Introducción

En la vida de oración nos encontramos y nos relacionamos con Dios, con las Personas de la Trinidad. En ella el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos hacen partícipes de su vida y sus características personales, y este encuentro de comunión y participación con cada Persona de la Trinidad es fuente privilegiada de personalización para el ser humano. Tener vida de oración y cultivar en ella una relación personal con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo es indispensable para vivir el proceso de personalización y realizarnos plenamente como personas.

Fundamentación trinitaria

El Padre es el origen sin Principio. Él es nuestro origen, de él venimos. Del Padre recibimos la capacidad de ser personas, nuestro (mi) ser personal se origina en Él. El Hijo es la perfecta respuesta al amor del Padre; Él es nuestro modelo de respuesta. Del Hijo procede nuestra capacidad de responder personalmente al Padre, por Él podemos responder de manera perfecta como hijos. El Espíritu Santo es comunión de Amor; en Él podemos participar de la comunión de Amor con el Padre y el Hijo. Del Espíritu Santo procede nuestra capacidad de amar personalmente al Padre en el Hijo.

Cada persona de la Santísima Trinidad posee características propias y personales. Del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo proceden las diversas características que poseemos y que constituyen el ser personal de cada ser humano.

Luces a las preguntas fundamentales sobre el hombre

¿Quién soy? Soy persona; esto significa que he sido creado a imagen y semejanza de Dios (participo de Él en un modo único y más cercano) y elevado por la encarnación del Verbo en quien se realiza la plenitud del ser persona.

Existe en cada ser humano el anhelo de personalización y de plena realización como persona. Aspiro a realizarme y a alcanzar la plenitud de mi ser personal.

No puedo responder a este anhelo de personalización y realización si no respondo de manera plena a las preguntas sobre mi identidad (¿Quién soy?) y sobre el sentido de mi vida (¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?).

En Dios Uno y Trino encuentro datos fundamentales para responder a estas preguntas y para mi proceso de personalización. Para obtener esa información necesito tener vida de oración y relacionarme con la Trinidad.

Permanencia y despliegue

Soy persona humana, necesito permanecer siendo persona y desplegarme como tal. Cultivando una relación con cada Persona de la Trinidad respondo a los dinamismos de Permanencia y Despliegue que me llevan a ser y a realizarme como persona.

La oración nos hace más personas

En el Bautismo se abre la posibilidad de realizar y llevar a la plenitud nuestra personalización. Somos invitados por Dios a recorrer los caminos de la personalización.

La posibilidad de personalización no se da por nuestras propias fuerzas, se da por los méritos de Jesucristo y por la gracia que llega por diversos caminos.

El primero y más importante es el Bautismo, por él somos hijos en el Hijo y como tales podemos relacionarnos con Dios, esto abre la posibilidad de personalización. El proceso de personalización y nuestra realización personal dependen de la recepción de este sacramento; sin él, se dificultan seriamente o resultan prácticamente imposibles.

Otro camino fundamental de personalización es la Vida de Oración. En el encuentro con la Trinidad avanzamos en el proceso de personalización. En la relación con cada Persona divina participamos de sus características; esta participación nos enriquece de una forma única y es así por la relación única y personal que podemos tener con cada cual.

Nuestro enriquecimiento personal será mayor en la medida que cultivemos nuestra relación con cada Persona en la Vida de Oración.

Nuestro proceso de personalización avanzará de acuerdo a nuestra respuesta de amor a cada Persona divina. Necesitamos encontrarnos con el Padre y tener una relación de amor con Él. Las características que el Padre nos participa impulsan nuestro proceso de personalización y nos llevan a realizarnos como personas; estas son algunas de ellas:

  • Él es el origen de todo – Él es nuestro origen y a Él nos dirigimos para responder nuestras preguntas fundamentales.
  • Es anterior a todo y es eterno – Es de Él que procede nuestra sed de eternidad y en Él la saciamos.
  • Él es el creador – Nosotros somos sus creaturas, necesitamos reconocernos creados por Dios y necesitados de volver a Él.
  • Es Padre de Jesús – En Él nos invita a vivir la filiación divina, ella representa nuestra dignidad más alta, necesitamos vivirla para ser personas.
  • Asegura la unidad de la Trinidad al ser la fuente única de la divinidad – La relación con Él es la fuente de nuestra seguridad y unidad interior.
  • Principio de toda paternidad – De Él recibimos y en Él aprendemos a vivir esta dimensión de nuestra humanidad.
  • Fecundidad – De él recibimos la capacidad para generar vida, biológica y espiritual. En Él aprendemos a realizar este don.
  • El Padre es pura capacidad de donación – De él procede nuestra capacidad para entregarnos a los otros.
  • Generosidad – Nos prodiga sus bienes con largueza y nos invita a imitarlo.
  • Tiene un Plan de Amor para sus creaturas – Tiene un plan para cada uno de nosotros, de él depende nuestra realización como personas y nuestra felicidad, necesitamos descubrirlo, conocerlo y vivirlo.

Necesitamos encontrarnos con el Hijo y tener una relación de amor con Él. Las características que el Hijo nos participa impulsan nuestro proceso de personalización y nos llevan a realizarnos como personas; estas son algunas de ellas:

  • Es la respuesta perfecta al amor del Padre – Corresponde con total gratitud y disponibilidad a ese amor. En Él aprendemos a responder con perfección a la voluntad de Dios.
  • Ama al Padre – En esto funda su respuesta y nos muestra la forma como necesitamos responder.
  • Es amado por el Padre – Nos hace partícipes del amor primordial con que el Padre lo ha amado.
  • Es Hijo de Dios – Tiene una relación única con el Padre. Este título nos revela lo más profundo del ser de Jesús. Nos invita a realizarnos en la filiación que ha obtenido para nosotros. Por Él somos también hijos de Dios, pero de forma distinta (por adopción).
  • Revela al Padre – Es su imagen perfecta y nos muestra quién es el Padre. Nos revela su amor por Él y por nosotros. Revela también su Plan amoroso que es nuestro camino de realización personal.
  • Escucha al Padre – Mantiene una sintonía profunda y silenciosa con Él. Nos invita a vivirla también en nuestra relación filial.
  • Confía en el Padre – Nos invita a esperar con seguridad en sus designios amorosos.
  • Se entrega generosamente al Padre – Aprendiendo de Él podemos vivir este dinamismo y enfrentar nuestra inclinación al egoísmo y la mezquindad que nos despersonalizan.
  • Cumple la voluntad del Padre – Esto lo alimenta. Obedece el Plan del Padre hasta la muerte y nos indica la forma de realizarnos en la obediencia.
  • Se encarna – Realiza la kénosis, se abaja con humildad perfecta y nos anima a vivir el dinamismo encarnatorio en nuestra vida diaria.
  • Ama a los seres humanos hasta el extremo – Sabe que esto es indispensable para nuestra realización personal y nos manda amarnos como Él lo hizo.
  • Está entre nosotros como el que sirve – Toda su vida es expresión de Amor que se hace concreto y nos invita a realizarnos en la dinámica del servicio.
  • Reconcilia – Restablece la alianza y sana la ruptura introducida por el pecado en el hombre y en la creación invitándonos a vivir el dinamismo de la reconciliación en nuestras vidas.
  • Da gloria al Padre con su existencia – En el seno de la Trinidad y encarnado entre nosotros. Nos llama a personalizarnos y realizarnos dando también con ello gloria a Dios.

Necesitamos también encontrarnos con el Espíritu Santo y tener una relación de amor con Él. Las características que el Espíritu Santo nos participa impulsan nuestro proceso de personalización y nos llevan a realizarnos como personas; estas son algunas de ellas:

  • Es don de Amor del Padre y del Hijo – Es el amor mismo derramado en nuestros corazones en el Bautismo y día a día, aceptarlo es crucial para nuestra realización.
  • Es comunión de Amor – Suscita en nosotros el deseo de comunión con la Trinidad y con nuestros hermanos humanos. Fundamenta la unidad de la Iglesia.
  • Es cercano – Es la persona divina más “próxima” a nosotros y desea mantenerse así.
  • Es íntimo – Habita en nosotros y necesitamos permitirle que continúe haciéndolo. Nos invita a participar de la intimidad de la Trinidad.
  • Es enviado por el Hijo – Nos acompaña en la realización de nuestra vocación apostólica.
  • Es dador – Nos hace participar de sus dones, de forma especial por el sacramento de la confirmación.
  • Es luz – Nos ilumina y ayuda a comprender y profundizar todo lo que Cristo nos ha revelado.
  • Es paráclito – Nuestro consolador y defensor delante de las dificultades y desafíos propios de nuestra vida y Misión.
  • Es aliento que nos lleva a clamar “Abba” – Es por Él que somos capaces de elevar nuestra voz al Padre en oración.
  • Es fuerza de lo Alto – Funda y fortalece a la Iglesia (nosotros) para el anuncio del Evangelio. Es el protagonista de la Evangelización y sin él no podríamos realizar nuestra vocación de apóstoles.
  • Santifica a la Iglesia – Nos ayuda a permanecer unidos al Padre y a realizar en todo su voluntad como lo hizo Jesús.

“Deus Semper idem, noverim Te, noverim me” – “Dios que eres siempre el mismo, conózcate a Ti, conózcame a mí” (San Agustín)

Consecuencias del encuentro con Dios Uno y trino en la oración:

  • El primer fruto del encuentro será el conocimiento cada vez mayor y familiar de la realidad de la Trinidad y cada una de sus personas (Dios uno y Trino).
  • En consecuencia, en la vida de oración también me conozco a mí mismo.
  • Como resultado de este conocimiento y la relación con la Trinidad crece en nuestros corazones, de manera diferenciada y singular el amor al Padre, el amor al Hijo y el amor al Espíritu Santo.
  • Conocer y amar a Dios nos conducirá a conocernos y amarnos rectamente a nosotros mismos.
  • Todo lo anterior nos ayuda a avanzar en nuestro proceso de personalización y realización como personas.
  • En coherencia con todo esto, nuestra respuesta al amor que brota en nuestros corazones necesita expresarse en una vida consecuente con lo que este conocimiento personal y este amor implican.
  • Nuestra respuesta amorosa será a su vez una manera perfecta de personalización y de realización como personas humanas.

Conclusión

Para vivir plenamente el proceso de personalización es indispensable cultivar una relación con cada persona de la Trinidad. Necesitamos revisar la manera como nos aproximamos a la Trinidad y a cada una de las Personas: Al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo.

Será bueno, también, revisar la relación que tenemos con cada una de la Personas de la Trinidad. Es insuficiente aproximarnos a la Trinidad de manera general dado que con eso nos privamos del enriquecimiento que nos trae la relación con cada Persona divina.

© 2016 – Alfredo Ferreyros para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Alfredo Ferreyros

Alfredo nació en Perú en 1964. Es administrador y realizó sus estudios en la Universidad de Lima y en la Escuela Superior de Administración de Negocios (ESAN). Actualmente es Asistente Regional de Temporalidades del Sodalicio de Vida Cristiana (SCV) en Perú y Presidente de la Asociación Promotora de Apostolado (APRODEA).

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