El diputado chileno Felipe de Mussy viajó a Venezuela para constatar la situación que se vive en ese país. Lo acompañaron el senador Francisco Chauán y el diputado José Manuel Edwards, quienes se reunieron con líderes de oposición y vivieron en carne propia situaciones de violencia.

Los índices de violencia en Venezuela son cada vez más altos. La crisis que enfrenta el gobierno de Nicolás Maduro cruzó fronteras y en Chile hay sectores que apoyan su gestión y otros que la rechazan categóricamente. En este grupo es donde se encuentra el diputado por la Región de Los Lagos, Felipe de Mussy, miembro de la Comisión Permanente de Derechos Humanos en el parlamento.

De Mussy habló con el CEC y contó su experiencia y conclusiones del viaje. Además, mencionó que su interés es que “como país tengamos un rechazo bastante fuerte y claro respecto a lo que está pasando”.

IMG-20140422-WA00295361b8ec390f2.jpg¿Cómo viste la situación allá en términos de violencia? ¿Sigue tan violenta como se ha mostrado en los medios de comunicación?

La verdad es que no es un país que esté en estado de sitio. No es que tú vayas y tengas que estar escoltado, o que veas que las calles están desoladas. Uno ve gente subiéndose a las micros, gente caminando, gente trotando y de alguna forma el país sigue funcionando.

Básicamente lo que nos tocó ver en terreno, primero fue conversar con mucha gente, con los medios de comunicación, los líderes estudiantiles, con gente de oposición, de los sindicatos, de gremios, con personas que habían sido torturadas o con familias que tienen personas detenidas, etc. Pero después salimos a las calles y se ve que hay un malestar generalizado bien impresionante.

Por otro lado, la oposición, todas estas marchas pacíficas no están coordinadas unas con otras. O sea, hay muchos jóvenes, hay muchas mamás que en el fondo están dispuestas a morir marchando por hacer que Venezuela sea un país libre, un país donde no haya tanta violencia, donde ellos puedan sentir que se puedan desarrollar o que pueden seguir viviendo en un futuro. También muchas mamás que me decían “yo no quiero que un hijo mío viva en un país así, no tener el susto de que mi hijo cuando salga del colegio, no saber si vuelve o no porque puede ser asesinado”.

¿O sea que la oposición que vemos en la calle son grupos disgregados, son grupos pequeños?

IMG-20140422-WA00325361b8ee099f1.jpgNo son grupos chicos, sino que de alguna forma como la libertad de expresión está tan restringida, el Twitter se ha convertido como en un instrumento de comunicación muy importante, entonces se definen lugares de marcha pacífica en que llegan miles de personas. El tema es que en general las marchas están más lideradas por los estudiantes, por los grupos de líderes estudiantiles.

Pero por otro lado, uno ve que se han formado tres campamentos, y creo que se van a seguir formando. Se toman plazas urbanas donde levantan carpas de camping y a modo de protesta pacífica muchos jóvenes viven ahí, duermen ahí. Hay uno por ejemplo afuera de la oficina de la ONU, y en el fondo les exigen una respuesta. En ese campamento, en específico, hay diez jóvenes en una huelga de hambre.

En otro campamento, por ejemplo, lo que hacen es recibir a los jóvenes o a las personas que son heridas en las marchas. Los reciben y tienen cirujanos, enfermeras, entonces los ayudan porque los hospitales no los atienden.

No es que estén desorganizados o sean grupos pequeños, sino que no existe una cabeza de oposición que sea por ejemplo un líder de oposición puntual, o un diputado de oposición puntual o alguien así, sino que es más que nada un movimiento social y esa es una de las cosas que más me llamó la atención, que yo personalmente pensé que era más organizado desde la oposición política.

¿Y qué pasa con esta oposición que nosotros vemos que se ha sentado a dialogar con el presidente Nicolás Maduro? ¿Tiene una conexión directa con este movimiento de las calles que mencionas?

Personalmente creo que primero no están todos los entes de oposición sentados en esta mesa de diálogo, y efectivamente, estos son entes de oposición política.

Yo tuve una reunión con 18 líderes estudiantiles que en el fondo son los “Giorgio Jackson, las Camila Vallejo” de cuatro años atrás en Chile, y yo les quise hacer una pregunta bien dura. Yo quería preguntarles: ‘y bueno, cuántos son ustedes títeres de los partidos políticos’. Y antes de que yo hiciera la pregunta, uno de ellos me dijo: ‘nosotros sentimos que los partidos políticos, los líderes de oposición nos han dejado botados’.

Entonces, si tú me preguntas, claramente la oposición política es importante, es parte fundamental y es lo que llega al mundo internacional. Pero las movilizaciones en terreno, las marchas están compuestas por gente común y corriente liderada más que nada por los líderes estudiantiles, la mayoría de ellos universitarios, pocos secundarios y muchas familias, y mucha gente que se suma a esto.

¿La gente está sola?

No te podría decir que están totalmente solos ni tampoco que tengan una representación en esta mesa de diálogo. Pero lo que tengo claro es que esto no es una tramoya de los líderes de oposición política para desestabilizar el país, sino que el país en el fondo se siente pasado a llevar.

Estas movilizaciones partieron por la violencia. El año pasado hubo 25 000 asesinatos, el segundo país con más asesinatos del mundo, y eso se ha agravado con la falta de abastecimiento en supermercados, la inseguridad, la independencia de los poderes del estado que prácticamente no existe. Es impresionante cómo los jueces si no fallan de manera rápida y bastante arbitraria, los terminan destituyendo y encarcelando.

Las imágenes que más aparecen en los medios son las de la violencia, el desabastecimiento, etc., y es también lo que me mencionas ahora, pero ¿qué tan fidedigna es la realidad que nosotros estamos viendo de Venezuela, por ejemplo en las protestas, donde los niveles de violencia y abuso de las autoridades son tremendos? ¿Es así o es una exageración?

YIMG-20140422-WA00245361b8e83fc63.jpgo participé en una protesta con los diputados. En un momento empezaron a disparar las bombas lacrimógenas famosas. Yo hasta ese minuto te hubiera dicho que es parecido a lo que pasa en Chile, pero ellos tienen ciertas armas de disuasión. Por ejemplo, estas bombas lacrimógenas que por instrucción uno debiera lanzarla hacia arriba para que a la gente no le llegue directamente, o lanzarla hacia el suelo, la verdad es que está demostrado que ellos las están lanzando a la gente. Hay muchas personas que han quedado ciegas porque les llegan las bombas lacrimógenas en la cara.

Después hay balines. Ellos usan unos tipos de balines que son de goma, de escopetas. También las instrucciones son que se tienen que disparar al suelo, para que en el fondo reboten y le llegue con menos fuerza a los manifestantes, pero ellos lo están disparando a quemarropa. Tanto así, que una niña murió por un disparo a quemarropa de estos balines en la cara.

Yo lo viví en carne propia también. En una manifestación, donde ya nos dimos cuenta que empezaron a tirar las bombas lacrimógenas a todos, la manifestación se disolvió bastante y yo quedé en una esquina desde donde veía un paso sobre nivel. Abajo había harta gente en forma pacífica, conversando, hablando por celular, y tú veías arriba del paso sobre nivel, lleno de policías armadas, con escudo y todo.

En un minuto nos fuimos a almorzar. Yo andaba con un diputado y unos jóvenes líderes estudiantiles. Nos fuimos a almorzar a una pizzería que quedaba como a 4 cuadras de ahí, y dentro de la misma pizzería aparecieron los mozos agarrando todas las mesas de afuera y metiéndolas adentro y cerrando con llave. Nosotros nos preguntamos qué pasa acá, y parece que lo que hacen ellos es atacar a los que se quedan manteniendo la manifestación, que en el fondo son los más extremistas, los más duros de las manifestantes. Después esta fuerza, que es la Guardia Nacional, de alguna forma lo que hace es rodearlos y ahí a ellos “los hacen pedazos”.

Nosotros salimos del restaurante como media hora después y llegamos a uno de estos campamentos, y comenzaron a llegar jóvenes, una niña de 16 años prácticamente con un paro cardiorrespiratorio. Entonces uno dice: ‘pero por qué, cuando yo me fui no había esto’.

Ahí me explicaban que en el fondo la violencia viene para los grupos que se quedan manifestando.

Lo otro que está pasando, que también es vulneración a los derechos humanos, es que los detienen sin orden de detención y muchas veces los mantienen 24, 48 y hasta 72 horas incomunicados. Las familias no saben, no pueden hablar con los abogados ni nada. Finalmente aparecen bastante machucados, con golpizas, ha habido violaciones, un joven que fue violado con un fusil, cosas tremendas.

En un país donde hay desestabilización, donde hay manifestaciones constantes, podrían darse excesos y abuso de fuerzas en protestas como algo dentro del marco “normal” por lo que está sucediendo, porque hay un enfrentamiento frecuente. ¿Pero podemos decir que hay torturados políticos en Venezuela?

Sí, está habiendo tortura.

Hay una ONG que se llama Foro Penal, que en el fondo es de las pocas que está trabajando en Venezuela, porque la verdad es que a los órganos internacionales les tienen cerrado el paso. Ellos tienen alrededor de 90 casos de tortura y esos son los conocidos.

¿Qué opinas de que acá en Chile haya sectores políticos que creen que esta situación que vive Venezuela es una artimaña de la oposición para desestabilizar el gobierno de Nicolás Maduro y que muestran un apoyo explícito al presidente y a sus medidas, aún ante cuestionamientos internacionales?

Primero quiero ser bien enfático: Nosotros nos reunimos con todos los sectores de oposición, no solamente con los políticos, sino también con los líderes estudiantiles, con los medios de prensa, etc. Y te diría que nadie, ni siquiera asomó la idea de que el gobierno de Maduro termine por la violencia o por un golpe de estado o algo así. Nadie.

Pero sí, están de una forma divididos; hay una parte de la oposición que quiere esperar hasta el 2019 a las próximas elecciones y ver cómo el país se va desintegrando en estos próximos cinco años para ahí de una vez tomar el poder; y hay otro grupo de oposición que lo que quiere es a través de la Constitución vigente, que existe hoy en Venezuela, hay unos artículos que pueden llamar a la revocación del mandato del gobierno, pueden pedir asamblea constituyente, pueden pedir la renuncia. Para eso tienen que juntar firmas, una serie de antecedentes que tienen que hacer. Pero te vuelvo a decir, eso bajo la ley existente, la Constitución, los artículos, etc.

Entonces el que haya grupos aquí en Chile que dicen que nosotros, o la gente que critica esta situación, quiere derrocar un gobierno socialista es mentira, porque aquí nadie quiere derrocar a nadie, sino que a través de la no violencia y de las instituciones vigentes -que son bastante poco creíbles, pero bueno- tratar de que también este gobierno no llegue a su fin porque en el fondo no da más.

Creo que estas críticas son más bien ideológicas, es decir, de un gobierno cercano a la izquierda extrema, muy cercano a Cuba, socialista, medio comunista y que en el fondo cree que simplemente porque un gobierno fue elegido democráticamente hay que aceptarle todo. Y ahí es donde yo digo que hay mucha gente en Venezuela que no confía en el sistema electrónico de votación, ahí uno podría preguntarse si realmente es tan fiable; y los segundo es que un gobierno elegido democráticamente también se puede convertir en una dictadura o un régimen totalitario, y objetivamente creo que eso es lo que está pasando.

¿Qué le puede enseñar a Chile la experiencia que está viviendo Venezuela?

Algo que nos está pasando en Chile es que somos meros espectadores, cada uno se va para su casa, cada uno tiene su trabajo, los diputados cada uno en sus comisiones, etc. Y yo siento que de alguna forma el apoyo o postura de lo que está pasando en Venezuela, es más de un punto de vista político.

A mí por ejemplo, me critican por ser de la UDI, que cómo estoy hablando de derechos humanos cuando mi partido supuestamente apoyó y avaló violaciones a los derechos humanos en la época de Pinochet. Entonces ahí es donde yo digo que los derechos humanos no tienen colores políticos.

Yo he escuchado a diputados de la Nueva Mayoría diciendo que los derechos humanos sí tienen colores políticos. Y eso es algo que tenemos que aprender con respecto a la objetividad de las cosas, respecto al pasado que nosotros vivimos, pero también la postura que tenemos que tener hacia afuera, hacia los países vecinos y también obviamente para el futuro de Chile, que esperemos que nunca vuelvan a ocurrir este tipo de situaciones.

¿Puedes contarnos algunos testimonios de gente que conociste allá que te llamaron la atención?

Me llamaron la atención varias cosas, por un lado ellos tienen carteles y mensajes escritos por todos lados. Hay frases bien fuertes, y como que cada una te hace pensar mucho.

Por otro lado hubo dos testimonios que me impactaron en estos campamentos montados por jóvenes. Ahí me puse a conversar con la gente y vi el caso de un joven de 16 años asmático que estuvo a punto de dejar de respirar. Después conversamos, se emocionó y me contó que él era chavista, pero me dijo ‘esto no tiene nombre’. Él estaba también muy agradecido de alguien de afuera estuviese ahí ayudando. El mensaje que quería transmitir era ‘por favor ayúdenos’.

En ese mismo campamento tengo el testimonio de una señora. Ella partió contándome que ella tenía un marido y un niño de 9 años, pero que llevaba 15 días viviendo en este campamento apoyando a los jóvenes. Ella lloraba y me decía: “no quiero que mi hijo crezca en un país así, no quiero estar todos los días rogando para que mi hijo vuelva del colegio vivo, no quiero que mi hijo no tenga posibilidades de desarrollarse como persona y ser libre, y que finalmente tengamos que irnos de Venezuela por culpa de Maduro”. Ella dejó de lado a su marido y a su hijo para ayudar a estos jóvenes, que de alguna forma se están inmolando para pedir la libertad de Venezuela.

¿Qué pretenden hacer con la información que recopilaron en terreno y a través de los testimonios?

Bueno, la idea es plantear esto en la comisión de derechos humanos, pero tenemos que ver cómo sale porque el presidente de la comisión es Hugo Gutiérrez del Partido Comunista y probablemente no va a apoyar mucho ningún tipo de acción.

También tendremos reuniones con representantes del movimiento de venezolanos que apoya a su país desde Chile para ver de qué manera podemos ayudar y qué herramientas podemos utilizar para que finalmente en nuestro país, el Poder Ejecutivo sea bastante enfático en rechazar lo que está pasando.

© 2014 Camila Bustamante para el  Centro de Estudios Católicos – CEC

Camila Bustamante

Camila vive en Santiago de Chile.

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