Utilizar la palabra espíritu para referirme a una dimensión de la empresa tiene como finalidad expresar algo que va más allá de las acciones que esta pretende generar en el mercado. Está ligado, en primer lugar, a un principio de vida, de existencia; que abarca la historia, al contexto social, a la inspiración que generó en los fundadores de la misma un movimiento de cambio y una irrupción en el mercado. El espíritu al que me refiero es la finalidad o el sentido que guía una organización, es el ámbito entre aquellos que participan de la empresa, en la que se genera una cultura fruto de una serie de factores; la actividad que realizan, la historia personal de cada uno, la cultura y costumbre en las que fueron formados, sus personalidades y el contexto político y social en la que se ven inmersos. Todos estos factores confabulan en el tiempo, en torno a una actividad común para la generación de una cultura y un ambiente de trabajo. Me parece importante expresar esto para dimensionar lo complejo de la organización conformado por personas. Sin embargo, a continuación me centraré en el título.

Podríamos decir que el espíritu de la empresa está plasmada en las definiciones de misión y visión que existen en las organizaciones. Ellas constituyen el propósito y potencial de una organización. De por sí, todas las empresas el día de hoy comprenden la importancia de tener claros estos conceptos que permitan alinear a todos sus colaboradores al desarrollo permanente de la misma. Su finalidad permite agregar valor a la organización, ofreciéndole un panorama claro a todos aquellos miembros sobre lo que la empresa es y tiene que ser.

La perspectiva de la misión y visión de la empresa para mí, parte de la identidad de aquellos que conforman la organización y el valor que encuentran en sus capacidades para generar un cambio en la realidad, una solución a través de un producto o servicio, que al ser valorada en el mercado genere desarrollo, sea sostenible, aplicable y replicable en diversos ámbitos.

Es por ello, que la definición de estos términos es lo más ajeno a un cumplimiento formal para obtener certificaciones y cumplir con los estándares dispuestos.  Hay un sentido en el desarrollo de estas ideas centrales, que tendrán que ser compartidas por todos los miembros de la organización. Y he ahí el valor de su transmisión. De qué sirve que estas definiciones estén en un papel o un cartel si sus colaboradores no comprenden cómo se aplican en su día a día. Cuando esto pasa, y habrá que evaluar si pasa, se mata el espíritu que da vida a la empresa, se aniquila el propósito en el desarrollo de las actividades de las personas. La falta de la identificación de los colaboradores con la misión y visión es expresión de letra muerta, y esta misma paraliza la actividad, aniquila la creatividad y promueve el sin sentido de la actividad.

El valor de transmitir las ideas que se encuentran detrás de la misión y visión de una organización pueden influir de manera muy concreta en la integración del personal a los fines que persigue y entenderse dentro de un equipo de trabajo. Qué importante es que como empleados, o al encontrarnos en búsqueda de trabajo, podamos consultar sobre el sentido de la organización, además de ahondar constantemente en este y reconocer si en nuestra misión profesional y proyecto de vida sintonizamos con la actividad que se desarrolla, de modo nos insertemos a la organización con plena consciencia de lo que queremos y de nuestro aporte sustancial a la misma. Siendo encargado de diversos procesos de selección, me parece fundamental realizar esta actividad, que si bien muchas veces está supeditada a la obtención de un salario, tengo como objetivo invitar al lector a que transmita la importancia de ver más allá, al identificar en su propia vida una misión y una visión, tomando plena conciencia de sus actos y decisiones, así como ser coherente con ellos.

Al expresar algunas ideas en torno a lo que entiendo como el espíritu de una organización, quiero alentar a tener una mirada colaborativa de la empresa, la cual la constituyen todos sus miembros y de la cual se deben sentir responsables de su desarrollo. De la misma forma, considero que la empresa, si bien es el ámbito profesional al cual todos de alguna manera estamos ligados, es también un lugar de desarrollo y aprendizaje, que tiene el potencial de hacernos mejores personas e integrarnos a un compromiso social en el encuentro con los demás.

José Luis Villalobos Mendiola

Jose, realizó estudios de psicología en la Universidad Técnica Particular de Loja (Ecuador), especializandose en el ámbito laboral en Recursos Humanos, participando en organizaciones y proyectos agroindustriales, metalmecanica, así como en consultoría a empresas. Posee un interés por el desarrollo del potencial humano en todos los ámbitos de la vida y cree firmemente en la importancia de las relaciones personales y el diálogo como espacios de transformación de la realidad para el bien común. Es un apasionado del deporte, especialmente del basket. Quiere ofrecer a todos los lectores insides valiosos sobre aspectos de desarrollo personal y profesional, partiendo de miradas creativas y profundas que generen soluciones efectivas a los desafíos en el día a día.

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