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Tenía planeado viajar… quería viajar, pero no para conocer, sino para buscar respuestas; no tenía muy claro a qué preguntas, pero creía que las encontraría y esto pasó:

Un miércoles quedé en trotar con un amigo y me comenta que se iría a mochilear por la Patagonia chileno-argentina; yo, que deseaba vivir algo así, no dudo un momento y le pido si podría ir. Ahí empezó la aventura.

Iría con él y dos personas más que no conocía, nos encontraríamos allá.

Partió como un viaje normal, en un bus hacia el sur. Pero llegando al primer destino apareció el primer quiebre, hacer dedo… Nunca lo había vivido, era totalmente extraño, pararse al lado del camino a levantar el pulgar, para ver si alguien se detenía y te hacía un espacio en su vehículo para acercarte a tu destino.

La incertidumbre era la tónica, no era seguro que te parara alguien, incluso no era seguro que llegaras donde querías, y aquí mi primera reflexión ¿Existe la seguridad? Yo empezaba a dudarlo, desde los primeros días, nada era seguro. Si alcanzaríamos a almorzar, si podríamos dormir tranquilos en algún lugar, si estábamos bien de dinero, entre otras, pero cada día se vivía y eso para nosotros era lo importante.

Luego de mucho viajar hacia el sur de este modo, llegamos a la privilegiada belleza de Torres del Paine, un lugar muy al sur del mundo que posee de algún modo naturaleza pura. Estando allí fueron ocho días de caminata; era como ser un hobbit, en los cuales gran parte del trayecto se hacía en silencio, la otra parte eran diálogos cortos que intentaban subir el ánimo de todos. Y allí recordaba que estaba buscando algunas respuestas, las que encontré en la creación. Nunca la había visto así, era indomable, su viento, su frío, su perfección… era como un espejo que te ayudaba a mirarte a ti mismo. Recordar qué has hecho y qué deberías hacer.

[pullquote]Aquí aparece otro punto de reflexión importante: la vida es ahora. Ya comenté sobre la seguridad; caminando muchas veces notaba que solo dar un paso mal podía implicar caer por un abismo. Y así es cada momento de nuestra vida. Si la miráramos ahora ¿Podríamos decir que estamos satisfechos con ella? ¿Hemos vivido como nos hubiera gustado vivir? ¿Quedan en mi mente muchos proyectos o cosas que debería hacer? Si la respuesta a estas preguntas te deja insatisfecho, el momento de cambiar es ahora. No nos engañemos a nosotros mismos con el “empezaré mañana”, ya que ciertamente no sabemos si tenemos ese mañana para cambiar.[/pullquote]

Estamos en un momento de revolución tecnológica, parece que el estar con uno mismo es cada vez es menos valioso, y ante esto el único que sale perjudicado es uno mismo, ya que cada vez entiendes menos de ti y de lo que te pasa. Ante esta amenaza, no sé si viajar sea la solución, pero sí puede cooperar.

Con todo lo anterior me gustaría decir que el viajar te hace mirar más allá de ti, y por eso mismo me gustaría reflexionar sobre las personas que conocí –no solo mis compañeros de viaje, con los cuales establecí un fuerte vínculo de cariño– sino todas las personas con las que conversé, personas que me llevaron en su auto o que simplemente nos cruzamos caminando. Cada uno me ayudó a mirar una realidad distinta a la mía: me mostró una forma de pensar distinta, me generó un sentimiento de cariño por poder compartir esos pequeños instantes, por saber que existe el bien y que depende de cada uno de nosotros transmitirlo.

Me gustaría terminar con un par citas que de algún modo responden las desconocidas preguntas que tenía:

“Más que el amor, dinero o la fama, deseo la verdad. Me senté a una mesa donde había manjares exquisitos y vino en abundancia, rodeado de comensales obsequiosos, pero carente de bondad y sinceridad. Me aleje de esa mesa inhóspita sintiendo todavía hambre.”

Y así tal como dijo Gandalf a Bilbo en El hobbit “El mundo no está en tus libros y tus mapas. Está allá afuera.”

Ahora puedo decir que comprendo esta frase e invito a los que lean esta columna a vivir esos “viajes inesperados”.

© 2015 – Marco Oporto Martínez para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Marco Oporto Martínez

Marco es estudiante de Ingeniería Civil Industrial en la Universidad de Chile. Es Encargado de Misiones MVC Chile 2014 y ayudante de Comunidad Ingenio.

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