitado por lobos, para encontrar al vecino más próximo.

Desafortunadamente, cuando ya llegó la ayuda, la abuela ya había fallecido. Sin embargo, como dice este artículo, la caperucita rusa ya era famosa.

¿Qué nos invita a reflexionar esta historia? De hecho, es un caso extremo. Pero, sí, debemos ver dentro de nuestros hogares, si es que no estamos nosotros sobreprotegiendo a nuestros hijos.

Hoy, un niño de 4 años, todavía desayuna con biberón, usa pañales y, de repente, no es capaz, ni siquiera, de cargar su mochila del colegio. Inclusive, nosotros nos esmeramos mucho en que nuestros hijos tengan muchas competencias desarrolladas, como puede ser: tocar violín, aprender chino, sin embargo, no dicen ni por favor, ni gracias.

¿Qué está pasando hoy, que vivimos en este niño centrismo? Eva Millet, que es una especialista en educación, dice que cuando ella era chica, los padres tenían pocas expectativas con los hijos, bastaba que fueran personas de bien y educadas.

Hoy, las familias son más pequeñas y los padres se convierten en padres mucho mayores, lo cual hace que tengan más dinero y más competencias profesionales desarrolladas. Entonces, traen a casa estas competencias, pensando que la niñez es algo que se debe de gestionar.

Otra hipótesis, es que los padres estamos mucho más ocupados, entonces, les damos menos tiempo a los chicos; eso hace que el poco tiempo que estemos con ellos queramos disfrutar y no educar, entonces, no ponemos límites y no aprendemos a decirles que no y los chicos hacen lo que quieren. Debemos ser conscientes si no estamos actuando como padres sobreprotectores, porque si bien queremos aliviarles, a nuestros hijos, todo lo que es el dolor, no estamos educándolos en el esfuerzo y recordemos que el dolor es parte de la vida y tratar de ocultárselo, lo único que le va a traer es que de adultos no van a saber manejarlo y sufrirán mucho más.

© 2017 – Giuliana Caccia Arana para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Giuliana Caccia Arana

Giuliana está casada y tiene dos hijos. Comunicadora social (Universidad de Lima) y Master en Matrimonio y Familia (Universidad de Navarra, España), es creadora de La Mamá Oca y autora del libro “Educación en serio. Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan” (Ed. Planeta/Sello Diana). También es Directora del área de Familia del CEC.

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