Julio Cañas es un joven músico chileno que recientemente ha lanzado su primer álbum, titulado “La Cima”. Por esto hemos querido entrevistarlo para el Centro de Estudios Católicos, donde nos cuenta un poco de su historia y de su música…

Julio… ¿Cómo comenzó todo?

julio1Cuando dices “todo”, se me viene una vida completa, pero claro, hoy no nos da para que te diga toda mi vida.

Puedo decirte que desde pequeño compongo música. La verdad nunca he sido un gran músico, en el piano (que es mi instrumento principal), no soy una persona que destaque, la guitarra nunca he aprendido a tocarla muy bien, pero es cierto que desde que soy muy pequeño puedo crear mi propia música.

Antes de aprender a tocar piano, ya había compuesto algunas piezas con aquello que me sonaba bien. Mi primera canción en guitarra la hice sin conocer el nombre de los acordes que tocaba. La creación musical me ha acompañado toda mi vida, muy impulsada por mi familia, pero principalmente por mi papá, quien también es cantautor.

Componer y escribir son instancias que te permiten categorizar tu vida interior, lo que lo exterior genera en ti, aunque es cierto también que el artista corre el riesgo de utilizar su creación como recurso de “fuga”. Es fácil: en vez de enfrentar los problemas, los evado con una cancioncita melancólica (como muchas veces hice).

Entonces, ya terminando el colegio, yo quería estudiar composición musical. Cuando descubrí que Dios me quería cambiar los planes, para que yo fuera consagrado, busqué otra carrera. La razón de esto en realidad fue muy práctica: yo no quería estudiar música en Chile, y como iba a ser aspirante [al Sodalicio de Vida Cristiana], tenía que buscar una carrera para quedarme aquí.

Seguí como aspirante, un poco olvidándome de lo musical, hasta que el superior de la comunidad de ese entonces, Javier de la Flor, me escuchó tocando alguna de mis canciones y me dijo: «Julio vamos a grabar un álbum de música». Él quería hacer un muy buen trabajo y poner esa música en lugares tipo iTunes. Él descubría en las canciones que yo había hecho una manera de hacer apostolado, y me encomendó esta tarea.

Con la cooperación codo a codo de mi papá y mi hermano, emprendimos este fabuloso proyecto.

¿Y en qué momento la música pasó de ser un pasatiempo a un medio de apostolado?

Sería falso decir que a mí me gustaba tocar música solo para mi “vanagloria”. Sí descubría un gusto por complacer, entretener o hacer pasar un buen tiempo a los demás, mientras escuchaban mis canciones. Pero es cierto que la idea, categorizada, de hacer apostolado con mi música no surgió hasta que conocí el Movimiento de Vida Cristiana.

Cuando esto sucedió, mi vida cambió, tuve un encuentro profundo con Jesús, que me llevaba a ordenar toda mi vida hacia su misión y en ese sentido todo talento que haya depositado en mí.

A partir de entonces pensaba más las canciones que escribía, porque ya no se trataba solo de expresar aquello que “siento”, sino también de tomar conciencia de que lo que uno hace llega como mensaje a otros, y cuando la música es buena, el mensaje penetra con más fuerza. Por lo que descubría que tenía que tener una mayor preocupación por lo que transmitía. De alguna manera, la música que “yo” hacía para mí, para que yo categorice emociones y me sienta bien en momentos de dificultades, se había convertido en una manera de servir, en arte para los demás.

¿Por qué crees que es tan importante la música “profunda” hoy en día?

El arte en general no solo habla de Dios (por ser belleza), sino que también le habla al hombre sobre su humanidad. Un buen arte humaniza al hombre. Un arte superficial no logra elevar al hombre a su verdadera vocación, a reflexionar sobre el verdadero bien y su misión en este mundo. Creo que cuando hablamos de “profundidad”, podríamos traducirla como una auténtica búsqueda de la verdad. Porque hoy en día, el gran mercado de música superficial lo que hace es detener esa búsqueda, por lo que la música en vez de convertirse en un medio para descubrir verdades (descubrir así a Dios), se convierte en un medio de anestesiar nuestros problemas y dudas existenciales. Lo que debería ayudar a confirmar nuestro anhelo de infinito, se convierte en un sucedáneo.

Al mismo tiempo, nos ubicamos, creo yo, en un mundo que se ha vuelto particularmente superficial, donde reina el mercado del cuerpo, la búsqueda del éxito mundano, reinan ideas falsas que destruyen al hombre, como la idea de aborto como un bien y una necesidad (por ejemplo).

Entonces, frente a esto, se me viene a la cabeza una frase que leí una vez en el Youcat (catecismo para jóvenes): «Lo que no se puede decir con palabras, ni comunicar con el pensamiento, se expresa en al arte»; esto significa que el arte, y en este caso, la música, penetran ahí donde nada más lo hace. Y por lo tanto, esta cultura se hace aún más necesitada de buen arte, de música profunda que llega a todos los rincones (como en general hace la música). Y de esa manera cooperar en este cambio de cultura que tenemos que lograr: pasar de una cultura de muerte, a la de la verdadera vida humana.

10392500_10204945621697547_1393820012115546755_n¿Cómo fueron los aspectos técnicos de la preparación del disco?

Mi papá tiene en su casa un estudio casero que ha ido creando a lo largo de los años. Lo que siempre fue su sueño se hizo realidad. Tenemos ahí muy buenas herramientas de grabación, pero no tenemos lo demás, que es: un buen ingeniero de sonido, alguien que se maneje profesionalmente con los programas actuales y que nos ayude a perfeccionarnos.

Entonces lo que hicimos fue, crear y grabar en la casa de mi padre, para luego llevar todo el material a un estudio profesional. De esta manera nos ahorrábamos la mitad de las horas de estudio. Fue un largo recorrido, porque como ninguno de nosotros se dedica a esto, las horas de trabajo que teníamos eran escasas, fueron prácticamente todos los domingos en la mañana.

Íbamos sumando a personas que nos ayudaban con la grabación de otras voces e instrumentos, como mi hermana Bernardita que canta muy bien o Rodrigo, un hermano de mi comunidad que grabó una flauta genial.

Por otro lado, tuve la bendición de la compañía de un amigo peruano, Gabriel Calle, quien ha estado trabajando en un diseño gráfico, donde se ubiquen las canciones. Quisimos ponerle empeño a esto para subirle el “pelo” al álbum. Es toda una propuesta artística.

¿Qué comentarios te han hecho sobre que el “grupo” sea tu familia?… 

De hecho, la reacción de las personas debido a esto, era algo que yo no me esperaba. Algo testimonia una familia unida trabajando en esto. Efectivamente la gente se sorprendió de ver a una familia interpretando juntos y con el nivel con el cual resultó el lanzamiento. Además, creo que desde fuera se vio a una familia unida y eso hoy en día, va un poco contra la corriente, aunque al mismo tiempo es expresión de algo que finalmente toda familia busca.

¿Cómo conjugas la vocación a la vida consagrada y la música? ¿Crees que es posible ese encuentro?

Absolutamente; es más, a veces pienso que tal vez es más compatible que en otras vocaciones. Pues yo no tengo que mantener una familia, por lo que no tengo que buscar, necesariamente, ingresos a la hora de producir.

Lo difícil está en perder el norte, lo que una persona que ha consagrado su vida a Dios tiene que hacer es, ayudar a que las personas se encuentren con Él. Y es muy fácil convertirse en el centro de lo que uno hace, porque recibe aplausos y felicitaciones, que claro, no tiene nada de malo, pero la línea entre buscar el éxito y buscar el anuncio puede ser delgada.

Al mismo tiempo, la producción musical no tiene que ser ingenua y bruta. Como dice Pablo VI en la Evangelii Nutiandi, el apóstol tiene que hablar en el lenguaje de la cultura en la que se está desenvolviendo, obviamente sin transar en lo que no se puede. Por lo que cuando digo que hay que generar ese encuentro con Dios a través de la música, hay que hacerlo también de alguna manera astuta, buscar que la persona se adhiera a aquello que escucha, y que no la rechace inmediatamente. Ahí toca discernir cuál es el tipo de música que me toca crear y cuál es el público objetivo. No es lo mismo la música litúrgica que la música netamente apostólica (por ejemplo).

Entonces, la vocación musical y la vocación a la vida consagrada es compatible mientras la musical esté subordinada a la otra, porque en primer lugar soy consagrado y Dios me ha dado talentos que tengo que utilizar para ese fin último que es la construcción del reino.

¿Qué fruto esperas con “La Cima”?

Espero que sea una oportunidad para ayudar a las personas a pensar, a sentirse identificadas con la experiencia que se busca relatar en las canciones. Pensar más sobre qué es lo que estamos haciendo de nuestras vidas, cuál es el sentido de esta, qué es lo que hacemos por otros y finalmente, como concebimos a la existencia de una persona que nos ama más que nadie en el mundo. Por esto, yo personalmente, espero que la música pueda llegar a personas que están más alejadas de la fe y que esto las ayude a un reencuentro, pero ya veremos qué es lo que quiere Dios…

Puedes ver el trabajo de Julio Cañas en Facebook | YoutubeiTunes | Spotify

© 2015 – P. Sebastián Correa Ehlers para el Centro de Estudios Católicos – CEC

P. Sebastián Correa Ehlers

El P. Sebastián nació en Santiago de Chile en 1982. Desde muy joven se dedicó a la pintura y a la fotografía, habiendo realizado exposiciones de su trabajo en Perú y Chile. Ha publicado dos libros: "El Espíritu del Lugar. Naturaleza y arquitectura en Arequipa", estudio fotográfico sobre la arquitectura y cultura de algunos lugares del Perú; y "Suyajruna", que contiene el testimonio fotográfico y periodístico de 10 artistas populares del Perú, sobre sus orígenes, sus tradiciones, su arte y su religiosidad.
Realizó estudios de arquitectura en la Universidad de Chile, y de filosofía y teología en la facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.
En la actualidad es capellán de la Universidad Gabriela Mistral, miembro del Consejo Directivo de la Fundación CRECE CHILE y director general del Centro de Estudios Católicos CEC.

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