En una de las fotografías más icónicas del siglo XX, tomada en 1949, el pintor español Pablo Picasso dibuja un centauro en el aire, en una habitación a oscuras, utilizando una pequeña lamparita como pincel luminoso. Casi 70 años después, el ingeniero estadounidense Daniel Smalley ha logrado trazar la figura de una mariposa, sin el arte del artista malagueño, pero con una técnica que puede acabar estando presente en la vida de todos los ciudadanos del planeta.

El equipo de Smalley ha conseguido crear imágenes tridimensionales que flotan y pululan por una habitación: mariposas, letras del alfabeto, espirales, figuras geométricas. La técnica —tan solo una prueba de concepto por el momento— sustituye la linterna de Picasso por partículas ínfimas de celulosa, atrapadas y movidas a toda velocidad por haces de luz láser. Los dibujos resultantes se pueden ver desde todos los ángulos, a diferencia de los hologramas, y sin necesidad de gafas especiales. Hay películas de ciencia ficción que no han llegado tan lejos.

Los científicos —de la Universidad Brigham Young, en Provo (EE. UU.)— intentan ahora obtener imágenes de mayor tamaño y resolución, aumentando el número de partículas y su velocidad. La mariposa de luz que ha revoloteado por su laboratorio es diminuta: apenas mide unos milímetros. El equipo de Smalley también ha creado imágenes más complejas, como un planeta Tierra, un Pokémon y la silueta de la princesa Leia en la película “La guerra de las galaxias”.  Sin embargo, para estas obras los ingenieros todavía requieren decenas de segundos, un tiempo excesivo para cualquier aplicación.

“Esta tecnología es mejor para observadores cercanos y aplicaciones interactivas. Aplicaciones lejanas, como sería el cine 3D, se pueden crear con tecnologías más sencillas”, explica Smalley.  El ingeniero barrunta utilidades a corto plazo en los ámbitos de la vigilancia y de la imagen médica.  Más tarde, dice, podrían llegar aplicaciones en los campos de la telepresencia, la educación y el comercio electrónico.  Su trabajo se publica hoy en la revista Nature.

Julio Ruiz, doctor en Bellas Artes ajeno al nuevo estudio, imagina usos que podrían ser omnipresentes. “Esta tecnología tiene unas posibilidades futuras increíbles. Si son capaces de aumentar el tamaño de las figuras, a medio plazo podría tener funciones publicitarias. Puedes entrar en un bar, por ejemplo, y encontrarte el horario de la happy hour flotando”, hipotetiza.  Ruiz, de la empresa asturiana Arte y Tecnología, está detrás de los primeros hologramas digitales en España: los de la “Dama de Elche” y la “Dama de Baza” para el Museo Arqueológico Nacional.  Si se confirman sus predicciones, en unos años podríamos estar en los bares rodeados por logotipos flotantes de cerveza, con su precio al lado.  Nadie se imaginó así el futuro.

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