Es evidente la dificultad que las personas tienen para aceptarse a sí mismas. Las quejas o resentimientos por eventos dolorosos del pasado, así como el creerse inferiores por algún aspecto de su realidad personal –sea física, económica, psicológica o espiritual– evidencian la necesidad de reconciliación.

En el ámbito laboral esta falta de aceptación se manifiesta en la dificultad para acoger cualquier corrección interpretada como una “agresión” a la dignidad. Por ejemplo, es común que trabajadores se sientan minusvalorados ante correcciones de sus jefes, incluso trasladando su visión limitada a otros ámbitos de su vida, como lo expresaba un miembro de una empresa: «Como no he cumplido ciertos requerimientos ya no sé cómo me veo en la organización y fuera de ella».

El reconocer nuestras faltas y la necesidad de cambio es el primer paso para comenzar un proceso de reconciliación. Romano Guardini, uno de los grandes pensadores del siglo XX, escribe lo siguiente: «Yo debo aceptar no solamente las fuerzas que poseo, sino también las debilidades; no solo las posibilidades, sino también los límites». Al referirse al proceso de reconciliación menciona que un signo de la madurez «se caracteriza por ver y aceptar lo que son las fronteras, las insuficiencias y miserias de la vida».

[pullquote]La aceptación no significa en ningún sentido resignación. Implica más bien el esfuerzo de elevarse, pero desde la propia identidad, desde lo que realmente soy, desde lo que me ha sido dado como don único e irrepetible. Por ello, es absurdo consentir la visión negativa de uno mismo y caer en comparaciones o envidias hacia terceras personas.[/pullquote]

Nadie da lo que no posee. Si nuestro interior está quebrado por dentro, transmitiremos nuestras propias rupturas. Por el contrario, si estamos reconciliados podremos irradiar paz y ser vínculo de comunión. Acoger el amor incondicional de Dios hacia nosotros nos ayudará a tener una recta valoración de nuestra realidad interior. Llenémonos del amor infinito para desde ahí poder donarnos sin límites y aproximarnos a los demás con una visión reconciliada.

© 2014 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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