¿Te pasa que tienes una pena grande, un dolor en el alma y estás desesperanzado? ¡A mí sí! ¿Sientes que lo que te pasa es como…no sé…una espina que tienes clavada en el cuerpo y no sé, no puedes andar tranquilo por la vida?

He escuchado tantas veces que se habla de que ser cristiano, no puede ser sin cruz, lo entiendo, pero me cuesta. Es que esto de la cruz es algo que no es fácil de asimilar y muchas veces se me olvida el sentido profundo que tiene. incluso a veces te confieso que me pasa que pienso que ser cristiano puede ser hasta una pesada carga, una religión ¿para los que estamos amargados acaso? Pero después me acuerdo…es con la cruz que Dios ha vencido al mal.

Los que han comprendido de verdad esto más que rechazar la cruz, la abrazan ¿Por qué? Bueno, porque han comprendido que la alegría está en el don de sí mismo y que Dios ha triunfado sobre el mal precisamente por medio del amor. La cruz entonces, bueno, deja de ser un símbolo de tortura y se transforma en un signo importante, maravilloso de reconciliación.

En algunos casos también nos pasa que nuestras lamentaciones si las vemos frente a otros que están sufriendo tanto, parecen nada, ¿no? Es que en verdad la vida nunca va a ser fácil, pensar que la vida va a ser sin sacrificios, sin dolores no es real, eso es una mentira y es que la vida terrena es para luchar, es caerse mil veces y volverse a levantar.

Es llevar la cruz con entereza, con garbo, con amor, sin quejarse, sin lamentarse, por amor a esa persona que tanto, que tanto amamos. Ese Jesús que está en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestros amigos, en todos los que nos rodean.

Compartir con Él sus alegrías y también sus sufrimientos, cargar juntos la cruz. Y es que cuando hay amor el sacrificio es gustoso incluso aunque cueste. Así que ¡anímate! Incluso cuando el caminar se hace duro, la cruz no es la pena, no es el disgusto, no es la amargura, ¿sabes qué es? Es el madero Santo donde triunfa Jesucristo y donde triunfamos también nosotros cuando recibimos con alegría y generosidad todo eso que Él nos envía en nuestra vida.

Pidámosle al Señor también que nos de Él esa alegría para enfrentar los momentos de dolor, con esa entereza.

¿Sabes qué? Yo tengo dolores, tengo penas y yo sé que tú también, pero pidámosle al Señor que nos dé esa alegría para que en los momentos de más dolor sepamos juntos cumplir la voluntad del Padre Dios.

 

© 2017 – Carolina Requena para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carolina Requena Durán

Carolina es periodista y se ha especializado sirviendo en diversas instituciones de Iglesia como la Conferencia Episcopal de Chile, Radio María y ACI Prensa.

Además fue corresponsal para Latinoamérica del canal EWTN donde estuvo a cargo de las coberturas en vivo de visitas papales.

Actualmente es Directora Editorial y de Contenidos del CEC (Centro de Estudios Católicos) y además es Directora y guionista de la serie de documentales www.tesorosdelpueblo.com

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