Ahora que estamos en el (así llamado) “mes del orgullo gay”, vale la pena reflexionar sobre eso, a fin de comprender mejor este fenómeno actual. Lo primero es saber que el grupo LGTB+ no es algo de nuestros tiempos. Viene desde mediados de los 60s y, desde entonces, es que reclaman sus derechos y sus espacios en la sociedad. Lo que en esa época eran conquistas, hoy en día ya son parte de la agenda política de muchos gobiernos, ONG´s y corrientes ideológicas. Lo acertado para estos tiempos actuales sería decir que ya no tienen solamente derechos, sino que ya ocupan un espacio “fuerte” en nuestra sociedad, haciendo, incluso, que sus creencias e ideologías sean enseñadas en colegios, defendidas por muchos medios de comunicación y tengan respaldo político.

La verdad es que merecen respeto. Pues es una elección – mala o acertada – que cada uno puede hacer en su vida. Las preguntas que debemos hacernos son:  ¿dicha opción es algo que corresponde o no a nuestra identidad como seres humanos?, ¿El nacer cromosoma XY o cromosoma XX, debería ser una base genética que define mi orientación sexual?, o ¿Está correcto, que un individuo que nace siendo hombre, pueda elegir vivir como mujer, transexual, bisexual, etc? Esta última pregunta es algo que, aunque suene raro, es cada vez más difícil de responder, y probablemente, aún más difícil de plantearse.

Lo digo pues, en la actualidad hablar de una “naturaleza” o “esencia” o “algo” que me define; que no depende de mis ideas o sentimientos, se entiende cada vez menos. Hoy, lo que vemos – así lo percibo yo – es que no tiene sentido preguntarse por “algo” que define mi identidad. Más bien, se trata simplemente de que yo elija “cómo soy”. Mi identidad depende de lo que a mí me gusta, y no cómo fui creado. Quizás esta palabra: “creado”, suena algo de Dios. Pero no. Lo que quise decir es que somos creados de determinada manera, independientemente de lo que a mí me dé la gana ser, años después. No soy yo el que decido la identidad con la que nazco. Nazco de determinada manera.

Muchas personas podrán decir: “pero si es libre… déjalo que decida…”  “¿Quién puede obligarlo a ser algo que no quiere?” Que hagan esas preguntas o afirmaciones el que quiera. Tienen y se merecen todo el respeto. Pero les invito a que investiguen un poco, y escuchen las historias de esas personas que hicieron esas decisiones y entérense de sus experiencias. ¿Cuáles son las consecuencias que experimentan después de años viviendo de acuerdo con lo que quieren y no lo que son? ¿Las consecuencias en vida? Decir que todos son libres es algo que suena muy hermoso. Pero más importante es saber si la decisión es acertada o no. Si lo que yo quiero vivir está de acuerdo con “quién soy”, más allá de mis gustos o disgustos. Obviamente, en una sociedad tan relativista, libertina, degradada como la nuestra, cada vez se hace más difícil saber lo que está bien o mal. Cómo debo o no vivir.

Termino esta reflexión con la siguiente idea: Todos queremos elegir lo que nos hace más felices. Tomamos decisiones para realizarnos de la forma más plena, por lo que vale la pena preguntarse: ¿Cómo debo vivir para darle un correcto sentido a mi vida? ¿Cómo debo vivir si quiero alcanzar una felicidad que anhela mi corazón? Depende de hacer lo que a mí me parezca mejor, o ¿depende de algunas “cosas” que son como son, independientemente de mis opiniones? Dicho de modo más simple: ¿Si nacemos hombre o mujer debemos vivir así o tenemos libertad absoluta para vivir como queramos, sin ningún tipo de repercusiones?

La pelota está en tu cancha. ¿Qué piensas?

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