Hablar de las desventajas o ventajas que la tecnología de los carros autónomos puede ofrecer tiene tanto de largo como de ancho. Primero que todo, no todos los carros autónomos son iguales. La National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA) de los Estados Unidos ha propuesto un sistema formal de clasificación, que se divide en estas cinco categorías:

  • Nivel 0: El conductor controla completamente el carro.
  • Nivel 1: Aspectos como el control electrónico de estabilidad o el frenado están automatizados individualmente.
  • Nivel 2: Al menos dos controles se pueden automatizar al unísono, como el crucero adaptativo en combinación con el sistema de mantenimiento de carril.
  • Nivel 3: El conductor puede ceder control total al vehículo de sus funciones, si así lo desea. El auto tiene la capacidad intuitiva de determinar cuándo solicitar asistencia del conductor, dándole “suficiente tiempo” para tomar el comando.
  • Nivel 4: El vehículo ejecuta todas las funciones motrices y de seguridad sin esperar intervención alguna, en ningún momento, del conductor. El auto controlará autónomamente las funciones desde que arranca hasta que se detiene, incluyendo estacionar.

autocar_coverLa idea de crear un carro autónomo proviene de la década de 1920, pero fue solo hasta los cincuenta que se empezaron los primeros experimentos. Por esos años, la industria automotriz consideraba que las ideas que se tenían sobre los carros del futuro eran aún bastante utópicas, pues superaban ampliamente a lo que la ciencia y la tecnología ofrecía. Fue solo hasta la mitad de los años ochenta cuando proyectos de universidades como la Carnegie Mellon, de los Estados Unidos, y la Bundeswehr Universitat Munich, de Alemania, aliadas con marcas como Mercedes-Benz, finalmente desarrollaron los primeros prototipos de carros autónomos.

Hoy en día la situación es más favorable para el desarrollo de aquellas visionarias ideas sobre la movilidad y el transporte del futuro. Los vehículos autónomos ya son un hecho; incluso, desde el año 2013, estados como Nevada, Florida, California y Michigan aprobaron leyes para que este tipo de autos transiten por sus calles. Entre tanto, Google anunció la semana pasada que sus carros autónomos transitarán finalmente por las vías de Mountain View, pues durante meses lo hacían pero en pistas cerradas de pruebas dentro de los cuarteles de la compañía.

Sin embargo, con el reciente reporte sobre cifras de accidentes de tránsito en el que sus protagonistas fueron carros autónomos, se fisura uno de los pilares que este tipo de tecnología ha intentado vender: la infalible seguridad.

El punto es el siguiente: Google desea desarrollar un vehículo sin timón, ni pedales. Es decir, ‘Nivel 4’. Pero la reglamentación, por ejemplo, en el estado de California pide puntualmente que los vehículos autónomos tengan los comandos necesarios (pedales y volante) para que su ocupante tome “control físico inmediato” en caso de emergencia.

Es ahí cuando surge este interrogante: si un carro autónomo, que se controla por sí solo, tiene un accidente, ¿cómo se procede legalmente y de quién sería la culpa? El dilema de quién sería el responsable en un accidente cuando no hay conductor es tan gracioso como complejo. Esto dará pie a que incontables demandas se realicen, pues se podría ‘atacar’ a la empresa que desarrolló la tecnología, al fabricante del auto, el dueño del carro o cualquier pasajero que esté dentro del vehículo al momento del infortunio.

Para tener un poco más de control en este aspecto, se ha barajado la posibilidad de poner ‘cajas negras’ dentro de los autos, con lo que determinar de quién o qué fue la culpa sería más fácil. Pero eso incrementaría los costos del carro, y hasta por el más mínimo rayón las personas someterían a un análisis complejo el accidente, algo que no es compatible con la acelerada y agitada vida de hoy en día.

Pero el tema de la responsabilidad en caso de accidentes no es el único que preocupa. A eso hay que sumarle que la conducción autónoma tiene varios obstáculos que debe superar para poder ganarse la confianza de las personas. Las rutas de los carros se basan en mapas trazados de antemano, y muchas carreteras aún no aparecen en ellos. Pero el más importante es el factor ‘imprevisibilidad’, pues situaciones como el clima, baches, y el factor humano, son variables que están a la orden del día en las carreteras del mundo.

Ahora bien. El Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) lanzó un par de proyecciones bien contundentes para el futuro de la movilidad: “Para el 2030, la mayoría de los carros no tendrán espejos retrovisores, ni pito, o frenos. Para el 2035, los carros no tendrán pedales ni timón. No se necesitarán nada de estas cosas porque los carros se manejarán solos”.

Aunque el vaticinio de la IEEE parece tener sus razones, tal y como dijo nuestro editor José Luis Peñarredonda hace unos días: “La calle es demasiado imprevisible, y la inteligencia artificial necesaria para comprenderla puede ser inabarcable”.

Juan Felipe Guerrero para enter.co
Blog “El Colector” – Centro de Estudios Católicos CEC 2015 – http://cecglob.com

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