Reflexionando sobre la escalera que San Pedro nos propone para avanzar hacia el conocimiento perfecto del Señor Jesús hemos visto ya tres virtudes fundamentales para nuestra vida cristiana: el señorío de uno mismo, el conocimiento y la templanza.

San Pedro fue una persona con un hondo conocimiento del ser humano. Quizás a partir de su propia experiencia de fragilidad, como también de las primeras persecuciones que sufrieron los cristianos, entendió mejor la necesidad de una virtud que nos debe acompañar siempre: una paciencia llena de esperanza.

La cuarta virtud que nos propone en su escalera espiritual es la hypomoné. En el mundo griego estaba palabra, viniendo de la raíz meno (que significa permanecer en un lugar, aguantar, perseverar) tenía el sentido de resistir resueltamente, estar firme, así como esperar con confianza. Es decir, implicaba una espera activa, no pasiva, motivada no por la búsqueda de una recompensa exterior, sino por un deseo interior, por integridad y amor.

Los primeros cristianos iluminaron este concepto a partir de su experiencia de fe, y por eso conservó su connotación de paciencia, pero se le añadió un matiz muy importante: es una paciencia motivada por la esperanza. Es la espera firme de quien sabe que ha puesto su confianza en las promesas de Dios, que nunca nos falla, y quien es siempre luz incluso para los días más oscuros.

Quizás alguien haya tenido la experiencia de una caminata larga. Uno empieza con mucho entusiasmo, pero llega un momento en que el cansancio afecta muchísimo. Por otro lado, cuando se está por llegar, la conciencia de la cercanía de la meta nos llena de fuerzas. A veces en la vida cristiana algunas de las pruebas más difíciles se dan, no al principio ni al final, sino precisamente a la mitad del camino, y la esperanza se vuelve entonces una virtud fundamental. Quizás por eso San Pedro la coloca a la mitad en su escalera espiritual, como un eje para sostenernos en nuestros esfuerzos y aliciente para que tengamos la vista fijamente puesta en la meta.

La vivencia de esta paciencia nutrida de esperanza es fundamental para avanzar por la vida cristiana. Así nos lo recordó el mismo Señor Jesús: «Con vuestra perseverancia (hypomone) salvaréis vuestras almas» (Lc 21,19).

Artículo completo en el siguiente link:

http://mividaenxto.com/2017/04/11/una-virtud-que-nos-sostiene-la-esperanza-3/

Kenneth Pierce Balbuena

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