La libertad de expresión está íntimamente ligada a la dignidad y a la autorrealización de cada ser humano. Se trata de un derecho fundamental que permite que toda persona tenga las posibilidades de expresión necesarias para el despliegue de su “ser” en el mundo, ya que sólo de esa manera podrá descubrir caminos que lo conduzcan hacia su auténtica felicidad y la de los demás. Me explico.

«Libertad de expresión, en todas sus formas y manifestaciones, es un derecho fundamental inherente a todas las personas; es además un requisito indispensable para la existencia de una misma sociedad» ((Comisión Andina de Juristas. Derechos Humanos, Democracia y Libertad de Expresión, Lima 2002. Este es un libro que reúne conferencias de autores de varios países latinoamericanos.)).

libertad-de-expresion1Fruto de la libertad de expresión, se comprende que cada ser tendrá otros derechos (como el de la comunicación o la información, por ejemplo), que saciarán la necesidad de relacionarnos entre nosotros; y también de cultivar valores intrínsecos como la creatividad, la amistad, las artes, el deporte, entre otros. Por ello, podemos decir que este derecho es intocable y bajo ninguna circunstancia se puede privar a nadie de utilizarlo.

Recordemos brevemente el porqué de nuestra existencia: «No es bueno que el hombre esté solo» ((Gén. 2,18-23.)). Esta frase del génesis está sellada en nuestro interior y se manifiesta mediante una necesidad de relación. Y es muy importante que el ser humano se comunique, que lleve a cabo sus planes de vida y deseos más profundos. Tan importante es este derecho que lo encontramos entre los primeros cinco artículos de toda constitución política de cualquier país democrático. Cito la de mi país: «Toda persona tiene derecho a las libertades de expresión, información, opinión y difusión del pensamiento mediante la palabra oral o escrita o la imagen, por cualquier medio de comunicación social, sin previa autorización ni censura ni impedimento algunos…» ((Artículo II. Constitución Política del Perú)).

Es en el ejercicio recto de la libertad de expresión cuando se comienza a forjar una sociedad más justa y reconciliada; conformada por individuos que busquen el desarrollo desde la integración y desde la comunicación. Justamente, la palabra comunicar proviene del latín “comunicare”, que significa “hacer común”. Y cuando las personas hacen común a ellas las tradiciones, la cultura, la historia y demás conocimientos, se impulsa una sociedad con identidad, con personas que buscan realizarse en este mundo, por medio de buenos caminos (haciendo un buen uso de sus derechos).

libertad-de-ExpresiónEl procedimiento de ese “hacer común” implica, entonces, la expresión de cada uno. Y por supuesto que también implica el ejercicio de la opinión y de la crítica, para mejorar las ideas y dejar atrás los óbices que producen la fractura social (actos informales y actos ilegales, por ejemplo).

¿Qué lugar tienen los deseos, el placer y el entretenimiento en la libertad de expresión? Lo suficiente como para no complicar el camino hacia la felicidad que tiene cada persona, porque el concepto de felicidad no implica dejarnos llevar por el gusto y el disgusto, sino de lo que sea necesario para que todos (familiares, amigos y la sociedad, en general), superen los problemas del día a día y puedan encaminarse hacia una nación fraterna, enraizada en la confianza y en la solidaridad mutua.

¿Qué sucede cuando no se hace un uso adecuado de la libertad de expresión? La respuesta puede evaluarse a partir de otra pregunta ¿Aquél acto me ayuda a ser feliz a mí y a mi entorno social? Hay que tener mucho cuidado porque «todo me es permitido, pero no todo me conviene» ((1Cor. 10,23.)). Como mencionaba al inicio, libertad de expresión está íntimamente ligada a la dignidad y autorrealización, no al deseo material, ni menos a lo que ofrecen los medios de comunicación hoy en día. Justamente, por eso señala Savater: «Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir -todos sin excepción- por la cuenta que nos trae» ((Fernando Savater. Ética para Amador.)).

© 2013 – Franco Mori Petrovich para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Franco Mori Petrovich

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