En este segundo capítulo de la serie sobre los sacramentos, profundizamos en lo que significa ser hijos de Dios:

Y para reflexionar…

El Catecismo nos ayuda a comprender:

1236 El anuncio de la Palabra de Dios ilumina con la verdad revelada a los candidatos y a la asamblea y suscita la respuesta de la fe, inseparable del Bautismo. En efecto, el Bautismo es de un modo particular “el sacramento de la fe” por ser la entrada sacramental en la vida de fe.

1238 El agua bautismal es entonces consagrada mediante una oración de epíclesis (en el momento mismo o en la noche pascual). La Iglesia pide a Dios que, por medio de su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a fin de que los que sean bautizados con ella “nazcan del agua y del Espíritu”.

1243 La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha “revestido de Cristo”: ha resucitado con Cristo. El cirio que se enciende en el Cirio Pascual, significa que Cristo ha iluminado al neófito. En Cristo, los bautizados son “la luz del mundo”.

El nuevo bautizado es ahora hijo de Dios en el Hijo Único. Puede ya decir la oración de los hijos de Dios: el Padre Nuestro.

1270 Los bautizados “renacidos [por el bautismo] como hijos de Dios están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia” y de participar en la actividad apostólica y misionera del Pueblo de Dios.

Citas Bíblicas para profundizar:

Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Gálatas 3:26-27

Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos. Salmos 103:13

Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni te ofendas por sus reprensiones. Porque el Señor disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido. Proverbios 3:11-12

Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Mateo 6:6

Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Juan 14:13

Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:27

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Romanos 8:16

Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios. Mateo 5:9

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al Padre, ama al que ha nacido de Él. En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos. 1 Juan 3:1-3

El “ser hijo de Dios” en las palabras del Papa Francisco:

“El Hijo de Dios en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura”. (Evangelii Gaudium, 88).

“Nosotros somos hijos de Dios gracias a Jesús, y nadie nos puede robar este documento de identidad”.

“¡El Padre me ama y yo amo al Padre! Pidamos al Señor la gracia de entender bien esta obra suya, esto que Dios ha hecho en Él: Dios ha reconciliado consigo el mundo en Cristo, encomendando a nosotros la palabra de la reconciliación y la gracia de llevar adelante con fuerza, con la libertad de los hijos, esta palabra de reconciliación”.

“Dios también llora: su llanto es como aquel de un padre que ama a los hijos y jamás los reniega incluso si son rebeldes, sino que los espera siempre”.

“Nos hace pensar a la primera parte del Credo cuando decimos ¡Creo en Dios Padre…Nos hace pensar en la paternidad de Dios. Pero Dios es así. ¡Dios es así con nosotros!”.

“Dios ama y comprende el sufrimiento de los hombres como una madre comprende a sus hijos”, regresando sobre el tema de la “maternidad” de Dios”.

El “ser hijo de Dios” en las palabras de San Juan Pablo II:

“La Iglesia es la caricia del amor de Dios al mundo”.

“Dios, creador de todas las cosas y Señor del cosmos, está unido con cada hombre y mujer por una relación de amor”.

El “ser hijo de Dios” en las palabras de Benedicto XVI:

“Dios se hizo hijo del hombre para que nosotros nos convirtiéramos en hijos de Dios”.

“En su Hijo, Dios nos ha revelado su rostro de Padre, un rostro de amor, de esperanza”.

“En nuestros sufrimientos jamás somos dejados solos. Dios, en su Hijo, sufrió primero y está a nuestro lado en nuestros sufrimientos”.

“Dios asumió la condición humana para sanarla de todo lo que la separa de Él, para permitirnos llamarle, en su Hijo unigénito, con el nombre de «Abbá, Padre» y ser verdaderamente hijos de Dios”.

“La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor”.

“La “luz amable” de la fe nos lleva a comprender la verdad sobre nosotros mismos, nuestra dignidad de hijos de Dios y el destino sublime que nos espera en el cielo”.

“¿Cómo cultivar la semilla de la vida eterna a medida que el niño va creciendo? San Cipriano nos recuerda: «Nadie puede tener a Dios por Padre, si no tiene a la Iglesia por Madre». Por ello, no decimos Padre mío, sino Padre nuestro, porque sólo en el «nosotros» de la Iglesia, de los hermanos y hermanas, somos hijos”.

“En la base de nuestro camino de fe está el bautismo, el sacramento que nos dona el Espíritu Santo, convirtiéndonos en hijos de Dios en Cristo, y marca la entrada en la comunidad de fe, en la Iglesia: no se cree por uno mismo, sin el prevenir de la gracia del Espíritu; y no se cree solos, sino junto a los hermanos. Del bautismo en adelante cada creyente está llamado a revivir y hacer propia esta confesión de fe junto a los hermanos”.

“Encontrar la propia identidad en Cristo significa llegar a la comunión con él, que no me anula, sino que me eleva a una dignidad más alta, la dignidad de hijo de Dios en Cristo”.

Centro de Estudios Católicos

El Centro de Estudios Católicos CEC nace en 1969 en Lima (Perú), como una iniciativa de un grupo de jóvenes universitarios.

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