A todos nos encanta recibir regalos, ¿verdad? Sacar esos papeles con la ansiedad de encontrar algo que realmente nos guste tras ese paquete…pero, ¿qué pasa si recibimos un regalo que realmente nos puede cambiar la perspectiva de la vida… e incluso de la muerte?

Hoy les quiero contar una experiencia personal que viví hace poco. Hace unos días murió mi abuelo…Sí, ya estaba cansado y enfermo hace tiempo…y bueno, con la vorágine del día de su muerte pudimos dejarlo muy tarde en la Iglesia para el velorio. Alcanzamos a estar ahí, con su cuerpo, sólo unos pocos minutos antes de tener que irnos. Cuando nos íbamos mi madre me dice: “¡Qué pena tener que dejarlo ahí solito!” Y yo la verdad, respondí sin mucha duda, con pena claro, pero muy tranquila y en paz: “Mamá, el tata no está ahí…el tata está con nosotros, aquí caminando con nosotros, está en tu corazón y ahí se quedará para siempre. Ahí, sólo quedó su cuerpo…” Y mi madre me respondió: “Ojalá tuviera tu fe”.

Y la verdad la respuesta de mi mamá me hizo reflexionar cuatro cosas:

Primero, ¡qué grande es el regalo de la fe! Es justamente esa fe la que nos hace creer que la muerte no acaba completamente con la vida. Efectivamente le pone fin al cuerpo físico, ese cuerpo que es prestado, pero el recuerdo de quien se nos va, lo que vivimos con él, todos esos bellos momentos se atesoran en el corazón y se quedan con nosotros para siempre…el espíritu no se va, permanece aquí…para siempre…y eso reconforta el corazón y nos da paz.

Segundo, efectivamente la fe es un don, pero trae consigo una tremenda responsabilidad de la que tenemos que hacernos cargo, que tiene que ver justamente con ser testigos y proclamadores de esa fe. No puedo explicarles las ganas que tenía de abrirme el pecho y simplemente sacarme un pedacito de fe y pasársela a mi madre en ese momento. Pero no funciona así. Lo que sí puedo hacer y sí está en mis facultades es dar cuenta de esa fe. No quedármela para mí, para mi propio consuelo, sino, no cansarme de transmitirle a mi madre que mi abuelo no se fue…El don de la fe, lleva consigo un deber. Como todo regalo, se debe compartir con los demás sin cansancio, confiando en que nosotros ponemos los medios y Dios el mensaje.

Tercero, si la fe no existe, ¡pues pídela! ¡Y no te canses de pedirla! Qué importante es confiar en que Dios quiere la fe para todos sus hijos y ojo! en forma desinteresada. Como todo regalo, se entrega gratis y en eso Dios no hace distinción alguna. Dios quiere darse a conocer en su plenitud de Misericordia y Paz a toda la humanidad. Y como Padre se enternece profundamente de sus hijos que le piden creer en Él. Y si tú que tienes un hermano, una hermana, un padre, una madre, un amigo, una amiga, que no tiene fe, ¡pues pide la fe para ellos! ¡Nunca te canses de pedir a Dios! Nada es imposible para Él.

Cuarto, los regalos no se pueden entregar sin brazos que quieran recibirlos. La fe no puede llegar a corazones que estén cerrados a recibirla. Somos completamente libres y Dios no va a entrar a un corazón que no quiera recibirlo. ¡Cuán importante es que con humildad, con sencillez, con lo que somos, con lo que Él sabe que somos nos sintamos dignos de recibir el regalo de la fe! Que creamos realmente que Dios quiere entrar a nuestro corazón y le abramos las puertas de él de par en par.

Para terminar, quiero decirles que la fe es un regalo que realmente cambió mi vida. La fe cambia la forma en que vemos al mundo. Mirar el mundo desde los lentes de la fe te da otra perspectiva de la vida…y no es irreal o celestial o demasiado elevada…todo lo contrario, es una perspectiva real, concreta, palpable…porque Dios está aquí, porque la vida vivida con Él se vive desde la misericordia, desde la confianza, desde el amor, desde la plena confianza de que somos hijos de un Dios que no nos abandona, que nos abraza, que nos da la paz y que nos conforta siempre. ¡Atrévete a abrir tus brazos para recibir el regalo de la fe!

María Jesús Vacarezza

María Jesús es Periodista y Licenciada en Comunicación Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile y durante toda su vida profesional ha servido en diversas instituciones sociales como son TECHO, Fundación Paréntesis y Fundación Trabajo para un Hermano.

Además ha participado en proyectos sociales como son Misión País, Trabajo País, Misión de Vida, entre otros y vivió una experiencia comunitaria durante 11 meses en la Población La Bandera de Santiago de Chile.

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