Hoy en Sacramentos.FE profundizamos en los efectos y frutos que tiene la Eucaristía en nosotros:

¿Qué sucede en mí al comulgar? (Frutos de la comunión)

Al recibir la Eucaristía, nos adherimos íntimamente con Cristo Jesús, quien nos transmite su gracia.

Nos preserva de futuros pecados mortales, pues cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper nuestro vínculo de amor con Él.

Es el Sacramento de la unidad, pues quienes reciben el Cuerpo de Cristo se unen entre sí en un solo cuerpo: La Iglesia. La comunión renueva, fortifica, profundiza esta incorporación a la Iglesia realizada ya por el Bautismo.

Nos compromete en favor de los pobres; pues el recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo que son la caridad misma nos hace caritativos. El perdón, la reconciliación, la fraternidad, la paz son premisas, frutos y prendas de la Eucaristía.

¿Qué sucede en mí al comulgar? (Frutos de la comunión) en profundidad

En muchos momentos Jesús les habla a sus discípulos sobre la importancia de recibirlo en la comunión. A Jesús no le da lo mismo que recibamos o no su cuerpo. Él fue muy claro. Quiso dejarnos este pan de vida que nos alimenta, justamente para eso, para que alimente nuestro interior, para que nos llene de Su vida, nos transforme y nos haga más parecidos a Él.

¿Qué frutos tiene para mí recibir la comunión?

Acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía da como fruto principal la unión íntima con Jesús. El Señor mismo lo dice: “Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6,56).

Hace más fuerte y renueva la gracia que recibimos en el Bautismo.

Nos separa del pecado. Al hacernos uno con su cuerpo que es entregado por nuestra salvación y perdón de nuestros pecados, nos purificamos de los pecados cometidos y nos preservamos de futuros pecados.

Fortalece el amor. Como el alimento sirve para restaurar la pérdida de fuerzas de nuestro cuerpo, la Eucaristía fortalece la caridad, el amor, que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse.

La unidad de la Iglesia. Podemos decir que la Eucaristía hace la Iglesia. Los que reciben la Eucaristía se unen más profundamente a Jesús, y Él los une a todos en un solo cuerpo: la Iglesia.

No dejemos que estos frutos sean desaprovechados, sino que verdaderamente alimenten nuestras vidas. Preparemos nuestro corazón para que cada vez que comulgamos sepamos aprovechar esta riqueza invaluable que es comulgar.

En el Catecismo de la Iglesia Católica

1391 La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: “Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6,56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: “Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí”

1394 Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales. Dándose a nosotros, Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas y de arraigarnos en Él.

Citas de la Sagrada Escritura

«El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.» (Mt 13,22-23)

«En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Gál 5,22-23)

Frases del Papa Francisco acerca de qué sucede en mí al comulgar

“Para expresar esta realidad, este modo nuevo de estar unidos a Él, Jesús utiliza las imágenes de la vid y los sarmientos y dice así: ‘Como el sarmiento no puede dar fruto a sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vida, ustedes los sarmientos y así darán los frutos con los que se les reconocerá como verdaderos cristianos”.

“Gracias a esta manera de actuar, “se reconoce si uno es un verdadero cristiano, al igual que se reconoce a un árbol por sus frutos”. En este sentido, “los frutos de esta unión profunda con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es transformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque somos unidad de espíritu y cuerpo. Recibimos una forma nueva de ser, la vida de Cristo se convierte en la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús”.

“Y en consecuencia podemos amar a nuestros hermanos, empezando por los más pobres y sufrientes, como ha hecho Él, y amarles con su corazón y llevar así al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz”.

 “En definitiva, “todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de esta pertenencia común a Cristo y a la Iglesia”.

 Frases de Benedicto XVI acerca de qué sucede en mí al comulgar

 “La comunión, fruto del Espíritu Santo, se alimenta con el pan eucarístico y se manifiesta en las relaciones fraternas, en una especie de anticipación del mundo futuro”.

“La fe es un acto eminentemente personal, es una experiencia íntima. Yo «creo», pero mi creer no es el resultado de una reflexión solitaria, sino el fruto de una relación con Jesús, en la que la fe me viene dada por Dios a través de la comunidad creyente que es la Iglesia. La fe nace en la Iglesia, conduce a ella y en ella se vive. Tenemos necesidad de la Iglesia para confirmar nuestra fe y hacer experiencia de los dones de Dios: la Palabra, los sacramentos, la gracia y el testimonio del amor. Ella nos da la garantía de que lo que creemos es el mensaje originario de Cristo, predicado por los Apóstoles”.

“Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios”.

Frases de san Juan Pablo II acerca de qué sucede en mí al comulgar

“Anunciar la muerte del Señor «hasta que venga» (1 Co 11, 26), comporta para los que participan en la Eucaristía el compromiso de transformar su vida, para que toda ella llegue a ser en cierto modo «eucarística». Precisamente este fruto de transfiguración de la existencia y el compromiso de transformar el mundo según el Evangelio, hacen resplandecer la tensión escatológica de la celebración eucarística y de toda la vida cristiana: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22, 20)”.

“La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia. Una comunidad cristiana que quiera ser más capaz de contemplar el rostro de Cristo, en el espíritu que he sugerido en las Cartas apostólicas Novo millennio ineunte y Rosarium Virginis Mariae, ha de desarrollar también este aspecto del culto eucarístico, en el que se prolongan y multiplican los frutos de la comunión del cuerpo y sangre del Señor”.

Preguntas para profundizar acerca de qué sucede en mí al comulgar

¿Cuáles son los frutos de la sagrada Comunión?

La comunión sustenta la vida espiritual de modo parecido a como el alimento material mantiene la vida del cuerpo. En concreto podemos señalar estos frutos de la comunión sacramental:

Acrecienta la unión con Cristo, realmente presente en el sacramento y con su Iglesia, aumenta la gracia y virtudes en quien comulga dignamente, nos aparta del pecado: purifica de los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro. Conserva y renueva la vida de la gracia y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad.

¿Cómo hacer para dar Buen Fruto?

«El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5b)

La clave para dar buen fruto está en permanecer en el Señor Jesús. Y permanecer en Él no es otra cosa que buscar ser otro Cristo: teniendo los mismos pensamientos, sentimientos y modos de obrar que el Señor. Debemos preguntarnos constantemente: ¿los pensamientos que tengo son los pensamientos que hubiera tenido el Señor? ¿Estos sentimientos que experimento son los que Jesús tendría? ¿Es mi acción como la de Cristo?

Se trata pues de conformar toda mi vida con el dulce Señor Jesús; esforzarme por conocerlo leyendo los Evangelios, buscándolo en la oración, acudiendo a los sacramentos —particularmente en la Eucaristía y la Reconciliación—, para así conociéndolo saber cómo piensa, siente y actúa, y luego confrontarlo con mi pensar, sentir y actuar. De esa manera permaneceremos en Cristo y Él permanecerá en nosotros, volviéndonos un árbol frondoso que da muchos frutos buenos. Nuestro camino espiritual nos enseña a conformarnos con el Señor de la mano de Santa María, por el camino de la piedad filial.

¿Cómo nos ayuda en nuestra vida cristiana?

Una consecuencia significativa propia de la Eucaristía es que da impulso a nuestro camino… poniendo una semilla de viva esperanza en la dedicación cotidiana de cada uno a sus propias tareas (y así) contribuir con la luz del Evangelio a la edificación de un mundo plenamente conforme al designio de Dios.

¿Cómo descubrimos a Cristo en la Eucaristía?

Contemplar a Cristo implica saber reconocerle dondequiera que Él se manifieste, en sus multiformes presencias, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su cuerpo y de su sangre. La Iglesia vive del Cristo eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada. La Eucaristía es misterio de fe y, al mismo tiempo, «misterio de luz». Cada vez que la Iglesia la celebra, los fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos discípulos de Emaús: «Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron», (Lc 24, 31).

¿Y qué pasa cuando comulgamos?

La eficacia salvífica del sacrificio se realiza plenamente cuando se comulga recibiendo el cuerpo y la sangre del Señor. De por sí, el sacrificio eucarístico se orienta a la íntima unión de nosotros, los fieles, con Cristo mediante la comunión: le recibimos a Él mismo, que se ha ofrecido por nosotros; su cuerpo, que Él ha entregado por nosotros en la Cruz; su sangre, «derramada por muchos para perdón de los pecados», (Mt 26, 28). La Eucaristía es verdadero banquete, en el cual Cristo se ofrece como alimento.

¿Por qué es importante la Eucaristía?

Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es «fuente y cima de toda la vida cristiana». «La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo». Por tanto, la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor.

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