1. Introducción: Ser humano único, irrepetible e insustituible

En nuestros pueblos latinoamericanos no es ajeno el saber o el haber escuchado alguna vez que Dios nos ha creado a su imagen y semejanza y que además nos ha hecho únicos e irrepetibles. Pero muchas veces no ahondamos en lo importante y fundamental de estas palabras. Quisiera ahora profundizar un poco en esto y así dirigirme al objeto de estudio que me propongo que es en concreto la mujer.

Por medio de mi conciencia reflexiva me descubro como un ser que conozco, y más importante aún, que conozco que conozco: esto quiere decir que tengo experiencia de mí misma y que al momento de escoger o tomar una decisión soy la única que lo puedo hacer, nadie lo puede hacer por mí. La definición primera de Boecio cuando afirma que el hombre es de “naturae rationalis individua substantia” aunque poco precisa, nos ayuda a entender que soy un ser individual; por lo tanto no hay otra persona como yo, más allá de las características parecidas que tengamos, así yo tuviera una gemela, que desde la concepción he compartido con ella el cigoto, somos idénticas de fisionomía y hasta nuestra personalidad podría ser parecida; pero desde que empezamos a desarrollarnos en el vientre materno, hemos sido dos embriones distintos, no somos la misma persona, puesto que esto sería imposible. Nadie puede ser yo ((Edith Stein habla sobre la empatía donde también se topa con este mismo asunto de la insustituibilidad, por más empatía que tengamos con el otro o por más conectados, en cuerpo o psique no podemos nunca llegar a ser el otro.)), más que yo ((“Donde no hay un tú no hay yo. Pero la diferencia de yo a tú (la condición fundamental de toda personalidad y de toda conciencia) es una diferencia tan real y vital como lo es la diferencia de hombre y mujer. El tú entre hombre y mujer tiene un eco muy distinto que el monótono tú entre amigos” Dice Feuerbach en La esencia del cristianismo, (p.110))). Sólo el ser humano es capaz de experimentarse a sí mismo, de auto-poseerse, de ser persona. Y más aún, existe algo en mí (a lo que me referiré como mismidad) que es lo que soy verdaderamente, ya sea en potencia o a veces en acto, pero esto nunca cambia, pueden cambiar mis gustos, personalidad, puedo tener problemas de la psique o físicos, pero mi mismidad no cambia, no es sustituible. “El hombre existe como ser único e irrepetible, existe como un «yo», capaz de autocomprenderse, autoposeerse y autodeterminarse. La persona humana es un ser inteligente y consciente, capaz de reflexionar sobre sí mismo y, por tanto, de tener conciencia de sí y de sus propios actos. Sin embargo, no son la inteligencia, la conciencia y la libertad las que definen a la persona, sino que es la persona quien está en la base de los actos de inteligencia, de conciencia y de libertad. Estos actos pueden faltar, sin que por ello el hombre deje de ser persona. La persona humana debe ser comprendida siempre en su irrepetible e insuprimible singularidad. En efecto, el hombre existe ante todo como subjetividad, como centro de conciencia y de libertad, cuya historia única y distinta de las demás expresa su irreductibilidad ante cualquier intento de circunscribirlo a esquemas de pensamiento o sistemas de poder, ideológicos o no.” ((Pontificio Consejo de Justicia y Paz. (2005). Doctrina Social de la Iglesia. Numeral 131.))

[pullquote]Mi mismidad, por más mía que sea no la puedo comunicar enteramente, existen trazos que ni yo misma conozco. Morales expuso en el II Seminario Internacional de Bioética ((Seminario realizado en Santiago de Chile, abril 2013, en la Universidad Finis Terrae)) que “dicha incomunicabilidad que procede el acto de ser, está asociada a la individuación, me hace ser único e irrepetible” ((Morales de la Barrera, Emilio. (2013). ¿Cómo se manifiesta la persona humana? Indagación Fenomenológica. En Mujer y Corporeidad (p.49). Santiago de Chile: Ediciones Universidad Finis Terrae.)) y más adelante complemente que “el hombre es insustituible, porque insustituible es el que es capaz de actuar libremente, ya sea actual o potencialmente”. De estas características me parece importante tener en cuenta tres: hemos sido creados (1) únicos, no existe otro como yo; (2) irrepetibles, tampoco existirá otro como yo; (3) insustituibles, ese yo que es único e irrepetible tiene la facultad de actuar con libertad.[/pullquote]

  1. Ser- mujer

Hasta acá dudo que muchos tengan alguna reprobación de lo expuesto, pues he tratado de hacer un recorrido superficial de algunos elementos fundamentales del ser humano. Ahora quisiera introducir un elemento que no ha sido mencionado o diferenciado en lo anterior, y es el ser humano masculino y el femenino. Para ambos las características anteriores son requisito, ambos “participamos de una identidad cualitativa innegable. Ambos poseemos cuerpo viviente, ambos tenemos inteligencia, voluntad, afectos. Ambos somos capaces de interpretar y de crear cosas superando al menos relativamente los condicionamientos físicos, instintivos y pulsionales” ((Guerra López, Rodrigo. (2004). Identidad Femenina y Humanización del Mundo. (p.5) Consejo Pontificio para los Laicos, Sección Mujer: Filosofía.)) pero entonces ¿dónde podemos encontrar lo que nos hace distintos?

Lo más fácil sería empezar con las diferencias físicas, pero creo que no se necesita ahondar en esto ya que son evidentes; tampoco pretendo hacer una investigación psicológica de la psique femenina a diferencia de la masculina, sino que pretendo encontrar algunas luces más esenciales de las diferencias. Para esto voy a tomar a tres textos de tres autores que contribuyen en la formación de estos pensamientos.

2.1. Sobre “Identidad Femenina y Humanización del Mundo” por Rodrigo Guerra López:

“Por más que exista una identidad cualitativa la diversidad corpórea, cultural y psíquica entre varón y mujer me ofrece no simplemente a un «otro-yo» sino a un «otro» que si bien es un «otro- yo» su «yo» no está configurado exactamente del mismo modo que el mío. Por eso descubrir que el «tú femenino» es alteridad respecto de mi «yo masculino» es cualitativamente más intenso y diverso que una suerte de descubrimiento neutro de la relación «yo-tú» (que no hace referencia explícita a la diferenciación sexual).” ((Ibidem)) El punto que señala acá Guerra me parece crucial para empezar esta reflexión. Cuando se ha hablado de las relaciones humanas generalmente se ha puesto en equivalencia a los “yo” con los que se trabaja, pero este dato que nos proporciona Guerra es fundamental para cambiar este paradigma. No podemos hablar de las relaciones “yo-tú” sin tener en cuenta si ese “yo” o ese “tú” es masculino o femenino. Sí la diferencia fuera física (más bajo, más alto, más gordo o flaco) o tal vez fuera de la psique (no necesariamente de enfermedades psicológicas, sino más bien de personalidades) no importaría ese “yo” o ese “tú”, se pone en equivalencia y se toma como objeto de investigación común. Pero cuando decimos que el “yo” es femenino, no es una añadidura, sino que parte de la base misma del “yo” y es por eso que se presenta como “yo-femenino” y “tu-masculino”, pues no se puede separar de la persona, no es un accidente que se podría cambiar o variar con el tiempo. Nuestra mismidad es femenina o masculina, desde ahí que está erradicada la diferencia.

Sobre este tema Feuerbach comenta: “La personalidad es, por lo tanto, nada sin diferencia de sexo; la personalidad se diferencia esencialmente en personalidad masculina y femenina” ((Feuerbach, Ludwig. La esencia del cristianismo, ed. Trota, Madrid, 1995, p. 140.)) No nos diferencia pues, el no-ser hombre o no-ser mujer, sino el ser, en personalidad, en cuerpo, en alma, en genio, entre otros.

Otra contribución que quisiera señalar del texto de Guerra es lo que afirma acá: “…la feminidad y la masculinidad en el orden corpóreo remiten a una feminidad y a una masculinidad más profunda que proviene del elemento determinante de la configuración corpórea, es decir, de la entelequia ((Entelequia es utilizado como lo hizo Aristóteles: como un ‘tener el fin en sí misma’)).” ((Guerra López, Rodrigo. (2004). Identidad Femenina y Humanización del Mundo. (p.8) Consejo Pontificio para los Laicos, Sección Mujer: Filosofía.)) proviene esta diferencia de algo más profundo que el mismo cuerpo, pues si una mujer sufre de un cáncer de ovarios y se le extrae todo su sistema reproductor, no deja de ser mujer, ni su cuerpo femenino. Por lo tanto hay algo más allá, más profundo, en la propia mismidad que la hace ser mujer.

2.2. Sobre “Alma Femenina” ((Esto es un subcapítulo del tercer capítulo: “Vida Cristiana de la Mujer”, del libro “La Mujer” de Edith Stein)) de Edith Stein

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, más conocida como Edith Stein, escribió en uno de los capítulos de su libro “La Mujer” sobre el alma femenina, y empieza esta parte preguntándose “…¿puede hablarse en general del alma de las mujeres? Cada alma humana es algo único, ninguna igual a la otra. ¿Cómo se quiere hablar de ella en términos generales?” ((Stein, Edith. (1998). La Mujer. (p.84) Madrid, España: Biblioteca Palabra.)) Esta afirmación nos ayuda a reiterar que somos únicos, en lo más profundo de nuestro ser y en lo más exterior. Pero quisiera recalcar también acá la crítica que la santa hace a este ‘método de estudio’, pues todo lo que la filosofía ha reflexionado sobre el alma de los seres humanos, ha sido desde la percepción general, ella misma dará ejemplos de lo general que ha sido esto: alma del niño, del joven, del adulto, del trabajador, artista ((Ver: Ibidem)) o religioso, son pocos los estudios que se han referido a estas particularidades del alma. Stein también pregunta si existe sólo un tipo de mujer, y aclara que es verdad que tenemos aspectos generales, pues somos seres humanos y compartimos esta naturaleza; pero la diferencia que he estado señalando a lo largo de este trabajo, no puede pasar desapercibida. Así como puedo tener rasgos generales del alma del artista y del niño, no puedo hablar en detalle de los dos sin diferenciarlos. Es lo mismo que pasa con el alma de la mujer con respecto a la del hombre.

[pullquote]Y es así como afirma Stein: “…en el ámbito de lo existente hay algo que podríamos denominar especie del alma femenina, y que existe una función cognoscitiva específica capaz de afirma esta realidad” ((Ibidem (p.85))) Existe algo en el alma femenina, en este “yo-femenino” del que habla Guerra, este “genio femenino”, que repasaremos más adelante, comentado por el Papa peregrino ((Ludwig Feuerbach también toca este tema con un lenguaje menos preciso pero con la misma intención: “La esencia del varón es la masculinidad y la esencia de la mujer, la feminidad. Por muy espiritual e hiperfísico que sea el varón, éste permanece siempre varón. Y, lo mismo la mujer, permanece siempre mujer” en La esencia del cristianismo, ed. Trota, Madrid, 1995, (p.140.))), que hace que la mujer sea mujer y no hombre, esto ya trascendiendo las particularidades de las almas femeninas-artistas, femeninas-adultas, femeninas-niñas, etc.[/pullquote]

Stein toma tres casos en la literatura sobre tres mujeres distintas circunstancias para llegar a concluir algunas ‘coincidencias’ que serán la base para poder ir afirmando la existencia de esta alma femenina. La santa termina por concluir que existe un rasgo esencial común a lo que explica: “un deseo de dar amor y de recibir amor, y en ello un anhelo de elevarse desde la estrechez de su táctica existencia actual hasta un ser y actuar superiores.” ((Stein, Edith. (1998). La Mujer. (p.91) España: Biblioteca Palabra.)) Esta es una clara luz de lo que se compone esta alma femenina, es claro que ninguna característica o valor son exclusivos de la mujer o del hombre, sino que hay unos más propios de uno que del otro, y se necesita un esfuerzo mayor de lograr el propio del otro-masculino u otro-femenino ((“En este sentido, conviene recordar que los valores femeninos son valores humanos. Tenemos que distinguir entre “mujer” y los valores que parecen ser más propios a ella, y “varón” y los valores que parecen ser más propios a él.” Burggraf, Jutta. (2006). Varón y Mujer: ¿Naturaleza o Cultura?. Consejo Pontificio para los Laicos, Sección Mujer: Filosofía.)).

En general para la santa el tema de la mujer era un tema muy importante y tiene tres focos principales a los que se dirige: el primero es lo que distingue al hombre de la mujer; segundo, las implicaciones del alma femenina respecto a su vocación; y, tercero, un modelo de educación para las mujeres ((Véase: Borden, Sarah. (2003). Edith Stein (Capítulo 4: Woman and Women’s Education) Londres: British Library.)). Su investigación es más amplia de lo que puedo exponer en este trabajo, por eso termino sólo comentando los puntos anteriores y señalando un último punto: la relación de alma y cuerpo que ella expone, propone que esta relación no es la misma en todos los seres humanos. Concuerdo con ella al entender que el alma de la mujer está más unida al cuerpo que en el hombre, afirmación que se sostiene en lo dicho previamente por Max Scheler ((“La forma en la que el yo espiritual experimenta el propio cuerpo es muy diferente en el hombre y en la mujer. En comparación con la vivencia como parte constituyente del yo que tiene la mujer de su cuerpo, el hombre lo lleva consigo de una forma muy distanciada, como el que lleva un perro por la correa”. Scheler, Max. Zum Sinn der Frauenbewegung, (pp. 205-206))), (aunque no será el centro de esta investigación esto se entenderá mejor cuando hablemos de la maternidad.) ((Stein, Edith. (1998). La Mujer. (pp.94-95) Madrid, España: Biblioteca Palabra.))

2.3. Sobre “Genio Femenino” ((Este término lo uso por primera vez por el pontífice en la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, para luego usarlo en varias ocasiones.)) en Juan Pablo II

El Papa peregrino, como se le recuerda, escribe en la carta que le dirigió a la mujeres en el año 1995, casi llegando a su fin: “Deseo pues, queridas hermanas, que se reflexione con mucha atención sobre el tema del «genio femenino»…” ((San Juan Pablo II. (2002). Carta a la Mujer. (numeral 10) Santiago de Chile: Editorial San Pablo.)), este Papa le dedicó mucho espacio en sus escritos al tema de la mujer, y es por esto mismo que sólo tomaré algunos apuntes precisos de su magisterio relacionados directamente con el genio de la mujer para darle mayor riqueza a la investigación.

Juan Pablo II explica que el genio femenino es el conjunto de dones específicamente femeninos ((En las cuales se resaltan la comprensión, la objetividad de juicio, la compasión, el servicio y la maternidad.)) que se manifiestan en todos los pueblos. Considera que éstos son manifestación del Espíritu Santo, que son don de Dios para realizar la vocación de asegurar la sensibilidad para el hombre. El genio femenino es la condición para una profunda transformación de la civilización actual. Recalca en varias ocasiones que no se trata de mujeres extraordinarias con dones de la misma talla, sino de dones vividos por mujeres simples que logran encarnarlo en su vida cotidiana ((Vivas, María del Socorro. (2003). El perfil de la mujer presentado por Juan Pablo II en sus escritos. Theologica Xaveriana, 146, (p.217).)).

Encontramos que este santo explica que el genio femenino es una dimensión espiritual, que aunque constituye una actitud básica, que corresponde al físico de la mujer, también se ve fomentado por ella. “…es dándose a los otros en la vida diaria como la mujer descubre la vocación profunda de su vida; ella quién quizá más aún que el hombre ve al hombre, porque lo ve con el corazón.” ((San Juan Pablo II. (2002). Carta a la Mujer. (numeral 12) Santiago de Chile: Editorial San Pablo.)) En el siguiente punto veremos en mayor profundidad la maternidad que Juan Pablo II tanto alabó, comentó y clarificó, pero antes de pasar a este punto considero importante estas palabras que dirigió en la Plaza de San Pedro en su Audiencia general en el año 1979, dice: “La función del sexo, que en cierto sentido es ‘constitutivo de la persona’ (no sólo ‘atributo de la persona’), demuestra lo profundamente que el hombre, con toda su soledad espiritual, con la unicidad e irrepetibilidad propia de la persona, está constituido por el cuerpo como ‘él’ o ‘ella’” ((San Juan Pablo II, Audiencia general, 21.XI.79, n.1, en Varón y mujer. Teología del cuerpo, ed. Palabra, Madrid 1995, (p.78))) En nuestra unicidad e irrepetibilidad somos y somos seres humanos femeninos o masculinos.

Para recapitular rápidamente, Juan Pablo II considera que la maternidad espiritual es el genio del que estamos hablando, la riqueza interior de la mujer. Así como en el embarazo la mujer experimenta una cercanía propia al hijo, también su propia naturaleza ayuda a los contactos cotidianos y espontáneos con otras personas. Que la naturaleza de la mujer tenga tan marcado el de la maternidad, sobre todo espiritual porque es la que compartimos todas las mujeres desde nuestra concepción hasta nuestra muerte, se identifica en la delicada sensibilidad de aproximación a las necesidades del otro y su propia donación. Esto da un modo o capacidad distinto del que no tiene en su naturaleza la maternidad espiritual ((Véase: Burggraf, Jutta (2011) Juan Pablo II y la vocación de la mujer. (12 de julio de 2015) Sitio web: http://www.almudi.org/noticias-articulos-y-opinion/309-Juan-Pablo-II-y-la-vocacion-de-la-mujer)).

2.4. Sobre la Maternidad como elemento esencial del ser mujer

En todos los autores que consulté en esta investigación existió un común denominador que, con mayor o menor relevancia, le da un rasgo claro e innegable a lo que es ser mujer, y esto es la maternidad; como ya veíamos con Juan Pablo II no es sólo la maternidad física, sino lo que toda mujer de cualquier edad comparte, la maternidad espiritual. Y por esto cabe aclarar que “Pese a toda la admiración del Santo Padre hacia las madres de todo el mundo, al hablar del «genio» de la mujer no se refiere a la maternidad física. La circunstancia de que una mujer pueda llegar a ser madre no significa que todas las mujeres deban serlo, ni que encuentren en la maternidad su felicidad.” ((Burggraf, Jutta (2011) Juan Pablo II y la vocación de la mujer. (12 de julio de 2015) Sitio web: http://www.almudi.org/noticias-articulos-y-opinion/309-Juan-Pablo-II-y-la-vocacion-de-la-mujer))

[pullquote]Esta maternidad espiritual define lo que es una mujer en cuanto que es condicional a un hijo. Pone el poeta estas palabras en la boca de una mujer: “No te vayas. Y si te vas, recuerda que permaneces en mí. En mí permanecen todos los que se van. Y todos los que van de paso, hallan en mí un sitio suyo; no una fugaz parada, sino un lugar estable. En mí vive un amor más fuerte que la soledad (…) No soy la luz de aquellos a quienes ilumino; soy más bien la sombra en que reposan. Sombra debe ser una madre para sus hijos. El padre sabe que está en ellos: quiere estar en ellos y en ellos se realiza. Yo, en cambio, no sé si estoy en ellos; sólo les siento cuando están en mí” ((Wojtyla, Karol, Esplendor de paternidad, ed. BAC, trad. del polaco: Rodon Klemensiewicz, Anna, adaptación literaria: Parera Galmés, Bartolomé, Madrid, 1990 pp. 171-172. Tít. or.: Promieniowanie ojkostwa.)). Es necesario entonces, comparar el modo de apertura y de amor en el hombre y la mujer ((Véase: Castilla de Cortázar, Blanca. (2002). Antropología de la Sexualidad. Consejo Pontificio para los Laicos. Sección Mujer: Filosofía. Sitio web: http://www.laici.va/content/dam/laici/documenti/donna/filosofia/espanol/ANTROPOLOGÍA%20DE%20LA%20SEXUALIDAD.pdf (p.17))), el hombre se abre hacia afuera y aunque la mujer también se abre a los demás, lo hace de un modo hacia dentro, de acogida. En este tema recomiendo consultar el trabajo hecho por Blanca Castilla de Cortázar en el cual explica con mayor detenimiento este punto crucial ((Un ejemplo gráfico es en las relaciones sexuales el hombre da a la mujer de sí mismo, mientras que la mujer da acogiendo en ella.)).[/pullquote]

El alma femenina no puede vivir entonces sin esta especial referencia a la hondura que la hace un ser habitable para el acogimiento materno y para el servicio, sin importar que la mujer llegue a portar un ser humano en su vientre, el simple hecho que su cuerpo, psique y alma estén creados de esta manera y preparados para esto, hace que esta referencia sea válida ((Véase: Seifert, Joseph Defender a la Mujer del Feminismo (http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=904): “No se trata aquí de la capacidad meramente biológica de engendrar un hijo, sino de una cualidad espiritual mucho más profunda y que ha sido objeto de la pintura y la poesía una y otra vez.”)). La mujer fue creada para acoger en ella misma, y es por esto también que se habla de esta unión más fuerte entre el cuerpo y el alma, pues es en ella misma, en su mismidad que acoge y recoge al otro.

  1. Conclusión

Uno de los propósitos de mi investigación ha sido demostrar que lo que implica Simone de Beauvoir al decir que “No se nace mujer: llega uno a serlo” no es cierto. Ya venimos con una naturaleza marcada fuertemente por la maternidad espiritual; considero que una mujer nace y se hace, las facultades y características están innatas en cada una pero depende de la mujer en desarrollarlas o ignorarlas, ser cada vez más plenamente mujer o no. Max Scheler afirma que “Hay que acabar de una vez por todas con esa idea (…) de que las diferencias psíquicas entre hombre y mujer son única y exclusivamente consecuencia de las diferencias en las funciones biológicas entre ambos sexos. Por lo demás, según esta teoría, ambos estarían dotados con el mismo tipo de ‘alma racional’. La diferencia entre ambos sexos tiene su fundamento tanto en el aspecto psíquico como en el aspecto biológico y corporal” ((Scheler, Max, Zum Sinn der Frauenbewegung, (p. 205))) y, añadiría, que también en el espeto vocacional o misional. No estamos hecho para ser otros hombres con formato distinto, sino para ser mujeres y todo lo que ello implica. Descubrimos la vocación esencial de la mujer en lo que significa la maternidad para ella pero también al contrastarnos junto con el hombre, viendo más allá de las diferencias físicas: “El descubrir que el varón desarrolla más la ratio instrumental, analítica y discursiva y la mujer más el intellectus contemplativo, valoral y sintético nos permite sostener que la mujer en el contexto del orden de la creación parece tener una actividad de suyo más elevada que el varón ya que en el orden de las funciones de la inteligencia la ratio es una operación subordinada al intellectus, es decir, la capacidad discursiva se ordena a la comprensión del totum et integrum.” ((Guerra López, Rodrigo. (2004). Identidad Femenina y Humanización del Mundo. (p.9) Consejo Pontificio para los Laicos, Sección Mujer: Filosofía.)) La mujer en cuanto mujer tiene sus capacidades marcadas, el intelectos contemplativo, la capacidad de intuición, el abrirse hace dentro, la maternidad y todo lo que ello implica, nos abre un horizonte de estudio de la mujer y su papel como objeto de estudio único y no como objeto de estudio en comparación y dependiendo del estudio del hombre.

[pullquote]Para terminar quisiera repetir las palabras de Edith Stein cuando explica la vocación propia de la mujer: “…todas tendrán esta base en común: llegar a ser aquello que ella debe ser, desplegar y madurar del mejor modo posible la humanidad que duerme en ella en la forma particular que le es requerida, hacerla madurar en aquella unión de amor que desata fructuosamente este proceso de maduración, y a la vez incentivar y promover en los otros la maduración en orden a su plenitud, todo eso constituye la necesidad femenina más profunda…” ((Stein, Edith. (1998). La Mujer. (pp.92-93) Madrid, España: Biblioteca Palabra.))[/pullquote]

Se le puede llamar yo-femenino, alma femenina, genio femenino, etc. pero lo que nos queda claro es que existe algo en lo más profundo de nuestro ser, en nuestra mismidad, que nos hace ser hombres o mujeres en nuestra totalidad e integridad.

Bibliografía

– Stein, Edith. (1998). La Mujer. Madrid, España: Biblioteca Palabra.

– Guerra López, Rodrigo. (2004). Identidad Femenina y Humanización del Mundo. De Mujer Nueva. Se encuentra también en la página de la Sección para la Mujer del Vaticano. Sitio web: http://www.laici.va/content/dam/laici/documenti/donna/filosofia/espanol/identidad-femenina-yhumanizacion-del-mundo.pdf

– San Juan Pablo II. (2002). Carta a la Mujer. Santiago de Chile: Editorial San Pablo.

– Morales de la Barrera, Emilio. (2013). ¿Cómo se manifiesta la persona humana? Indagación Fenomenológica. En Mujer y Corporeidad (pp. 45-62). Santiago de Chile: Ediciones Universidad Finis Terrae.

– Sancho Fermín, Francisco Javier. (2001). La Biblia con Ojos de Mujer. España: Editorial Monte Carmelo.

– Entrevista a Ana Cristina Villa. (27 de abril de 2012). Lo que se le pide a la mujer hoy. Revista Vive, Electrónica, sitio web: http://www.laici.va/content/dam/laici/documenti/donna/culturasocieta/espanol/lo-que-se-pide-mujer.pdf

– Seifert, Joseph. Defender a la Mujer del Feminismo. 10 de julio de 2015, de Conoceréis de Verdad, traducción de Ana Halbach. Sitio web: http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=904

– Pontificio Consejo de Justicia y Paz. (2005). Doctrina Social de la Iglesia. Se puede encontrar en la página web del Vaticano: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html

– Castilla de Cortázar, Blanca. (2002). Antropología de la Sexualidad. Consejo Pontificio para los Laicos. Sección Mujer: Filosofía. Sitio web: http://www.laici.va/content/dam/laici/documenti/donna/filosofia/espanol/ANTROPOLOGÍA%20DE%20LA%20SEXUALIDAD.pdf

– Meis, Anneliese. (2002). Monografía de grado: La cuestión de la especificidad de la mujer en Edith Stein (1891-1942). Pontifica Universidad Católica de Chile: Santiago de Chile

– San Juan Pablo II. Carta Apostólica Mulieris Dignitatem (Sobre la Dignidad y la Vocación de la Mujer), 15 Agosto, 1988.

Cristina Vargas Devis

Cristina nació en junio de 1989 en Bogotá (Colombia). Pertenece a la Fraternidad Mariana de la Reconciliación. Actualmente está terminando sus estudios de Filosofía en la Universidad Gabriela Mistral en Santiago de Chile, donde reside desde el 2012.

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