Tengo que decirlo, ¡me encanta ser mujer! Pero, ¿qué significa eso hoy en día ser mujer? Y, ¿qué significa ser mujer en la Iglesia, también, hoy en día?

Después de la visita del Papa Francisco a Colombia, comenzó a dar vueltas en las redes sociales un video que hablaba justamente del rol de la mujer en América Latina y para su Iglesia.

El Papa Francisco dijo que la esperanza de América latina tiene rostro femenino. ¿Que significa eso? ¿Cómo nos involucra a nosotras? ¿Qué rol, qué papel tenemos que jugar dentro de la Iglesia hoy? ¿Se trata de ocupar puestos que hoy día son liderados por hombres? ¿O es algo más? Sí, cada vez hay más mujeres ocupando puestos de liderazgo dentro de la Iglesia, también en el Vaticano, aunque en verdad todavía son pocas, deberían ser cada vez más, así como también debería haber más presencia laica de hombres y mujeres.

Pero en la igualdad de dignidad más que de emular roles tradicionalmente masculinos, se trata de que las perspectivas femeninas tengan la misma cabida dentro de la Iglesia.

El mismo Francisco ha dicho que se necesita una presencia más incisiva de la mujer dentro de la Iglesia y que la Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer; y antes de Francisco, Benedicto XVI ha resaltado el valor fundamental de la mujer dentro de la Iglesia; y el mismo Juan Pablo II ha hablado del “genio femenino” y dijo, en su tiempo, que se requería una teología sobre la mujer.

Y aquí un tema importante, porque si a lo largo de la historia ha habido mucho machismo en el mundo respecto al rol de la mujer, eso ha ido cambiando progresivamente y bueno y la Iglesia no ha estado ajena a esa influencia. Sin embargo, sobre todo después del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha ido tomando cada vez más conciencia sobre la dignidad y el rol, el papel de la mujer en la humanidad.

El Papa Francisco ha traído a la conciencia eclesial un modelo de mujer que es todo menos sumisa y secundaria, más bien muy activa y participativa. Una mujer que, como él mismo ha dicho, no está para la servidumbre, está para servir que es distinto; no para lavar los platos, sino para dar armonía al mundo. Mujeres que con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe.             

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