«Junto a la conciencia queda también oscurecido el sentido de Dios, y entonces, perdido este decisivo punto de referencia interior, se pierde el sentido del pecado. He aquí por qué mi Predecesor Pío XII, con una frase que ha llegado a ser casi proverbial, pudo declarar en una ocasión que “el pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado”» ((S.S. Juan Pablo II, Reconciliatio et Paenitentia, 18)).

Las palabras de Juan Pablo II resuenan en nuestra mente y corazón para tratar de entender nuestra propia realidad. En otros artículos hemos entendido la grandeza de nuestra naturaleza al ser creados a imagen y semejanza de Dios, invitados a plenificar nuestra existencia viviendo el amor.

Es importante entender también cómo el hombre, haciendo mal uso de su libertad, opta por alejarse de su Creador, rompe con Él y peca. El pecado es ruptura, rechazo y desconfianza del Plan de Dios. Por el pecado la imagen queda oscurecida y la semejanza perdida. Nuestros primeros padres rompen la comunión con Dios, quieren alcanzar su realización y felicidad no con Él sino frente a Él, incluso contra Él.

No podemos entender la realidad del mundo y del hombre actual si olvidamos la importancia del pecado. «El mal procede de la desobediencia y el rechazo con que la criatura humana desde su libertad responde a Dios y a sus amorosos designios es la fuente de toda ruptura, y no sólo ello, sino es fuerza de ruptura, de anti-amor que obstaculizará permanentemente el crecimiento en el amor y la comunión, tanto desde el corazón de los hombres, como desde las diversas estructuras por ellos creadas, en las cuales el pecado de sus autores ha impreso su huella destructora» ((Camino hacia Dios n. 104)).

[pullquote]Muy equivocados estamos los seres humanos cuando queremos entendernos a nosotros mismos y nos olvidamos del pecado, que es un dato antropológico fundamental. Hoy en día la conciencia del pecado y el sentido del mismo están oscurecidos, porque el ser humano vive de espaldas a Dios y a sí mismo.[/pullquote]

Se trata de mirarnos integralmente, como Dios nos mira, sabiéndonos hijos de Dios, creados por amor y con una libertad que, mal empleada, introdujo una alteración que afectó la realidad del ser humano y sus relaciones básicas.

© 2015 – Humberto Del Castillo Drago para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Humberto Del Castillo Drago

Humberto nació en la ciudad de Lima (Perú). Pertenece al Sodalicio de Vida Cristiana, y es fundador y director del Centro de Desarrollo Integral de la Persona Areté.

Actualmente reside en Medellín, Colombia. Puedes visitar su blog en psicologiayvirtud.blogspot.com

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