¿Por qué brotó agua y sangre del costado de Jesús? Cuando un hombre era condenado a ser crucificado, era regla no dejar los cuerpos en las cruces durante la noche. En la crucifixión de Jesús, se hace más apremiante, ya que, al día siguiente era sábado y justamente el sábado de Pascua. Para acelerar la muerte a los inculpados que seguían vivos, se les rompía las piernas con una maza, para que no tuvieran como sostener su cuerpo y murieran de asfixia.

En el caso de Jesús no fue necesario, porque ya estaba muerto. Sin embargo, un soldado para asegurarse, le atravesó con la lanza el costado, del que fluyeron agua y sangre. Así se cumplió la profecía de Zacarías 12,10: “Me mirarán a mí, a quien traspasaron”.

Pero entonces, ¿qué fue lo que sucedió? Lo normal es que un cuerpo muerto no sangre. En consecuencia, el cuerpo de Jesús ya tenía un derrame interior. El médico James Thompson cree que Jesús no murió por agotamiento, ni por los golpes, ni por las 3 horas de crucifixión, sino que murió por las terribles experiencias físicas y emocionales que literalmente le produjeron el rompimiento del corazón. La sangre del corazón se mezcló con el líquido del pericardio que rodea el corazón. La lanza del soldado rompió el pericardio y brotó la mezcla de sangre y agua.

Jesús nos sorprende incluso hasta el final de su vida terrenal. Nos entrega todo: su Cuerpo, su Sangre, el agua de su vida que brota para la vida eterna desde su Sagrado Corazón.

¿Qué mayor muestra de amor necesitamos? Dios ha muerto de amor por ti y por mí.

 

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