valentine_de_boulogne_008_martirio_san_lorenzo_1621San Lorenzo fue martirizado en la persecución de Valeriano. Celebrar esta fiesta hace pensar necesariamente sobre la persecución y horrores que sufren a diario nuestros hermanos en Oriente Medio, a causa del ISIS. Hermanos que mueren cruelmente en las manos fanáticas de algunos musulmanes, que alegando razones espirituales, matan, violan, decapitan cada día a los cristianos, que sencillamente profesan la fe católica.

La liturgia de las horas nos propones una serie de oraciones que ayudan a recordar el acto heroico de este mártir. “Mi alma está unida a ti, ya que por ti, Dios mío, ha sido quemada mi carne con el fuego”, reza la antífona del primer salmo 62. Por medio de su martirio tiene garantizada su entrada en el Reino de Dios. “Te doy gracias, Señor, porque he merecido entrar en tu reino”, palabras recitadas por el mártir como antífona del salmo 149, que expresa la alegría de los santos.

“El Señor es mi fuerza y mi energía. Él es mi salvación. No temas, que contigo estoy yo; cuando  pases por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrazará”. “Dios nuestro, haz que nosotros te amemos siempre como él te amo y practiquemos lo que él enseño”.

San Pedro, en su primera carta, invita a la alegría por compartir los padecimientos de Cristo, para que por medio del dolor se manifieste la gloria de Dios. Es a través del ultraje como se manifiesta la gloria del Señor. El Señor no abandona a nuestros hermanos en Oriente. A si como tampoco a nosotros, que también padecemos cruces a diario. Consuela a todos aquellos que están en tribulación, mediante el consuelo con que son consolados por Dios. Por medio de Cristo, y, sólo en Él, rebosa también nuestro consuelo. Seamos íntegros y constantes en la fe, por la intercesión de esos mártires que llegan al punto de derramar su sangre. Gracias a sus ejemplos, aprendemos nosotros a cargar nuestras cruces, siguiendo sus pasos, soportando con generosidad las contrariedades de la vida.

[pullquote]Todos nosotros tenemos nuestras cruces que cargar. A cada uno Dios permite que de alguna manera sufra: la enfermedad, la muerte, las tristezas y las contrariedades de la vida. Pero es en Cristo que esos sufrimientos cobran sentido. Abrazados a la Cruz de Cristo, el dolor y sufrimiento son camino de salvación. Quizás no seamos martirizados como nuestros hermanos en Oriente, o San Lorenzo; pero es cargando nuestras cruces y “martirios” diarios como alcanzamos nuestra salvación, participando así en Gloria eterna de nuestro Señor.[/pullquote]

© 2015 – Pablo Augusto Perazzo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista "Vive" de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

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