syn5_coverSe lleva a cabo desde el Domingo 5 de octubre el Sínodo de Obispos sobre la Familia. Según el Canon 342 del Código de Derecho Canónico, se trata de una asamblea con obispos de distintas regiones del mundo. El Pontífice –en la primera Congregación General– explicó que «el Sínodo no es un congreso o un parlamento donde nos ponemos de acuerdo» sino «una expresión eclesial, es decir, la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios». Es de suma importancia, pues reflexiona acerca de la célula básica de la sociedad: la familia, la cual viene sufriendo un profundo ataque de parte de tantos lados. Nunca como antes se quiere destruir a la familia, o inventar nuevas formas de unión, que se alejan cada vez más de la institución natural creada por Dios.

El Papa Francisco, al inicio del Sínodo, dijo que Dios «une los corazones de dos personas que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad», por lo que la Iglesia debe «vivir su misión en la verdad que no cambia según las modas pasajeras o las opiniones dominantes». Así deja claro que el sacramento del matrimonio es algo indisoluble querido por Dios. No se trata de un simple “contrato humano”, que puede ser “disuelto” según el gusto personal. Un profundo individualismo egoísta globalizado, marcado por una búsqueda excesiva del confort, esclaviza a las personas al placer y al relativismo, lo cual hace muy difícil una opción libre y comprometida por vivir un amor que dure hasta la muerte. El hecho de no estar dispuestos a enfrentar situaciones difíciles y un miedo exagerado al tener que asumir compromisos duraderos lleva a que muchos hombres y mujeres se unan bajo la condición, desde el mismo principio, de una futura separación, en el caso que se den situaciones complicadas, lo cual –dicho sea de paso– es parte de la vida humana. Esta condición impide radicalmente la opción por un compromiso responsable.

[pullquote]Desde el libro del Génesis, vemos como designio del Padre que «abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne» (Gn 2,24ss.). «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mt 19,6) dijo Francisco. La Iglesia tiene la misión «de defender la unidad y la indisolubilidad del vínculo conyugal como signo de la gracia de Dios y de la capacidad del hombre de amar en serio».[/pullquote]

Durante su homilía en la Misa de inauguración del Sínodo el Papa Francisco afirmó lo siguiente: «“No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude” (Gn 2,18). Dios no ha creado el ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que es su complemento; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos, como dice el salmo de hoy (cf. Sal 128)».

© 2015 – Pablo Augusto Perazzo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista “Vive” de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

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