papa_enfermosLas muestras de afecto y bondad del Papa Francisco a nuestros hermanos enfermos y más necesitados siguen sobrecogiendo al mundo. Son actitudes, gestos, que evidencian un talante espiritual y evangélico frente a la realidad. Afianzándonos en lo esencial. Siguiendo con una renovación en continuidad en un momento en que la Iglesia necesita respirar un aire distinto.

Las bienaventuranzas son el camino que cada cristiano debe recorrer para ser signo de contradicción. Son una pauta para nuestro crecimiento espiritual. Jesús nos dice «Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos». ¿Quién es el pobre de espíritu? ¿A qué se refiere con eso? Benedicto XVI escribe que el testimonio de los santos es la mejor manera de explicar el significado de cada bienaventuranza, pues «los santos son los verdaderos intérpretes de la Sagrada Escritura». Y particularmente al hablar de esta nos brinda el testimonio de San Francisco de Asís, quien «entendió la promesa de esta bienaventuranza en su máxima radicalidad; hasta el punto de despojarse de sus vestiduras y hacerse proporcionar otra por el obispo como representante de la bondad paterna de Dios, que viste a los lirios del campo con más esplendor que Salomón con todas sus galas. Esta humildad extrema era para Francisco sobre todo libertad para servir, libertad para la misión, confianza extrema en Dios, que se ocupa no sólo de las flores del campo, sino sobre todo de sus hijos».

San Francisco ejemplifica esa libertad que motiva a besar al enfermo, abrigar al desnudo, abrazar al pobre, saliendo al encuentro del otro y entrando en comunión con él. El Papa Ratzinger explica que nuestro santo simplemente quería «reunir de nuevo al Pueblo de Dios para escuchar la Palabra sin que los comentarios eruditos quitaran su rigor a la llamada».

[pullquote]Esta sencillez de lo esencial del mensaje de Cristo, renovó y cambió a la Iglesia porque cambió los corazones, los situó en tensión de santidad, sacando a la luz la experiencia que describe San Pablo: «atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados».[/pullquote]

Francisco, nuestro Papa, mencionó en una entrevista lo siguiente: « No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello… ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar (…) El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús (…) La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales».

Aunque inicialmente nos resulte extraño lo mencionado por Francisco, no deja de ser veraz pues sólo en el contacto con lo esencial encontraremos realmente el camino para el anuncio adecuado de la Verdad. Esta humildad, en un primer momento, puede ser mal interpretada, no comprendida, mas debe ser leída a la luz de la explicación que hace Benedicto XVI de San Francisco de Asís. Es decir, la sencillez del Evangelio evidencia la radicalidad de la vida cristiana que manifestada en la humildad de la existencia nos llama a la contemplación de lo esencial.

¿Esta no será la invitación que nos hace el Papa? Creo que sí. En ningún momento niega la posición firme que tiene la Iglesia en relación con todos estos puntos controvertidos. Sino que nos podemos preguntar, en un mundo relativista, nihilista ¿será la mejor forma de afrontarlos? ¿No deberemos, como los primeros cristianos, cuestionar con nuestro testimonio de vida los corazones de estos hermanos?

En esta línea la preocupación y el trabajo solidario con los más necesitados tiene un papel protagónico, pues se convierte en testimonio de quien encarna el Evangelio, las bienaventuranzas; sin alarde, con sobriedad y perseverancia. Debemos renovar a la Iglesia con la oración que se vuelque en la acción, pues cuando se ve al católico visitando a los enfermos, dando de comer al hambriento, compartiendo con los ancianos, abrazando al triste, es cuando se hace evidente a los ojos del mundo la realidad de la caridad cristiana.

Es pues la Palabra de Dios la que une a estos tres hombres y nos muestra el camino a seguir. Estemos atentos al Espíritu Santo para que junto a él podamos acompañar a nuestro Papa, obedeciendo y caminando por el sendero que el Espíritu santo va iluminando.

© 2014 – Víctor Ramos para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Víctor Ramos

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