recien-nacidoEl escándalo de la multinacional abortista Planned Parenthood sigue revelando nuevos datos sobre lo que representa la industria del aborto en Estados Unidos, la cual genera millonarias ganancias con las que se dedican a financiar esta práctica en países como el nuestro, aprovechándose de la vulnerabilidad e ignorancia de tantas mujeres en situaciones de gran dificultad.

Curioso que varios medios continuen minimizando o negando este grave hecho.

El Central for Medical Progress sigue difundiendo videos que muestran el macabro negocio que tiene la compañía abortista más poderosa del mundo, la cual opera bajo el eufemismo de “ayudar a las mujeres”.

En el tercer video muestra a Savita Ginde, vicepresidente y directora médica de Planned Parentood en Rocky Mountains, Colorado, identificando los órganos de un niño recién abortado y calculando las ganancias que podrían traer las ventas de sus pequeños cuerpos sin vida. “¿Dirás que está intacto?”, pregunta la doctora Ginde. “Son riñones intactos, sí” responde el supuesto comprador. “Mirándolos sí creo que valen”, dice Ginde. “¡Cinco estrellas!”, aclama, una médica asistente de Planned Parenthood, como si se tratara de la venta de cualquier mercancía. Esto no es una serie de una serie de ficción. Tampoco de una película de utopía negativa. Son escenas de la vida real. De pequeñas muestras inteligentemente captadas por una cámara escondida, de este horrendo negocio, que por fortuna representa todavía un delito federal en Estados Unidos.

Planned Parenthood obtiene por cada bebé abortado 500 dólares y si todas sus extremidades quedan intactas, ganaría 300 dólares más. Así, los dividendos por cada aborto pueden llegar a 800 dólares.

En uno de los más recientes videos vimos también el testimonio de Holly O’Donnell, técnica en flebotomía, quien sin saber en lo que se estaba metiendo, aceptó un trabajo como “técnica de adquisiciones” en StemExpress, compañía intermediaria que recoge órganos fetales para venderlos a universidades para investigaciones.

[pullquote]“Creí que me iba a limitar a extraer sangre, no a conseguir tejido de fetos abortados”, confiesa esta mujer de 24 años. Pero en realidad, ella se dedicaba a seleccionar mujeres embarazadas que cumplieran con las expectativas de Planned Parenthood para utilizar los restos de sus respectivos hijitos, una vez fueran asesinados, y luego elegir los trozos de los cuerpecitos y elegir cuáles servían para ser puestos en venta. “Por cualquier cosa que obtuviéramos, ganábamos un porcentaje”, reconocía la joven mujer. También cuenta cómo estas funciones no estaban especificadas ni en la descripción de su trabajo ni en la aplicación que encontró en internet. Si las directivas de Planned Parehtood alegan que no han cometido ninguna ilegalidad, ¿por qué ocultaron esta información?[/pullquote]

Seres humanos que en la etapa más hermosa de su vida, cuando crecen en el seno de sus madres, son descuartizados “profesionalmente” por medio de técnicas que dejan ciertas partes intactas. Cultura del descarte… de una avaricia enceguecida que no tiene en cuenta el valor de la vida y de su integridad. Curioso también que cuando una mujer va a practicarse un aborto a este lugar, le dicen que ella no tiene en su vientre un bebé sino una bolsa de células. ¿Entonces por qué sí pueden distinguir las partes de sus cuerpos una vez han muerto para ponerlos en venta?

© 2015 – Carmen Elena Villa Betancourt para el diario El Colombiano. Publicado el 4 de agosto de 2015.

Carmen Elena Villa Betancourt

Carmen Elena es integrante de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación.

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