Algunos críticos y artistas plásticos han visto en Sarita Colonia una ocasión para impulsar la deconstrucción y reconstrucción de la cultura peruana en clave de acción política. Su condición de provinciana migrante, mujer trabajadora, feligresa rechazada por la Iglesia oficial y venerada por los marginales del sistema social, la convierten en una figura emblemática de la emergente posmodernidad popular peruana ... En medio del evidente malestar cultural de nuestro tiempo, esta muestra tan interesante se presenta como la ocasión para reflexionar sobre las siguientes preguntas ¿Cómo salvar al hombre? ¿Qué se entiende por nación, por cultura y por fe religiosa? ¿Es posible un sentido de nación y de cultura que prescinda de la fe religiosa?

1623276354_c50a255b9a_oEs muy bueno que en los últimos años se haya incrementado la oferta cultural en nuestro país; sin embargo, también es posible que ante la inevitable multiplicación de divertimentos comerciales el espectador no especializado experimente cierto mareo al momento de discernir los eventos sustanciales. Por lo que he podido apreciar, el proyecto artístico denominado “La Sarita”, curado por Mario Mogrovejo y Gabriela Tineo, realizado en el Museo del Convento de Santo Domingo-Qorikancha de la ciudad del Cusco, podría ser una de esas propuestas que no deberían pasar desapercibidas. La amplia lista de artistas participantes y los textos de César Ramos y Gustavo Buntinx nos hablan de un esfuerzo significativo.

En mi opinión, lo más relevante del evento se encuentra en el intento de hacer confluir historia, instituciones e ideología en un espacio cultural emblemático. Si seguimos la lógica de Huntington en su “Choque de las civilizaciones”, podemos decir que los lugares más interesantes son los epicentros donde coinciden diversas tradiciones culturales, tal como sucedió en nuestro país con las huacas.

La huaca era el panteón de las deidades incas y el lugar sagrado donde se encontraban el pueblo, los dioses y el cosmos. Era el centro religioso que se constituía como el corazón de la cultura y, por lo tanto, en estos lugares se jugaba el destino de los hombres y del mundo andino. Los españoles comprendieron inmediatamente la importancia de las huacas e impelidos por el deseo de extirpar la idolatría pagana, las erradicaron y en muchos casos aprovecharon sus cimientos para construir templos católicos. Entonces es así que el Qorikancha, uno de los lugares sagrados más importantes y hermosos del incanato, se convirtió en la Iglesia de Santo Domingo, una joya de la arquitectura barroco andina.

Si a esto le añadimos que desde 1534 el predio mencionado pertenece a la orden Dominica, que fue muy activa en la Inquisición y en cuyo seno florecieron insignes teólogos como San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, predicadores como Bartolomé de las Casas y una propuesta intelectual de gran envergadura como la Escuela de Salamanca, no podemos dejar de señalar el valor simbólico del lugar y que “La Sarita” se presentará desafiante en un estadio de primer nivel. El Qorikancha, cuyo primer centro fue el sol y que luego pasó a ser Jesucristo, en esta ocasión puede convertirse en una huaca posmoderna al tener como nuevo centro a Sarita Colonia, ícono indiscutible del Pop Art peruano.

¿Quién es Sarita Colonia? Nacida en 1914 en la ciudad de Huaraz, emigró al puerto del Callao impulsada por la pobreza; allí trabajó de niñera, vendedora de pescado, de frutas y verduras. Sarita Colonia murió de paludismo a los 26 años y fue enterrada en una fosa común del cementerio Baquijano. Poco tiempo después su sepultura se convirtió en un lugar de veneración por parte de gente pobre y marginal; posiblemente esta costumbre se reforzó con la historia de que la joven habría sido agraciada con un prodigio que impidió que sea violada. No sabemos si se gestionó alguna causa de beatificación, lo cual hubiera exigido una concienzuda investigación sobre la heroicidad de sus virtudes y la comprobación de algún milagro obtenido por su intercesión; la cuestión es que Sarita Colonia no es una santa reconocida por la Iglesia Católica, aunque no sean pocos los que le recen para pedir su protección.

Algunos críticos y artistas plásticos han visto en Sarita Colonia una ocasión para impulsar la deconstrucción y reconstrucción de la cultura peruana en clave de acción política. Su condición de provinciana migrante, mujer trabajadora, feligresa rechazada por la Iglesia oficial y venerada por los marginales del sistema social, la convierten en una figura emblemática de la emergente posmodernidad popular peruana. Por ejemplo, para Gustavo Buntinx ((Buntinx, Gustavo, El poder y la ilusión, pérdida y restauración del aura en la república de Weimar peruana (1980-1992).)) la gigantesca obra conceptual “Sarita Colonia” elaborada en 1980 por el grupo Huayco en las afueras de Lima, es tanto Arte político para un público ilustrado y conocedor de su contenido intelectual, como ícono religioso para los migrantes que la pueden apreciar desde la carretera que conduce a la gran ciudad. Es posible anotar que esta ambigüedad de sentidos tiene como intención de fondo que la fe religiosa se convierta en una fe política.

Cuando el arte de las élites ideologizadas se haga sensible a los procesos político-sociales y se apropie del aura de sus ídolos, la obra artística se mimetizará hasta confundirse con un ícono de adoración atávica. Más específicamente hablando, cuando el Pop Art sea apropiado por la cultura popular, se supone que se habría logrado el tan deseado paso de la vida las masas a la ideología de las élites y de la ideología de las élites a la vida política de las masas. La huaca posmoderna sería la proclamación de un orden político social de carácter popular que emerge destruyendo el fanatismo religioso, la esclerosis del comunismo, del fascismo y sobre todo la deshumanización del capitalismo consumista globalizado que todo lo convierte en mercancía.

[pullquote]El deseo de los curadores es que el proyecto “La Sarita” contribuya a salvar al hombre del sistema y a la construcción de un nuevo sentido de nación, no necesariamente desde un punto de vista religioso sino cultural. En medio del evidente malestar cultural de nuestro tiempo, esta muestra tan interesante se presenta como la ocasión para reflexionar sobre las siguientes preguntas ¿Cómo salvar al hombre? ¿Qué se entiende por nación, por cultura y por fe religiosa? ¿Es posible un sentido de nación y de cultura que prescinda de la fe religiosa?[/pullquote]

Según las tendencias actuales de las élites artísticas peruanas y lo que se ha comentado hasta el momento, pareciera que la fe católica fuera una pieza de museo que viene sobreviviendo misteriosamente en sus devociones pero que tarde o temprano se volverá irrelevante para la cultura peruana ¿Será cierto? ¿Qué dicen los católicos al respecto? ¿Serán capaces los dominicos de desempolvar su rica tradición cultural y ponerla al día para responder a los problemas del hombre peruano actual planteados en el patio de su casa?

© 2015 – Javier Rodríguez Canales para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Javier Rodríguez Canales

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