Uno de los aspectos más problemáticos en el mundo empresarial es la falta de comunicación auténtica entre los miembros de la organización.

En diversos diagnósticos realizados por la consultora Humane a unas 20 empresas y un total de 1.000 trabajadores se evidencia que el 75% de las organizaciones tienen un estilo de comunicación inadecuado para promover la opinión de sus trabajadores y escuchar sus sugerencias así como para comprenden o valorar las experiencias de los demás.

Dada la importancia queremos profundizar sobre lo que el Papa Francisco ha denominado la cultura del encuentro en la que «todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios» ((S.S. Francisco, Discurso a la clase dirigente en Brasil, 27/7/2013.)). Cuando le preguntaron su recomendación a los líderes del mundo contestó: «Diálogo, diálogo, diálogo».

En la cultura del encuentro se busca unir y no dividir.

Diversas actitudes pueden generar división dentro de la empresa, como por ejemplo: mantener posturas irreconciliables donde se descalifica todo aquel que no piensa como nosotros; la murmuración o hablar mal de terceras personas; la actitud de sospecha y desconfianza ante el compañero de trabajo; o el individualismo egoísta que sólo busca obtener beneficios personales sin pensar en el resto de la organización.

A continuación detallo una serie de preguntas que pueden ayudar a entender si estamos aportando en la generación de la cultura de encuentro en nuestro ámbito de trabajo.

  • ¿Qué actitudes alejan o acercan a las personas que están junto a ti?
  • ¿Buscas realmente entender la posición del otro o más bien quieres imponer tu punto de vista?
  • ¿Sales al encuentro de las necesidades de las demás personas o permaneces indiferente frente a ellas?
  • ¿Generas confianza buscando ser mediador y aportar soluciones en medio de los conflictos laborales?

Para promover la cultura del encuentro en la organización debemos proponernos entender realmente al otro, aceptando que todos los miembros de la organización, sin importar el puesto que ocupe, tienen algo valioso que aportarnos.

Un aspecto importante sobre la cultura del encuentro es el respeto por la dignidad y los derechos de cada persona. Es común encontrar en las organizaciones un estilo de liderazgo agresivo, autocrático e impositivo, que lleva a un modo de relación prepotente, e indigna por la forma déspota de aproximarse al trabajador.

[pullquote]Hace pocos días me tocó presenciar un evento, en el cual una persona corregía de mala forma a alguien del personal de mantenimiento. Intervine en la situación, y le hice saber que el trabajador merecía su respeto al corregirlo, y me contestó: «Esta gente sólo entiende así; son unos vagos». Después se justificó diciendo que le había alzado la voz, pero no insultado. ¿Acaso evitar llegar al insulto es la medida? Existen diversas ideas erradas o prejuicios que alimentan este tipo de actitudes: “Se quieren aprovechar de mí”; “para eso les pago”. El hecho que trabajen para uno o les pagues no exime a nadie de tratar a las personas con dignidad.[/pullquote]

La indiferencia a las necesidades de la otra persona puede ser otra manera más sutil de maltrato. Una auténtica cultura del encuentro en la empresa debe darse en el marco de un diálogo fructífero y respetuoso en el que se aliente la participación de los trabajadores, creando las condiciones para que todos puedan dialogar y aportar. Para ello, los líderes de la organización deben salir de la tranquilidad de su oficina, y acercarse a cada persona, entendiendo sus preocupaciones, abriendo espacios profundos de diálogo sin miedo a encontrar realidades incómodas, e incluso críticas hacia la propia empresa.

De igual forma los trabajadores deben aportar en la cultura del encuentro suscitando espacios constructivos, con apertura a la verdad, evitando generar divisiones, y cooperando activamente con soluciones que beneficien a todos, y no sólo sus intereses personales.

En conclusión: Debemos abrirnos a la opinión del otro, valorando lo que cada persona tiene para darnos, sin instrumentalizarlos, viendo en cada colaborador, una persona con dignidad, más allá del rango social o puesto que tenga, única e irrepetible, y con infinidad de dones que pueden enriquecer la dinámica organizacional.

© 2014 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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