¿Sabías que además de ser un reconocido actor, Will Smith es un exitoso YouTuber? Sus videos suman millones de visualizaciones y su canal cuenta con más de un millón y medio de suscriptores. El periódico The Guardian señala que para fin de año podría convertirse en uno de los YouTubers con más audiencia del momento.

En sus vídeos Smith comparte, entre otras cosas, distintos momentos de su vida que le han dejado alguna enseñanza. Uno de ellos se remonta a la golpiza que recibió de un chico en la secundaria, episodio que lo llevó a prometerse a sí mismo y a Dios que nunca más haría nada que pudiese causar que la gente se irrite y saque su parte más oscura.

¿Eres consciente de lo que provocan tus palabras y acciones en los demás? Smith aprendió una lección que hoy te queremos compartir. El video está en inglés, pero no te preocupes, aquí te dejamos la transcripción traducida y adaptada en español:

“Asistí a una escuela católica hasta octavo grado donde todos los niños eran blancos, probablemente dos o tres eran negros pero, tú sabes, era una escuela predominantemente de niños blancos. Luego fui a la secundaria de mi barrio, en noveno grado, en la que el 99% de los niños eran negros.

El primer día de noveno grado, caminé hacia el comedor donde habían unos 500 niños. Y hasta hoy no sé por qué hice lo que hice, estoy seguro que fue porque estaba nervioso y yo tengo un problema con el miedo, no me gusta estar asustado y estoy seguro de que lo estaba. Caminé, miré a mi alrededor y dije: “¡Disculpenme!, ¿puedo pedirles su atención? Puedo pedirles su atención por favor? ¡Él está aquí, él está aquí ahora, gracias, gracias!”.

Y la gente sólo miraba. Y había un chico sentado allí que me miró y me dijo: “hombre, a la gente le importa un carajo que tú estés aquí, ¿Ok?”. Y yo le respondí: “hey, solo dame 10 minutos y a tu chica sí le importará”. Él asintió, pero con un gesto que no se veía bueno, y yo lo dejé pasar.

Cuando ya estábamos fuera del comedor yo ya había olvidado lo que pasó allí. Mientras que yo estaba subiendo las escaleras, el chico había tomado uno de esos candados con combinación y se lo puso en la palma de su mano con la curva puesta en su nudillo. Estaba escondiendo el candado en su mano y cuando yo subía las escaleras él me golpeó en un lado de mi cabeza con el candado y yo me caí.

Perdí la conciencia, no recuerdo nada, aún tengo la hinchazón en mi cabeza. No se puede ver pero aún la tengo. Sólo recuerdo que me caí y me di un golpe en los labios con las escaleras, y todas esas cosas, tú sabes.

Fui a la oficina del director, la policía llegó, yo tenía un hielo en mis labios. Mi padre llegó a verme y yo le conté la historia. La policía estaba ahí y recuerdo que vi a ese niño, a quien esposaron y sacaron de la escuela. Y yo miraba desde la oficina del director viendo que la policía se lo llevaba y lo ponían en el asiento trasero del auto policial.

No podía creer que esto había escalado a tal nivel que un niño fuera removido de la escuela. Esa noche me acosté en mi cama y me sentía una basura. Reconocí que había causado que este niño tirara su vida por la borda. Lo echaron de la escuela y nunca supe qué pasó con él pero tengo la sensación de que no le fue muy bien después de eso.

Sentí un profundo sentido de arrepentimiento y un profundo sentido de que yo había causado una emoción en una persona que le provocó hacer eso. Y esa sensación de arrepentimiento se convirtió en una suerte de miedo de cuánto poder tenía.

Me decía: ¿Todo lo que digo y hago tiene ese tipo de efecto en otros seres humanos? Y en ese momento decidí que nunca iba a entrar a un lugar a hacer algo que no fuera inspirador, alentador e iluminador para el resto, y ayudar a las personas a ser la mejor versión de ellos mismos, y que nunca haría algo que pudiese causar que la gente se irrite y saque la parte más oscura y sucia de ellos. Yo solo quería animar, iluminar e inspirar.

Recuerdo estar acostado en mi cama esa noche e hice esa promesa a mi mismo y a Dios, y es algo que ha formado completamente la manera en cómo me aproximo a las personas, a los momentos, a los lugares, mi trato con cada ser humano en esta tierra.

A ese chico y a su familia, quiero enviar mis más profundas disculpas y espero que mis palabras y mi sinceridad lleguen hasta ustedes, y espero que sus vidas hayan ido bien”.

Bárbara Bustamante

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