A nivel latinoamericano la televisión ha sufrido un cambio, pero no un cambio en la tecnología o en el uso, sino un cambio en la programación. Desearía ser pesimista solo un instante para decir que pareciera que la televisión, en vez de aportar al desarrollo social, a la educación o a la difusión de valores, solamente se está dedicando a entretener a como dé lugar. Y bajo esta premisa, ¡quién no conoce hoy programas como Combate, Guerra de Sexos u otros similares! Son programas sobre los cuales vamos a conversar a continuación con la Licenciada Carla Rossi, Relacionista Pública especializada en gestión periodística y estrategias de comunicación.

CARLA-Carla, para comenzar, ¿Es verdad que hoy abundan estos programas cuyos objetivos solamente sean entretener o distraer?

Hay una frase que recientemente la he visto circular en las redes: “Un libro se suicida cada vez que una persona mira Combate”. Pero no es solamente Combate. Los reality shows llevan al menos diez años en las pantallas distorsionando la mentalidad y los deseos de muchas personas, sobre todo de los jóvenes. El joven de hoy aprende que no basta con graduarse, casarse y obtener un empleo, sino aprenden que hay que ser famosos y lograr un cuerpo escultural.

¿Este “boom” de programas de entretenimiento solamente existe en países como Perú o Ecuador?

No. Estos programas los tenemos en Chile, Ecuador, Estados Unidos, Costa Rica, Argentina y en otros una gran variedad de realities donde los famosos hacen exaltación de sus cuerpos. La televisión, o para ser más específicos, las productoras utilizan a estos seres humanos para captar televidentes. Si antes se utilizaban a los gladiadores en los coliseos romanos, ahora se utilizan a estos jóvenes para hacer cosas que no les gustan y el espectador goza con las caídas y golpes. La televisión es el coliseo romano de nuestra era.

¿De qué manera han tenido éxito estos programas?

En Ecuador el programa con mayor rating es Combate. ¿Por qué? Porque han posicionado al “morbo” como herramienta de entretenimiento de los espectadores. Ellos muestran acciones que normalmente no se ven a diario en nuestras vidas personales pero que llaman la atención: Golpes, caídas, casualidades, destrucción de objetos, falsas discusiones de romance, etc. Y otro factor es que los programas informativos venden estos productos como si fueran noticia verdadera a pesar de que no lo es.

Algunas personas que consumen estos programas defienden que es lo que necesitan luego de una jornada de trabajo tensa y agitada ¿Está de acuerdo con esta idea?

Para nada. Estos programas existen no porque la gente los pida, sino porque no existe una adecuada legislación en medios masivos. En Ecuador, por ejemplo, se prohíben las portadas grotescas de periódicos donde se muestren semidesnudos. En México todos los canales y periódicos crearon un compromiso de evitar noticias rojas y desde entonces, llevan la noticia de manera más sobria y menos alarmista. La sociedad está en un momento en que tiene que reclamar y quejarse por mejores contenidos porque los canales no tienen ni la más mínima intención de mejorarlos.

¿De qué manera la sociedad puede actuar? ¿Cómo reclamar si estos contenidos no nos gustan?

Las redes sociales son un gran medio para esto. Y segundo, los gobernantes y asambleístas fueron elegidos para legislar de acuerdo con las necesidades de sus electores. El pueblo tiene el derecho y el deber de reclamar una televisión libre de basura, libre de pornografía, libre de sensualidades y libre de amarillismo. Recuerda que la señal de cable, así como la de radio, no son propiedades de las empresas, sino más bien le pertenecen al Estado. La señal de televisión es un recurso del estado, que se entrega bajo concesión a un medio de comunicación por una cantidad de años bajo una serie de condiciones, y si el medio no respeta esas condiciones, es sancionado, es multado.

Pero, ¿en realidad hay gente que rechaza estos contenidos? Yo conozco una gran cantidad de personas que sí, pero muchas veces da la impresión de que son más las que defienden este tipo de programas…

Yo creo que muchas veces está ese pensamiento de “hay que dejarlo así, al fin y al cabo no me afecta”. El problema está en que somos muy vagos para reclamar ante el estado. Pero de repente no somos vagos y el problema es que no conocemos a detalle nuestros derechos. La gente tampoco comprende que existe entretenimiento bueno, sin contener basura. Algunos países han incursionado en programas más culturales y que llaman más la atención, pero la producción es costosa. ¿Qué es lo que vende más al menor precio? Combate.

Es más barato hacer tropezar a una persona que pedirle participar en un concurso de preguntas y respuestas, tal como el programa “Saber y Ganar” de España…

¡Pues claro! A un productor de Combate no le da la vida para preparar guiones o programas que requieran cultura y conocimientos. Un productor de Combate no tiene la formación de los grandes productores europeos que hasta han tenido que formarse por años en otros países. Y si lo logran, vas a presentar tu propuesta de programa en el canal y lo rechazan.

Quisiera insistir nuevamente en el tema de cómo la gente puede tomar acción. Yo he escuchado una frase que me parece excelente: “Si conociéramos nuestros derechos otra sería nuestra realidad”. ¿Está de acuerdo con la frase?

A ver, ¿Quién lee las leyes? ¿Quién conoce sus derechos? Nadie. No las leemos. En Ecuador se dio una ley de comunicaciones y no la leí sino hasta varios días después porque estuve ocupada. Ese es el problema y mi propuesta es que comencemos a investigar cuáles son de verdad nuestros derechos. ¡Es tan fácil buscar en Google la constitución de cada país! Las lecturas son sencillas y directas. Una vez leídas las leyes, ingresemos en lo que se llama “participación ciudadana”. Hagamos valer nuestra voz ante las autoridades y a través de los medios que se nos han dado gratis: Las redes sociales. La televisión va a mejorar y necesita mejorar solo si la sociedad lo pide. Otro tema es que nos creamos un cuento implícito de que no nos corresponde reclamar por una mejor programación. Eso es falso. Sí podemos actuar, y debemos hacer escuchar nuestras voces.

© 2014 – Franco Mori Petrovich para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Franco Mori Petrovich

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