¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo? Hoy en Sacramentos.FE profundizaremos en este tema:

Dones del Espíritu Santo

Desde que confirmamos nuestra fe al recibir el sacramento de la Confirmación, comenzó una nueva etapa en nuestra vida cristiana. Podríamos decir que desde aquel día somos “adultos” en la fe. Sin embargo, sabemos muy bien que la vida cristiana no es nada fácil. Perseverar en nuestra opción por seguir al Señor hasta el final de nuestros días hace que nuestro corazón rebose de alegría. Sin embargo, nos enfrentamos a la realidad de las dificultades que se nos presentan en el camino, dificultades que encontramos afuera de nosotros, pero la mayor parte de las veces, emanan de nuestro propio interior.

Dios conoce nuestra realidad, sabe muy bien de nuestros grandes anhelos y de nuestra fragilidad. Es un Padre bueno, que cuida de nosotros y quiere acompañarnos en cada paso que damos para que logremos el ideal de participar algún día de la comunión eterna en el cielo.

Como todo buen Padre, es un Dios previsivo, providente, dador de Vida. Y es por ello que desde el día de nuestra Confirmación nos regaló en plenitud los Dones del Espíritu Santo, para sostenernos en nuestra peregrinación de cada día, para que contemos con las herramientas necesarias para avanzar en nuestra vida cristiana hasta llegar a su plenitud. El Papa Benedicto XVI muy sabiamente señalaba en un mensaje transmitido en julio de 2007: «Donde no llegan nuestras fuerzas, el Espíritu Santo nos transforma, nos colma de su fuerza y nos hace testigos plenos del ardor misionero de Cristo resucitado» ((http://www.pensamientos.org/pensamientosbenedictoESPIRITUSANTO.htm))

Estos dones del amor de Dios son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Dones del Espíritu Santo en profundidad

Algunos piensan que en el sacramento de la Confirmación somos nosotros quienes hacemos la mayor parte, ya que confirmamos nuestra fe y nos comprometemos con Dios a ser buenos cristianos. Sin embargo, si bien es cierto que nosotros damos una respuesta a ese amor de Dios, comprometiéndonos a seguirlo en su Iglesia, no podemos olvidar que también Dios se compromete con nosotros, para acompañarnos, sostenernos y ayudarnos a llegar a la meta que nos hemos trazado.

Dios no sólo nos regala una misión que da sentido a nuestras vidas, sino que nos da las armas para poder llevarla a cabo.

El Padre, como buen Papá, quiso darnos los mejor de Sí para nuestras vidas, y por lo mismo, quiso que recibiéramos la presencia del Espíritu Santo en nuestro interior. Sus 7 dones son una presencia muy peculiar del amor de Dios en nosotros. Son infundidos directamente en nuestras almas por Él y nos ayudan a comprender y seguir los caminos que el Padre ha soñado para nuestra felicidad. Estos Dones nos ayudan a perfeccionar las virtudes que ya tenemos y nos dan la claridad para entender el Plan de Dios para cada uno de nosotros y la docilidad para responder a cada una de sus mociones.

En la Confirmación se nos dan de forma específica los 7 dones del Espíritu Santo. Ese día los recibimos en su plenitud y desde ese momento en adelante ya los poseemos y podemos pedir a Dios que nos ayude a vivirlos siempre. Estos dones son los siguientes:

Sabiduría: Es el don de ver la realidad con los ojos de Dios De valorar los acontecimientos que vivimos desde la mirada del amor de Dios.

Entendimiento: Nos ayuda a comprender mejor las cosas de Dios, nos ilumina para entender su misterio, Su Palabra y Su obra. Nos abre la inteligencia hacia las realidades espirituales, que sobrepasan la sola razón. Nos ayuda a crecer en la Fe de la Iglesia.

Consejo: Este don nos permite discernir los caminos de Dios. Nos ayuda a conocer lo que realmente conviene para nuestro crecimiento personal y el de nuestros hermanos. Nos permite tener la claridad suficiente tomar las decisiones adecuadas según el Plan de Dios.

Fortaleza: Nos da la fortaleza y firmeza que necesitamos para perseverar en nuestra vida cristiana y afrontar con valentía las dificultades de la vida cotidiana. Nos hace fieles hasta la muerte, incluso hasta dar la vida por la fe. Se arraiga en una profunda confianza en el Padre, con la certeza de que nunca nos abandona.

Ciencia: Nos ayuda a descubrir y conocer a Dios a través de la belleza de su creación, buscando en las realidades terrenas las huellas del Amor de Dios, en donde todo encuentra su sentido.

Piedad: Nos despierta un amor de hijos hacia Dios, nos abre a su ternura, nos da la capacidad de dirigirnos a él con toda confianza y sencillez de corazón, a tener una amistad íntima con Él. Despierta en nosotros el deseo de amarlo con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas, lo cual se refleja en el esfuerzo por vivir de manera coherente con el Evangelio.

Temor de Dios: No tiene nada que ver con temer un castigo de Dios, sino más bien nos invita a tener respeto a Dios y su Plan de Amor. Nos enseña a escuchar y acoger esa Voz de Dios que resuena en el sagrario de nuestras conciencias. Este don nos hace recordar que somos pequeños ante Dios y a reverenciarnos ante su grandeza. Es el temor de estar lejos de Dios y de su salvación.

Al recordar estos grandes regalos que recibimos desde el día de nuestra Confirmación, tomemos conciencia de que no estamos solos en nuestra vida cristiana y que las herramientas para avanzar en nuestro caminar, las tenemos al alcance de nuestras manos.

La tarea es entonces pedirle a Dios, que nos ayude a reavivar esta conciencia de los Dones recibidos, para que al encontrar en nosotros una tierra fértil, puedan crecer en todo su esplendor, estos siete Dones del Espíritu Santo.

En el Catecismo

1830 La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

1831 Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.

Citas de la Sagrada Escritura

«Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común» 1 Cor 12, 4-7

«Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere» 1 Cor 12, 11

«Tu espíritu bueno me guíe por una tierra llana» (Sal 143,10).

«Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios […] Y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo» (Rm 8, 14.17)

«Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.
Reposará sobre él el Espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor». Is 11, 1-2.

Frases del Papa Francisco acerca de Dones del Espíritu Santo

«El Espíritu mismo es “el don de Dios” por excelencia (cf. Jn 4, 10), es un regalo de Dios, y, a su vez, comunica diversos dones espirituales a quien lo acoge».

«La Iglesia enumera siete, número que simbólicamente significa plenitud, totalidad; son los que se aprenden cuando uno se prepara al sacramento de la Confirmación y que invocamos en la antigua oración llamada “Secuencia del Espíritu Santo”».

«…Y la sabiduría es precisamente esto: es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios».

«Está claro que el don del intelecto está estrechamente conectado con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día tras día en la comprensión de lo que el Señor nos ha dicho y ha realizado».

«Sabemos cuán importante es, en los momentos más delicados, poder contar con las sugerencias de personas sabias y que nos quieren. Ahora, a través del don de consejo, es Dios mismo, con su Espíritu, quien ilumina nuestro corazón, de tal forma que nos hace comprender el modo justo de hablar y de comportarse; y el camino a seguir».

«Queridos amigos, a veces podemos ser tentados de dejarnos llevar por la pereza o, peor aún, por el desaliento, sobre todo ante las fatigas y las pruebas de la vida. En estos casos, no nos desanimemos, invoquemos al Espíritu Santo, para que con el don de fortaleza dirija nuestro corazón y comunique nueva fuerza y entusiasmo a nuestra vida y a nuestro seguimiento de Jesús».

«La ciencia que viene del Espíritu Santo, sin embargo, no se limita al conocimiento humano: es un don especial, que nos lleva a captar, a través de la creación, la grandeza y el amor de Dios y su relación profunda con cada creatura».

«Se trata de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos dona Jesús, una amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo, de alegría. Por ello, ante todo, el don de piedad suscita en nosotros la gratitud y la alabanza. Es esto, en efecto, el motivo y el sentido más auténtico de nuestro culto y de nuestra adoración».

«El temor de Dios, en cambio, es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y confianza en sus manos. Esto es el temor de Dios: el abandono en la bondad de nuestro Padre que nos quiere mucho».

Frases de Benedicto XVI acerca de Dones del Espíritu Santo

«El sacramento de la Confirmación refuerza el Bautismo y derrama el Espíritu Santo en abundancia sobre vosotros. Ahora vosotros mismos, llenos de gratitud, tenéis la posibilidad de acoger sus grandes dones, que os ayudan, en el camino de la vida, a ser testigos fieles y valientes de Jesús».

«Los dones del Espíritu son realidades estupendas, que os permiten formaros como cristianos, vivir el Evangelio y ser miembros activos de la comunidad».

«Con estos dones preciosos vuestra amistad con él será aún más verdadera y más íntima. Esa amistad se alimenta continuamente con el sacramento de la Eucaristía, en el que recibimos su Cuerpo y su Sangre».

«El primer don es la sabiduría, que os hace descubrir cuán bueno y grande es el Señor y, como lo dice la palabra, hace que vuestra vida esté llena de sabor, para que, como decía Jesús, seáis “sal de la tierra”».

«Luego el don de entendimiento, para que comprendáis a fondo la Palabra de Dios y la verdad de la fe».

«Después viene el don de consejo, que os guiará a descubrir el proyecto de Dios para vuestra vida, para la vida de cada uno de vosotros».

«Sigue el don de fortaleza, para vencer las tentaciones del mal y hacer siempre el bien, incluso cuando cuesta sacrificio».

«Luego el don de ciencia, no ciencia en el sentido técnico, como se enseña en la Universidad, sino ciencia en el sentido más profundo, que enseña a encontrar en la creación los signos, las huellas de Dios, a comprender que Dios habla en todo tiempo y me habla a mí, y a animar con el Evangelio el trabajo de cada día; a comprender que hay una profundidad y comprender esta profundidad, y así dar sentido al trabajo, también al que resulta difícil».

«Otro don es el de piedad, que mantiene viva en el corazón la llama del amor a nuestro Padre que está en el cielo, para que oremos a él cada día con confianza y ternura de hijos amados; para no olvidar la realidad fundamental del mundo y de mi vida: que Dios existe, y que Dios me conoce y espera mi respuesta a su proyecto».

«El séptimo don es el temor de Dios —antes hablamos del miedo—; temor de Dios no indica miedo, sino sentir hacia él un profundo respeto, el respeto de la voluntad de Dios que es el verdadero designio de mi vida y es el camino a través del cual la vida personal y comunitaria puede ser buena».

Frases de San Juan Pablo II acerca de Dones del Espíritu Santo

«Además, el conocimiento sapiencial nos da una capacidad especial para juzgar las cosas humanas según la medida de Dios, a la luz de Dios. Iluminado por este don, el cristiano sabe ver interiormente las realidades del mundo: nadie mejor que él es capaz de apreciar los valores auténticos de la creación, mirándolos con los mismos ojos de Dios».

La palabra “inteligencia” deriva del latín intus legere, que significa “leer dentro”, penetrar, comprender a fondo. Mediante este don el Espíritu Santo, que “escruta las profundidades de Dios” (1 Cor 2,10), comunica al creyente una chispa de capacidad penetrante que le abre el corazón a la gozosa percepción del designio amoroso de Dios. Se renueva entonces la experiencia de los discípulos de Emaús, los cuales, tras haber reconocido al Resucitado en la fracción del pan, se decían uno a otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras hablaba con nosotros en el camino, explicándonos las Escrituras?” (Lc 24:32)»

«El don de consejo actúa como un soplo nuevo en la conciencia, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma (cfr San Buenaventura, Collationes de septem don is Spiritus Sancti, VII, 5). La conciencia se convierte entonces en el «ojo sano» del que habla el Evangelio (Mt 6, 22), y adquiere una especie de nueva pupila, gracias a la cual le es posible ver mejor que hay que hacer en una determinada circunstancia, aunque sea la más intrincada y difícil».

«Cuando experimentamos, como Jesus en Getsemani, “la debilidad de la carne” (cfr Mt 26, 41; Mc 14, 38), es decir, de la naturaleza humana sometida a las enfermedades físicas y psíquicas, tenemos que invocar del Espíritu Santo el don de la fortaleza para permanecer firmes y decididos en el camino del bien. Entonces podremos repetir con San Pablo: “Me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte”” (2 Cor 12, 10)».

«El hombre, iluminado por el don de la ciencia, descubre al mismo tiempo la infinita distancia que separa a las cosas del Creador, su intrínseca limitación, la insidia que pueden constituir, cuando, al pecar, hace de ellas mal uso. Es un descubrimiento que le lleva a advertir con pena su miseria y le empuja a volverse con mayor Ímpetu y confianza a Aquel que es el único que puede apagar plenamente la necesidad de infinito que le acosa».

«El don de la piedad, además, extingue en el corazón aquellos focos de tensión y de división como son la amargura, la cólera, la impaciencia, y lo alimenta con sentimientos de comprensión, de tolerancia, de perdón. Dicho don está, por tanto, en la raíz de aquella nueva comunidad humana, que se fundamenta en la civilización del amor».

«El Espíritu Santo asume todo este conjunto y lo eleva con el don del temor de Dios. Ciertamente ello no excluye la trepidación que nace de la conciencia de las culpas cometidas y de la perspectiva del castigo divino, pero la suaviza con la fe en la misericordia divina y con la certeza de la solicitud paterna de Dios que quiere la salvación eterna de todos. Sin embargo, con este don, el Espíritu Santo infunde en el alma sobre todo el temor filial, que es el amor de Dios: el alma se preocupa entonces de no disgustar a Dios, amado como Padre, de no ofenderlo en nada, de “permanecer” y de crecer en la caridad (cfr Jn 15, 4-7)».

Preguntas para profundizar acerca de Dones del Espíritu Santo

¿Qué son los Dones del Espíritu Santo?

Son siete regalos de Dios, infundidos en nuestros corazones desde el día de nuestra Confirmación, para poder perseverar en nuestra vida cristiana. Así como nosotros nos comprometimos con Cristo y Su Iglesia, confirmando nuestra Fe y aceptando la invitación de Dios a ser sus apóstoles, Él se compromete con nosotros, dándonos los Dones del Espíritu Santo para que podamos alcanzar el ideal de llegar a la comunión eterna.

¿Por qué necesitamos los Dones del Espíritu Santo?

Dios conoce nuestras buenas intenciones, pero también nuestra fragilidad. Esta es nuestra constante realidad. Por ello, nos da las herramientas que necesitamos para poder perseverar en ese compromiso que hicimos con Cristo desde el día de nuestra Confirmación. Los Dones del Espíritu Santo, nos abren la inteligencia a las realidades espirituales y nos hacen dóciles a los designios de Dios, fuertes en el combate espiritual, perseverantes en medio de las dificultades y tropiezos, claros para tomar las mejores decisiones, fervorosos en nuestra búsqueda de ser coherentes con el Plan del Padre, receptivos a los buenos consejos de los hermanos en la fe, hombre y mujeres de fe y de piedad.

¿Cuáles los Dones del Espíritu Santo?

Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad, Temor de Dios.

#14 ¿Qué es la Confirmación?
#15 Pentecostés
#16 Plenitud del Bautismo
#17 Testigos de Cristo en el Mundo
#19 Efectos de la Confirmación

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