Los espacios deportivos son un lugar de encuentro pero los intereses económicos, de prestigio y poder han hecho que dicho valor se opaque. Practicar un fútbol de libertad implica que se fomente no la competencia, los records o la producción, sino un espacio para el encuentro consigo mismo, con los otros, con Dios y con la naturaleza ... ]Mis años de experiencia como gimnasta y deportista de alto rendimiento, me han llevado a afirmar que los atletas nos hemos privado del encuentro para lograr una corona corruptible y que los cristianos nos hemos privado de la indiferencia para lograr la incorruptible. En otras palabras, nuestra esclavitud, de la cual el fútbol reciente es partícipe, consiste en evitar a toda costa la posibilidad del encuentro consigo mismo, con el otro, con Dios y con la naturaleza, pues quien reprime su dimensión relacional vulnera la dignidad humana y llega a los límites que estamos viviendo...

copa_2015_776La Copa América es un evento de gran impacto en nuestro continente. Para comprenderlo es necesario ubicarlo en un contexto más global, pues allí se viven y expresan intenciones similares a las de un mundial de fútbol pero a nivel local. El año pasado (2014), en el artículo El mundial de fútbol bajo la mirada de un creyente, escrito en el contexto de una Teología del Deporte, afirmábamos que ese evento podría evidenciar:

La presunta actitud acrítica de los espectadores de los eventos deportivos, la utilización de los atletas como máquinas de producción de medallas, la inversión de dineros públicos en eventos de organizaciones privadas, el “maquillaje” de las ciudades durante los mega eventos, la posible explotación laboral en la construcción de estructuras deportivas y la lucha de poderes de las potencias mundiales (Rúa, 2014).

Pues bien, la Copa América no está exenta de presentar este tipo de actitudes, incluida entre ellas la corrupción, y por eso la comunidad en general y, en particular quienes aseguran vivir siguiendo a Jesús de Nazaret, debe estar atenta para evangelizar y humanizar esa forma de estar en el mundo.

Al releer a san Pablo en 1Cor 9, 24-25, donde manifiesta que «¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, más uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible», podemos preguntarnos: ¿De qué se priva el atleta para lograr la corona corruptible? ¿De qué se priva el cristiano para lograr la corona incorruptible?

[pullquote]Mis años de experiencia como gimnasta y deportista de alto rendimiento, me han llevado a afirmar que los atletas nos hemos privado del encuentro para lograr una corona corruptible y que los cristianos nos hemos privado de la indiferencia para lograr la incorruptible. En otras palabras, nuestra esclavitud, de la cual el fútbol reciente es partícipe, consiste en evitar a toda costa la posibilidad del encuentro consigo mismo, con el otro, con Dios y con la naturaleza, pues quien reprime su dimensión relacional vulnera la dignidad humana y llega a los límites que estamos viviendo.[/pullquote]

Los espacios deportivos son un lugar de encuentro pero los intereses económicos, de prestigio y poder han hecho que dicho valor se opaque. Practicar un fútbol de libertad implica que se fomente no la competencia, los records o la producción, sino un espacio para el encuentro consigo mismo, con los otros, con Dios y con la naturaleza.

Encontrarse consigo mismo es procurar el desarrollo integral y en especial cultivar habilidades motrices, ser saludables, cuidar de sí mismo. Este es el verdadero sentido de la actividad física. Los seres humanos necesitan recrearse, el deporte no tiene sentido si no produce alegría, característica del juego; tanto niños como jóvenes y adultos se reúnen para jugar, en el sentido más amplio de la palabra, para disfrutar de su actividad. El fútbol podría ser un lugar en donde se prepara para la vida y se fortalecen los valores.

Las canchas, de modo similar a los templos e iglesias, son un lugar para la celebración personal y comunitaria. Se celebra que todos los seres humanos son creación de Dios y que han sido hechos gratuitamente por amor. Y a la vez que se celebra, se agradece que haya momentos en la historia y lugares específicamente para crecer en humanidad, que haya personas que acompañan a otros en este proceso y que se pueda compartir con todos momentos de felicidad y gozo. Igualmente, este encuentro con Dios le da fuerzas al deportista para seguir adelante en esos momentos difíciles, de dolor y sufrimiento, causados por las lesiones, desengaños, pérdidas, injusticias y a veces maltrato.

[pullquote]El fútbol como libertad podría ser una escuela de valores como la solidaridad, el respeto, la comprensión, la atención, la sensibilidad, etc. Por eso no tiene sentido si en vez de crear lazos de convivencia, las personas se reúnen para odiar, pelear, generar discordia, ignorar, rechazar o discriminar.[/pullquote]

Una práctica liberadora es un encuentro con la naturaleza. Los espacios abiertos son expresión de la hermosura del mundo, un mundo que ante la crisis debe ser cuidado y cultivado. El campo de juego es un signo de la limitación humana: la creación se nos sale de las manos pero está en nuestras manos. El observar los colores de los terrenos de juego nos recuerda lo sublime del creador que se manifiesta en las formas del planeta. Jugar en la grama debería ser un tributo a la madre tierra.

Concluyendo, los humanos inmersos en el contexto del fútbol competitivo pueden, consciente o inconscientemente, estar siendo esclavos de un sin número de prácticas que vulneran su dignidad. Para recuperar la posibilidad liberadora de la misma es necesario priorizar acciones destinadas al encuentro consigo mismo, con los otros, con la naturaleza y con Dios en los campos de Juego y en la vida cotidiana.

© 2015 – Jonathan Andrés Rúa Penagos para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Jonathan Andrés Rúa Penagos

Jonathan es estudiante de Doctorado en Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana (Colombia); Magíster en Teología de la UPB; Teólogo, Filósofo y Diplomado en Incorporación de las TIC en la Docencia de la Fundación Universitaria Luis Amigó (Funlam); realizó estudios de Licenciatura en Educación Física en la Universidad de Antioquia y es gimnasta activo vinculado con la Liga Antioqueña de Gimnasia. Se desempeña como docente de pregrados y postgrados en la Funlam, investigador en la Fundación Universitaria Católica del Norte (UCN) y educador en la Institución Educativa San Vicente de Paul. Ha realizado y publicado reflexiones, artículos, capítulos de libro y ponencias en diferentes instituciones colombianas y en países como Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, el Salvador y España.

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