Plaza-de-Armas-de-Lima¿Qué es el Perú? ¿Quiénes somos los peruanos? Los prolegómenos que anticipan la celebración del segundo centenario del Perú como nación independiente en el año 2021 invitan a reflexionar sobre los temas fundamentales de nuestra identidad y visión del futuro. Las respuestas a las interrogantes que encabezan este texto han constituido materia de considerables y encendidos debates, ensayos y tesis. Entre las más memorables, que tratan el tema orgánicamente, podemos citar “Peruanidad” de Víctor Andrés Belaúnde (1942); “Perú: Problema y Posibilidad”, de Jorge Basadre (1931 y 1978); y “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, de José Carlos Mariátegui (1928).

Ciertamente aquellos intentos de síntesis, encaminados a comprender la entraña de nuestra sociedad, sus valores y complejidades –cada uno elaborado desde diversas, e incluso, antinómicas, visiones ideológicas, pero unificadas en su amor a la patria– no agotan el dilatado espacio que plantea una interpretación del Perú, fruto de su milenaria historia cultural y síntesis de diversas razas, particularmente la andina, la hispánica y la negra.

La segunda década del siglo XXI encuentra a un Perú en pleno desarrollo. La geografía nos ha favorecido, procurándonos ricos recursos naturales y potencialidades insospechadas. La laboriosidad artística, técnica y creativa del peruano, asechado históricamente por estrecheces, destaca sobremanera. Sin embargo el sorprendente crecimiento económico descompasa con otros avances necesarios, como los culturales y educativos, y el conocimiento y valoración de nuestra identidad y pasado.

[pullquote]Los peruanos solemos colocarnos un poco de espaldas a nuestra historia, volviéndose dificultoso contestar a las interrogantes sobre nuestra identidad. Son preguntas esenciales para guiar nuestro caminar hacia el futuro. Estas “anotaciones” apresuradas sobre la historia y su comprensión buscan constituirse en un aporte a la necesaria reflexión sobre nuestra memoria común, la Peruanidad.[/pullquote]

La historia del Perú debe presentar a la persona como creadora de cultura, destacando su viva religiosidad, el impacto y el vencimiento heroico de la geografía, el encuentro entre las razas y naciones que dan origen a nuestra realidad mestiza, subrayando también la vocación continental que anima el devenir histórico de la nación.

cuscoKoricanchaAquella vocación integradora surge, primeramente, del impulso civilizador del antiguo Perú, cuya cúspide se alcanza en el Imperio inca del Tahuantinsuyo. Entre los siglos XV y XVI la ecumene incaica extendió su cultura, religión y tecnología en el mundo andino, en osados desplazamientos allende las fronteras cuzqueñas.

El estudio del pasado andino constituye un reto apasionante. Hacemos nuestra la reflexión del historiador José Agustín de la Puente y Candamo: “Sin lo andino no existe el Perú (…) El mundo andino creó una civilización original, una de las pocas civilizaciones en la historia del mundo que se hizo sola, sin modelo, sin ejemplo que imitar” (Reflexiones sobre la Identidad Nacional en Persona y Cultura, N. 4, p. 30).

[pullquote]Sin embargo, el Tahuantinsuyo no es el Perú. La nación peruana surge posteriormente, en circunstancias dramáticas y complejas, cuando la unidad incaica se quiebra con el arribo de los españoles, brotando una nueva identidad sobre la base del Incario y de la civilización cristiana aportada por los conquistadores.[/pullquote]

La vocación continental adquiere una dimensión novedosa y universal a partir del hecho fundamental del arribo de la Cruz al continente Americano. Con el encuentro de diversos pueblos, reunidos en la dinámica de la Evangelización Constituyente, surge una nueva identidad, el Perú. A partir de esta novedosa formulación cultural ocurre una síntesis mestiza y latinoamericana. De manera progresiva va germinando algo nuevo y distintivo, en un esfuerzo en el que participa el indio, el español y el negro, aportando cada uno su acervo cultural, inédita creación que es una síntesis viviente, a la vez dolorosa y fructífera.

Este esfuerzo colectivo no puede esconder los abusos e injusticias cometidas contra los indígenas, denunciadas y combatidas por misioneros, clérigos y autoridades laicas, indígenas como españolas. Las protestas latinoamericanas obligaron a la Corona hispana a legislar a favor de sus nuevos ciudadanos, de acuerdo con los principios del derecho natural y la ley de Dios.

Estas disputas no solamente ocuparon a los eruditos y juristas, sino que constituyeron un problema para las conciencias. Sus repercusiones tenían enorme importancia, porque las respuestas para los diversos problemas debían transformarse en actitudes vividas, aun para el más apartado guerrero, colono y misionero español en el Nuevo Mundo.

independenciaEn esta realidad la fe católica cumple la función de amalgamar la nacionalidad, aportando la novedad salvífica para los indígenas y el consuelo esperanzado y sustento espiritual para los peruanos. La Iglesia desempeña un papel esencial en la educación, la evangelización de la cultura y la lucha por la justicia. Sus misioneros aprenden las lenguas nativas y estudian las antiguas civilizaciones. Entre los investigadores del Perú podemos mencionar a los jesuitas José de Acosta (1539-1600), redactor de las fundamentales “Historia natural y moral de las Indias” y “De Procuranda Indorum Salute”, y a Bernabé Cobo (1582-1657), autor de “Historia del Nuevo Mundo”.

[pullquote]El peruanista Víctor Andrés Belaúnde manifiesta que “el catolicismo está en las raíces y en la cumbre de nuestra nacionalidad. La envuelve y mantiene nuestra alma colectiva” (La Realidad Nacional).[/pullquote]

La autoconciencia de lo “peruano” avanza a través de los siglos virreinales, hasta alcanzar un momento de particular lucidez cuando la metrópoli española se hace “extranjera” a los ojos y sentimientos de los peruanos. Con la Emancipación ocurre un proceso de afirmación de la identidad americana y nacional. Los peruanos toman conciencia de que no son españoles. En palabras del Precursor Juan Pablo Viscardo y Guzmán: “España (es) un país que nos es extranjero” (Carta a los Españoles Americanos, 1791). Algunas mentes fueron captando la madurez del espíritu, ya americano, ya peruano, y a través de un proceso lento, se adhirieron al deseo de vivir una vida colectiva y autónoma, que se concreta en las heroicas gestas independentistas de Tupac Amaru, los próceres y precursores, y los combates de los Libertadores entre los años 1821 a 1824.

La nueva dimensión independiente deja irresueltos diversos problemas que lastran el desarrollo nacional y la búsqueda del bien común. Belaúnde mencionaba en su obra “Meditaciones Peruanas” (1912) las siguientes dificultades, pienso, aún vigentes: incoherencia, rencores, ironía, ignorancia, decoratismo, pobreza sentimental y la crisis moral de la clase dirigente.

En su libro “La Realidad Nacional” (1931), una viva polémica con José Carlos Mariátegui, expuso otras fragilidades: las bases económicas, la desintegración racial, conflictos de tierras, la instrucción pública, regionalismo y centralismo, el problema religioso, el problema político y el problema económico-social.

peru_flag_detailAlcanzado el siglo XXI la forja de la nacionalidad peruana se presenta como un proceso dinámico que continúa su marcha. Los momentos de mayor ruptura ocurren cuando se pierde de vista aquello que cimenta la unidad nacional, al desconocerse la historia, o se intenta privilegiar alguna parte fragmentada de ella. La constitución de la Peruanidad no puede lograrse sin contemplar la totalidad de nuestra condición mestiza, costeña, andina y amazónica, con todos sus matices.

La reflexión sobre la realidad nacional debe buscar la mayor objetividad: ni las visiones idealizadas de un pasado inexistente, ni los juicios fatalistas y catastróficos ante nuestros errores y deficiencias. El historiador Jorge Basadre procuró afirmar aquella perspectiva equilibrada, que vislumbra la fe en el futuro: “La experiencia republicana abundó en dificultades, anacronismos, errores y tremendos contrastes (…) Sin embargo, este suelo no tuvo el abominable privilegio de dar a luz únicamente bribones y malvados. Nuestra historia no es tan sólo ‘el muladar de más de un siglo’. Dentro de una relatividad de la época y del medio, vinieron avances junto a retrocesos y estagnaciones, hubo cumbres aliado de abismos” (Mentira o factibilidad del Perú).

Intentado responder a las interrogantes iniciales, planteadas en estas “Anotaciones”, permítaseme recoger una reflexión del Precursor José Baquíjano y Carrillo: “(Los peruanos), verdaderos amantes de la patria, proclaman trabajar en el bien común; quieren promover la ilustración y las glorias de este Reino, cuyo amor hemos elegido por carácter (…) Quieren descubrir a todo el mundo las maravillas de estas tierras; sin tolerar que se mire a este país como una colonia aislada y triste” (Ver Disertación Histórica y Política sobre el Comercio del Perú, en Mercurio Peruano, tomo I, Nº 23-31).

[pullquote]Las palabras de Baquíjano y Carrillo resuenan con gran modernidad y frescura cuando los peruanos del siglo XXI estamos en un proceso de revalorar nuestra nacionalidad con base en nuestra cultura, a nuestro arte, a nuestra música, a nuestra producción agrícola y portentosa biodiversidad, a nuestros paisajes y monumentos, y a nuestra cultura culinaria.[/pullquote]

El estrecho marchamo de las ideologías antepuestas a la persona y su destino trascendental ha generado inmensos daños y divisiones entre los peruanos. Las lecciones aprendidas deben acercarnos a reconocer cual es nuestro sustrato nacional, aquello que nos reconcilia por encima de toda dificultad y diferencia.

Es vital comprender cuál es la base de nuestra identidad cultural. En aquella búsqueda común, la nación requiere valorar sus raíces andinas, hispanas, negras, europeas u orientales, gestadoras de lo peruano en una síntesis que es permanente y viviente. Se trata de los principios fundantes de nuestra nacionalidad, sustentados en las enseñanzas extraídas de la Buena Nueva del Evangelio e íntimamente inculturadas en nuestra historia por acción de incontables héroes, santos y ciudadanos de a pie, que amaron profundamente la Peruanidad. Precisamente aquel es el tesoro nacional que debemos atesorar y compartir con el mundo, respondiendo a nuestra vocación continental.

Corresponde a los modernos peruanos proseguir la obra de nuestros “padres” para continuar con la tarea inacabada que es el Perú, “un país en permanente trance de descubrimiento”, como afirmaba el historiador Jorge Guillermo Leguía. Aquella es nuestra tarea.

© 2012 – Alfredo Garland B. para el Centro de Estudios Católicos – CEC

 

 

Alfredo Garland Barrón

Alfredo luego de seguir estudios de Filosofía y Derecho, se ha dedicado al periodismo. Ha publicado numerosos artículos en revistas latinoamericanas, y también cuenta con varios libros publicados.Sus investigaciones están focalizadas a temas sobre la cultura en general, la filosofía, la vida eclesial, y diversos temas existenciales y de actualidad que buscan responder a las preguntas fundamentales de los hombres de hoy.

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