Nicolás Jouve es español y doctor en Ciencias Biológicas. Realizó estudios de postgrado en Cambridge y como investigador invitado en la Universidad de Columbia. Fue presidente de la Sociedad Española de Genética. Su labor científica está manifestada en ocho libros y en más de 200 publicaciones, la mayoría en revistas internacionales de su especialidad. Estuvo de paso por Lima invitado por la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo de Chiclayo que ofrece una Maestría de Bioética y Biojurídica en la capital peruana.

¿Cuáles son los avances de la Genética aplicada en la procreación de vida humana?

La genética ha determinado claramente cuál es el proceso que sigue a la fecundación: cuándo entra en funcionamiento el nuevo programa genético que se constituye con genes paternos y maternos en una combinación distinta. El embrión, si bien va adquiriendo una morfología como una especie de “conglomerado de células”, ya es una nueva vida humana. Y se ha dado a conocer qué genes entran en funcionamiento, cuándo dejan de hacerlo y en qué tejido. El desarrollo genético del embrión es un programa de actividades en el espacio y en el tiempo.

Quienes sostienen que la vida comienza en la concepción (fecundación) hablan de un estatuto ontológico, biológico y biojurídico del embrión. ¿A qué se refieren?

Se refieren a la necesidad de establecer argumentos que protejan la vida humana en las fases iniciales de la vida embrionaria y a refutar a quienes señalan que es tan solo una especie de “conglomerado de células”. Se trata de la misma vida y que debe estar considerada como persona y ser humano desde el primer instante.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos acaba de sentenciar que el embrión no puede ser entendido como persona y que la concepción debe ser entendida como implantación…

Que la concepción se entienda como implantación es un absurdo ontológico, antropológico y biológico, es decir, no tiene sentido. La concepción es lo que es: exactamente la fusión de unos núcleos gaméticos paterno y materno, que dan lugar a un nuevo ser, y eso es indiscutible. No se puede considerar equivalente concepción a implantación. La implantación ocurre después de una serie de etapas iniciales cuando el embrión, que ya ha empezado a dividirse, llega al endometrio, al útero y se implanta. Lo que hay antes y lo que hay después es el mismo ente, no hay uno anterior ni uno posterior. Si esto es así desde el punto de vista biológico, pues lo debe ser también desde el antropológico y desde cualquier otra consideración. La implantación es un elemento más, pero no es el elemento determinante entre lo que debe considerarse persona o no persona.

Según los que la llevan a cabo, la fecundación in vitro (FIV) es la respuesta a los padres que no pueden concebir, aunque su tasa de “éxito” no es tan buena como a veces se hace creer.

Desde un punto de vista de tecnología biomédica es probablemente un desastre, pues solo el 30% de las parejas que buscan tener un hijo por este medio, lo tendrán. Lo cual quiere decir que en un 70% las parejas se ven frustradas.

¿Aun así, cuáles serían las principales aristas en el plano bioético de la FIV?

Cuando surgió, la FIV era un método biomédico que buscaba solucionar la infertilidad. La intención es buena, el problema es lo que ha venido después: cuando se comenzó a producir embriones en el laboratorio y se empezó a verlos como objetos que uno puede crear o “producir”. Ahí surge la tentación de la selección de embriones y éstos dejan de verse como nuevas vidas. Por ejemplo, por sus características genéticas se hace un diagnóstico genético preimplantatorio (DGP) y se decide cuáles se implantan y cuáles no.

¿No termina siendo el DGP un método de descarte de vidas o de personas humanas “defectuosas”?

Evidentemente, sí. Cuando tú tienes la capacidad no solo de procrear esos embriones en laboratorios, sino además analizarlos con unas tecnologías bioquímicas para ver si presentan un síndrome de Down o cualquier otro, aplicar esta tecnología con la finalidad de descartarlos antes de la implantación no deja de ser una discriminación por razones genéticas y eso tiene un nombre: eugenesia.

Con respecto a los embriones que no se destinan a ser implantados en el útero de la madre de manera inmediata o nunca, ¿cuáles son los aspectos bioéticos a considerar?

Probablemente el más grave problema de la FIV es la acumulación de embriones que no se implantan y, quizá para tranquilizar conciencias, se crío-conservan. Pero la crío-conservación es muy traumática pues solo pueden ser revitalizados aproximadamente un 60% de los embriones. Los demás se pierden y son muchos. La viabilidad de los que sobreviven también es bastante menor: es un 60 o 70% como mucho respecto a los embriones que se implantan apenas concebidos. Además, muchos de esos embriones crío-conservados sufren modificaciones epigenéticas que dan lugar a ciertas enfermedades.

¿Podría explicar mejor a qué enfermedades se refiere? ¿No sólo se trataba del bajo peso al nacer?

Quizá el que nazca con bajo peso sea el menor de los problemas. El problema son las enfermedades importantes. Está el síndrome de Angelman que es un efecto epigenético que determina niños muy delgaditos con muy poca actividad; el de Beckwith-Wiedemann que afecta el sistema nervioso; o patologías de tipo cancerígeno infantil. Repito que son estadísticas, pero ya hay muchos estudios de pediatría al respecto. Hay uno muy serio hecho en más de 20 mil casos en Suecia y Dinamarca en donde se demuestra que estadísticamente es más alta la población de niños con estos problemas entre los que nacen de FIV, que entre los que nacen por fecundación natural.

¿A qué se deben estos defectos epigenéticos? ¿A la naturaleza de los gametos o al procedimiento FIV?

La epigenética es una de las ramas más dinámicas y lo que se está demostrando es que el desarrollo embrionario, y también el fetal, es fisiológicamente muy delicado. El ambiente que es el claustro materno no es reproducible artificialmente. Cualquier variación fisiológica en nutrientes, en hormonas, en temperaturas o en lo que sea, todos los elementos extraños a lo que es una fecundación natural pueden alterar la entrada de funcionamiento de genes de los que depende el desarrollo, de tal manera que pueden dejar de expresarse con la intensidad que lo deben hacer o pueden incluso sufrir lo que se llaman modificaciones bioquímicas.

En “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, aparece la clonación y los concebidos “a la carta”. ¿Qué tan cerca estamos de eso?

Del primero, lejos, porque la clonación humana es un fracaso. Y lo es no porque se haya intentado y no ha salido, sino porque creemos que ni siquiera se ha intentado. El único animal que se ha podido clonar próximo al hombre es un mono Rhesus y realmente después de miles de intentos, lo cual quiere decir que muy probablemente en el hombre debe ser muy difícil, sino imposible. En cuanto al otro tema, el de la posibilidad de los niños ‘a la carta’, ahí sí que la tecnología emergente del DGP nos permitirá escoger cuáles son los genes ‘deseables’ para hacer la selección.

© 2013 – Andrés Tapia Arbulú para el Centro de Estudios Católicos – CEC.
Entrevista al Dr. Nicolás Jouve y que apareció en el diario El Comercio de Lima el sábado 15 de junio de 2013.
 
 

Andrés Tapia Arbulú

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